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El fútbol son unas frases

Mario Suárez e Isco durante el derbi.
Mario Suárez e Isco durante el derbi.S. Pérez / REUTERS

En su cuarta cerveza, el periodista Rafa Méndez se separó un palmo de la barra, para no extraviarse, y dijo con aplomo: “El Atlético ganó 0-0”. Lástima que en el bar El Tercer no hubiese pianista, porque habría dejado de tocar. Los que estábamos a su lado nos volvimos hacia la frase, a tiempo de ver cómo se alejaba en tacones fatales. Tres horas antes, en el Vicente Calderón, Rafa y yo apenas habíamos articulado resoplidos, entre grandes sufrimientos, pero aquella frase nos desagravió. El jefe de sección de Deportes, que acababa de llegar al bar, la estudió con nostalgia y rabia, apretando los puños, y todos notamos que por dentro pensaba “cómo pudo escapársenos ese titular”. En fútbol, a veces, todo se reduce a una frase maravillosa, que rara vez encuentras, y que debes suplir con un juego al primer toque y un par goles. El fútbol es para leer y escribir, aunque cuando no es posible, porque no se dan las condiciones, hay que bajar al vestuario, calentar, y en última instancia jugar. Pero de entrada, el fútbol son unas frases. Y no sólo el fútbol. Hace dos años, en A Mezquita (Ourense), un tipo atracó un banco sin usar armas, sólo con gestos y un par de frases que doblegaron la voluntad del empleado, quien le soltó 20.000 euros sin discutir. “¿Qué le diría?”, se estuvieron preguntando los vecinos durante varios días.

“El Atlético ganó 0-0” suena a tocata y fuga en fa mayor. Hay partidos aciagos de los que sales vivo, sin parar de reírte

Después del partido del Atlético en Leverkusen, donde el equipo de Simeone perdió por la mínima, un amigo dijo que se trataba de “un resultado tan malo, tan malo, tan malo, que casi es bueno”, pues en realidad se pudo perder por cinco. La frase me infundió esperanzas, y a la postre se superó la eliminatoria en los penaltis. Contra el Real Madrid sucedió algo muy parecido, si bien distinto. Las ocasiones de gol ante la portería de Oblak resultaron de tanta crudeza y realismo, que empatar a cero supo a goleada colchonera. Pero había que decirlo bien, como Méndez. Carlo Ancelotti, que conoce la relevancia del lenguaje, apuntó maneras al afirmar que el empate sin goles “es el mejor de los peores resultados”. Una frase así cura la resaca. Pero “El Atlético ganó 0-0” suena a tocata y fuga en fa mayor para piano.

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Hay partidos aciagos de los que, incomprensiblemente, sales vivo, sin parar de reírte. Te cae encima la casa y ni siquiera se posa sobre ti el serrín. No tiene explicación, a menos, claro, que descubras una frase que imponga sentido donde no lo hay, decretando el milagro. De esta manera, un Atlético que estuvo muerto durante buena parte del encuentro, llegará la semana que viene al Bernabéu con la camisa limpia y planchada, después de que los rumores sobre su fallecimiento se debiesen a otra exageración madridista. Cuando finalizó la primera Guerra Mundial, y Julio Camba reanudó sus viajes por Europa, decidió que la mejor forma de tomar el pulso a la Inglaterra post-bélica era dirigiéndose a un bar. Ni a Buckingham, ni a Westminster, ni al British. Allí encontró una de las frases más bellas de nuestro columnismo, que resumen hasta qué punto después de algunas calamidades todo parece seguir como si nada: “Inglaterra sigue bebiendo”.

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