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El Barça llega volando a la final

Doellman, Satoransky y un festival de triples abruman a Gran Canaria fuera de onda (60-88)

Báez trata de zafarse de Doellman. Ampliar foto
Báez trata de zafarse de Doellman. EFE

El Barcelona se plantó en la final de la Supercopa a una velocidad supersónica. Ventiló su contienda con el Gran Canaria (60-88) en un abrir y cerrar de ojos. De la mano de Doellman y Satoransky marcó diferencias en el segundo cuarto. Prosiguió su festival de triples en el tercer acto y se hizo ya dueño y señor de la cancha con un parcial tremebundo: 15-30. Xavi Pascual ha dado acomodo hasta a siete nuevos jugadores en su intento de romper la hegemonía del Real Madrid. En los albores de la temporada, sin embargo, fueron los veteranos los que llevaron la voz cantante.

GRAN CANARIA, 60; BARCELONA, 88

Herbalife Gran Canaria: Pangos (13), Salin (10), Rabaseda (1), Báez (7), Savané (12) –equipo inicial-; Oliver (2), Newley (4), Paulí (0), Omic (8), Kuric (2) y Aguilar (1).

Barcelona Lassa: Satoransky (11), Pau Ribas (9), Abrines (10), Doellman (14), Lawal (0) –equipo inicial-; Vezenkov (0), Eriksson (16), Diagné (4), Oleson (8), Arroyo (7), Perperoglou (2) y Tomic (7).

Parciales: 13-16, 19-25, 15-30 y 13-17.

Árbitros: García, Conde y Peruga. Señalaron una falta técnica a Pau Ribas.

Martín Carpena de Málaga. Unos 9.000 espectadores.

El Gran Canaria no logró atar a Satoransky, a pesar de que el canadiense Pangos mostró buenas maneras, especialmente en ataque. Pero el base checo le saca 16 centímetros y le supera ampliamente en experiencia al jugador proveniente de la Universidad de Gonzaga. Doellman desarboló igualmente al dominicano Eulis Báez. Tomic y Oleson también superaron a sus parejas de baile. Y la defensa grancanaria quedó hecha añicos, zarandeada por la rapidez de las combinaciones ofensivas blaugrana y la puntería de sus cañoneros, que llegaron a superar el 52% en los triples y acabaron con un 14 de 30. La ventaja del Barcelona creció de tal forma en el tercer cuarto (39-69), que el último acto resultó un mero expediente sin relevancia alguna para el desenlace.

Habrá que esperar a situaciones más exigentes para calibrar mejor la consistencia de las aportaciones del búlgaro Vezenkov, que sumó muy pronto dos faltas, del griego Perperoglou, que desempeñó un papel secundario, o del jamaicano Samuels, que al igual que Navarro no está recuperado de una lesión y no entró en la lista de jugadores disponibles.

Tampoco se pueden extraer muchas conclusiones del quehacer del senegalés Diagné, inadvertido en los minutos que estuvo en cancha, e incluso del nigeriano Lawal, la única novedad en el quinteto inicial que dispuso Xavi Pascual, ocupando, de salida, el puesto de Tomic. De Arroyo, a sus 38 años, ya se sabía lo que más o menos dejó ver en Málaga. Quien sí dejó sello en el partido fue el sueco Eriksson, autor de tres triples, impecable en su quehacer ofensivo con 16 puntos, muy superior al finlandés Salin. Resultó una actuación reconfortante para Eriksson, cuando se cumple un año de la grave lesión que sufrió en un partido ante el Baskonia. El Barcelona disputará su séptima final de la Supercopa consecutiva, las tres últimas las perdió ante el Real Madrid.

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