La evolución futbolística del Barcelona de Luis Enrique

El técnico ha sabido mezclar sus propias ideas con conceptos futbolísticos del ADN azulgrana para completar un curso fantástico e igualar los éxitos iniciales de Guardiola

Luis Enrique celebra un gol
Luis Enrique celebra un golDylan Martinez (REUTERS)

El Barça de Guardiola, laureado con dos Champions y un estilo de juego reconocible, era el espejo del universo fútbol. Asumió el técnico conceptos cruyffistas como la salida limpia del esférico desde atrás, el despliegue por los costados y la multiplicación de opciones de pase para mantener la posesión. Y en su propia evolución, concluyó que el juego es de los medios, que ellos se repartían el esférico para dar la pausa o la agitación al duelo. Así se expresó el Barça de 2011, último campeón azulgrana de la Champions sobre el Manchester United (3-1). También ejecutaba con acierto el acoso alto, y hacía girar el fútbol alrededor de Xavi, santo y seña. Pasados los años, el equipo mantiene las raíces, pero hay matices y diferencias que se focalizan en Messi. Habilidad del entrenador Luis Enrique, que no sólo ha sabido reconducir su relación con Leo y sus compinches de línea, sino que también ha logrado mezclar el fútbol heráldico del Barcelona con sus propias ideas. “Luis Enrique va a triunfar, hace falta tiempo”, esgrimió el propio Guardiola al inicio de la temporada. Y el tiempo les ha dado la razón.

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Luis Enrique comenzó el curso con una premisa que solicitó sin éxito el Tata Martino: la presión en campo ajeno. Así, Messi, Pedro y Neymar recuperaron el sprint defensivo. Ocurrió, sin embargo, que a Luis Enrique no le importaba que su equipo lanzara de vez en cuando un pelotazo. “Si el problema está atrás porque nos están atosigando, hay que llevar el balón arriba para evitar el problema”, cuentan desde el vestuario que les dijo el entrenador. Una teoría que chocaba con el ADN azulgrana, sobre todo porque con Guardiola estaba prohibido restar de intención al pase. Pero Luis Enrique pasó de echar la bronca a Bartra en el primer partido de pretemporada ante el Recreativo por enredarse en un pase, a elogiar que su equipo no tirara ningún pelotazo en los últimos encuentros, asentados los mecanismos de la salida de la pelota. Algo que no ha resultado fácil porque mientras que con Guardiola los medios debían bajar a recibir, con Luis Enrique deben quedarse en paralelo sobre su línea y en diagonal con el balón para agilizar el ritmo. No es el único cambio.

Hasta que llegó Luis Suárez; hasta que Messi le pidió a Luis Enrique ponerse de nuevo en el costado; hasta que encajaron las piezas

No era raro que en los primeros partidos los extremos se encontraran por los pasillos interiores porque el técnico les demandaba juntarse para descomponer a las zagas rivales con sus mezclas. Sucedió que a los contrarios les era fácil desarticular la estratagema porque superpoblaban el centro y dejaban libres los costados. “Le dijimos varias veces al mister que abriera a los extremos”, cuentan desde el vestuario. Y con el tiempo les hizo caso, hasta el punto de que no es raro ver a Neymar galopar por la izquierda y a Messi arrancar desde el carril derecho, por más que luego trace la diagonal o se mueva por donde quiera que por algo es el mejor del mundo. Y es el 10, precisamente, el mayor cambio entre este Barcelona y el del 2011.

Guardiola entendió en un clásico de 2009 que el argentino descascarillaría al Madrid actuando de falso punta. Ahí recibía con segundos y metros de ventaja porque los centrales no se atrevían a salir de sitio y porque los mediocentros se centraban en evitar las rupturas desde la segunda línea de los medios azulgrana. Por entonces, el eje sobre el que gravitaba el equipo era Xavi, que protegía el esférico con su famosa pelopina hasta que Messi levantaba la cabeza o la mano para reclamar el balón. Fue un equipo imparable hasta que los equipos rivales crearon la jaula, que consistía en coser a un mediocentro con el 10 y recibir las constantes ayudas de los centrales. Hasta que llegó Luis Suárez; hasta que Leo le pidió a Luis Enrique ponerse de nuevo en el costado porque el 9 remataba mejor que quebraba; hasta que Messi se convirtió en el nuevo eje de gravitación; hasta que encajaron de nuevo las piezas.

Con los medios poco protagonistas de inicio en la posesión, atados a no bajar y exigidos a conducir la pelota y presentarse cada dos por tres en el área opuesta, ahora sí que han recuperado el pase por bandera. Por lo que Luis Enrique ha dotado de recursos al Barcelona, que puede jugar a la contra, con fútbol de posición o, en una novedad, exprimir una deficiencia histórica como las jugadas de estrategia tanto en ataque como en defensa.

Dos Barças. De Xavi a Messi. De Guardiola a Luis Enrique.

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