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Escocia resiste al canto de orgullo de Samoa y se mete en cuartos

El ‘XV del Cardo’ supera los méritos del cuadro oceánico en un encuentro genial (36-33)

Los jugadores de Escocia celebran su segundo ensayo ante Samoa. Ampliar foto
Los jugadores de Escocia celebran su segundo ensayo ante Samoa. REUTERS

Escocia encontró al sur de su frontera la gloria de tiempos mejores, esquiva en este siglo sin nuevos trofeos en sus vitrinas. Decenas de miles de escoceses convirtieron Newcastle en una segunda Edimburgo, falda y gaita en mano, para un encuentro genial ante la aguerrida Samoa. Sin esperanzas de clasificación, la selección oceánica llevó al límite a su rival, llámese anfitrión. La atmósfera que lograron generar sus fieles salvó del calvario al XV del Cardo, que habría dejado a Japón su puesto en cuartos de ser derrotado. Tal fue el honor que cosecharon los samoanos en la derrota que escenificaron a sus contados seguidores su danza de guerra, la Siva Tau, cuando los vencedores ya habían dejado desiertos su asientos en St James’ Park

Tras sus paupérrimas actuaciones ante Sudáfrica y Japón, los samoanos se ganaron la redención con mayúsculas en una mayúscula media hora inicial. Su apuesta vertical, alimentada por sus abrumadores centros, invalidó el orden escocés a base de rupturas abrumadoras por cualquier resquicio de césped. Con 12 a la espalda, Reynold Lee-Lo, una promesa convertida en presente, fue toda una pesadilla para la retaguardia escocesa, incapaz de contener su potencia. Pieza decisiva en los dos primeros ensayos de su equipo y autor del tercero, el centro de los Cardiff Blues galeses lideró cada carga. No desmereció su pareja, George Pisi, autor de un placaje imponente.

Y aun así, tras haber anotado tres veces en un suspiro, Samoa pagaba su lado oscuro, el de la imprudencia. No lograban alejar al rival a más de una anotación por ese riesgo infinito, el de jugar a la mano en su propia línea de cinco metros. Escocia, buena inversora del error ajeno, lo aprovechó y Tommy Seymour birló el oval sin perder nunca la coordinación. El XV del Cardo salvó un momento crítico gracias a la conquista de su maul, concretada por John Hardie, y al compás de Greig Laidlaw en los tiros a palos.

Herida cada vez que sus prodigiosos trazos se emborronaban, la reacción de Samoa a cada punto escocés era un grito incontenible. Sus extremos anímicos convirtieron el primer tiempo en un carrusel demencial. Llegar a 22 rival parecía un simple trámite, y pudieron ampliar la cuenta si el jugador que apartó a Laidlaw para ensayar no hubiera llegado de fuera de juego. Mucho se hablaba de la dureza de Samoa, pero fue Escocia la que perdió los nervios, rozando el punto de no retorno en un pistón de Ryan Wilson cerca de la cabeza del rival. Su bota solo impacto en el brazo, y eso le permitió escaparse con la amarilla.

Tras resistir al caos, Escocia logró devolver la contienda al terreno de lo previsible. Samoa se dejó la disciplina en el vestuario y los golpes de castigo por no liberar al placado se convirtieron en rutina. Demasiadas balas para un XV del Cardo que tuvo margen de sobra para acertar y equivocarse; para canjear las faltas por puntos o para buscar sin éxito el ensayo. Tras la sangría de la primera parte, Laidlaw había anotado los seis puntos de Escocia en la reanudación (29-26), también había fallados dos tiros asequibles para él. Su equipo abandonó entonces los matices en busca de martillear una y otra vez a Samoa junto a su última guarnición. Cayó finalmente la resistencia y Laidlaw se coló en la zona de marca aprovechando el desorden tras una melé.

A Samoa siempre le quedaban las genialidades, como la kilométrica patada a seguir de su ala Autagavaia, capaz de la heroicidad de alcanzar el oval en la lejanía pero no de completar la aparente rutina de cedérselo al compañero. Murieron con honor, acortando el déficit a solo tres puntos con el ensayo de su delantero Matu’u. Quedaba poco más de un minuto cuando Escocia puso el balón en juego para no volver a cederlo; fase a fase, y sus fieles celebraban felices la cuenta atrás hasta el minuto 80. Y en ese instante, antes siquiera de que Laidlaw cerrara el triunfo pateando a banda, llegó el estruendo de gloria. Les espera en cuartos de final Australia: el Flower of Scotland también retumbará Twickenham

Australia, primera de grupo tras vencer a Gales (15-6)

George North, de Gales, intenta anotar un ensayo.
George North, de Gales, intenta anotar un ensayo. EFE

L. J. G., Newcastle

Los Wallabies aguantaron estoicamente los siete minutos que estuvieron con dos jugadores menos y vencieron a Gales en el encuentro por el primer puesto del grupo A. Australia, que reservó a David Pocock en el tramo final, se medirá a Escocia el próximo domingo a las 17.00 en Twickenham. Gales, que le ahorró los últimos diez minutos al apertura Dan Biggar, se medirá a Sudáfrica en el estadio londinense (sábado 17.00). El ganador de este último encuentro se enfrentará en semis al vencedor del cruce de Nueva Zelanda, ante Francia o Irlanda.

Las defensas decidieron un partido sin ensayos. Tras una primera parte pareja, Australia estiró el marcador con el cuarto golpe convertido por Foley (12-6). Entonces llegó la embestida galesa, incapaz de anotar pese a tirarse casi diez minutos en la línea de cinco metros de los australianos, mermados por las amarillas a Will Genia (por cortar un saque rápido) y Dean Mumm (interferencia en un saque de touch).

Fue entonces cuando Australia decidió relevar a Pocock de cara al partido de cuartos. Pese a la ausencia de su dominador tercera línea, sobrevivieron con mérito los Wallabies, esforzados en cada placaje, sólidos en la melé pese a la inferioridad. Sin el toque de creatividad necesario, acabó llegando el error galés, que llegó a encajar tres puntos con uno más a diez minutos del final, fijando el marcador definitivo. Ahí enterró las armas el técnico galés Warren Gatland, que relevó a Biggar. Sus compañeros vieron cómo el rival gastaba las últimas fases y se llevaba su cuarta victoria en cuatro partidos.

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