Messi, la mejor de las palancas

El azulgrana desequilibra la final de Champions con sus cambios de orientación y eslálones

Messi controla el balón ante cuatro rivales.
Messi controla el balón ante cuatro rivales.Dylan Martinez (REUTERS)

Hace tiempo que Messi se guía por su olfato para leer los partidos. Como anoche. Primero jugó lejos de la portería para actuar de quarterback con sus cambios de orientación y después tiró del eslalon para asumir el protagonismo que se le reclama. No hizo gol, pero sí que validó los tres de su equipo, la mejor de las palancas.

Ter Stegen. No le exigieron apenas con las manos, más allá de disparos lejanos que meció sin apuros y ese de Tévez que luego Morata convirtió en gol. Se subrayó con el juego de pies, excelente para dar salida al juego.

Buffon. Empezó el duelo con un mazazo, pero, veterano como es, se recompuso de forma magistral con paradas de mérito sobre Neymar y sobre todo ante Alves, que le pilló a contrapié pero se corrigió con una manopla prodigiosa, y ante Luis Suárez, con una estirada excepcional al palo corto. Nada pudo hacer en el segundo gol.

Alves y Alba. No sufrieron demasiado en defensa, por lo que mostraron su versión más dañina: la ofensiva. El brasileño jugó por momentos de interior y le faltó un pelo para festejar su gol; y Alba rompió desde atrás para participar en el tanto de Rakitic.

Lichtsteiner y Evra. Cautelosos, concedieron a Neymar y Messi un metro de más para que no les sacaran los colores en las carreras por la banda. Pero desistieron en las diagonales rivales, lo que generó superioridades azulgrana en los pasillos interiores. Funcionaron mejor en campo contrario.

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Piqué. Se midió con Tévez y salió airoso. No perdió ninguna carrera, no palideció con ningún pase a sus espaldas y sobre todo fue de lo más contundente en los balones laterales que alcanzaban el área. Tuvo un gol, pero se le fue alto al pegarle con el alma.

Bonucci y Barzagli. Sudaron de lo lindo para atar en corto a Luis Suárez, que les comprometió con carreras a sus espaldas y con los desplazamientos laterales.

Mascherano. Empezó con una pérdida que provocó el disparo de Vidal y un resbalón que concedió un córner. Se cambió las botas con el gol de Rakitic y se serenó, incluso en la salida del balón.

Busquets. Se bastó para cerrar las líneas de pase, recuperar balones y repartir juego, sólo superado en el cuarto de hora de efervescencia rival. Todo un espectáculo.

Pirlo. Estuvo, pero no se sabe si jugó. La velocidad del Barcelona en el toque y el acoso innegociable tras la pérdida difuminaron al cerebro del Juventus.

Rakitic e Iniesta. Las idas y venidas encontraron una frontera estupenda en sus cuatro botas. Jugaron casi siempre de primeras, apenas perdieron balones y conectaron con facilidad con la delantera. Y entre ellos resolvieron la jugada del gol: Iniesta recortó en el área y pasó cuando podía chutar, suficiente para descolocar a Buffon y para que Rakitic embocara.

Pogba y Marchisio.No participaron demasiado, pero originaron peligro con el balón en los pies: las conducciones del francés descontaban rivales; los pases del italiano eran veneno. También se expresaron con disparos lejanos, torcidos o sin mordiente.

Luis Suárez no paró de ofrecerse, de buscar diagonales, conforme con la batalla frente a los centrales

Vidal. Acelerado a más no poder, debió ser expulsado por una tarjeta que no vio sobre Iniesta y por otra que sí le enseñó el colegiado sobre Busquets. Corrió sin parar, pero resultó más importante en defensa que en el área opuesta.

Luis Suárez. No paró de ofrecerse, de buscar diagonales, conforme con la batalla frente a los centrales. Y cuando le llegó el pase definitivo, Buffon le dio la réplica con dos paradas de arrea. Hasta que recogió el rechazo tras el chut de Messi y solventó la final.

Morata y Tévez. Solidarios, se desgastaron en una excepcional tarea defensiva y en la presión alta. También fueron ácido puro con el balón controlado. Como en esa que se revolvió Tévez dentro del área, paró Ter Stegen y completó Morata, todo un peligro.

Neymar. Quiso ser protagonista con quiebros y carreras. Participó en el gol de Rakitic, probó algún disparo sin enfocar portería y en la última jugada del partido le llegó el premio que buscaba: un pase en profundidad de Messi, una carrera y una definición.

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