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“La mayor batalla es el presente”

Tras convertirse en el mejor en Melbourne, Djokovic busca el único grande que le falta (Roland Garros) y el oro olímpico. "Nadal es el gran favorito en París”, dice Nole

Djokovic, con el trofeo de campeón del Abierto de Australia, ayer en Melbourne. Ampliar foto
Djokovic, con el trofeo de campeón del Abierto de Australia, ayer en Melbourne. AFP

La escena recuerda a una reunión de alcohólicos anónimos, o al menos eso piensa Novak Djokovic. “Tengo un problema…”, se ríe el campeón del Abierto de Australia mientras se sienta formando un círculo con EL PAÍS y los representantes de tres periódicos más para analizar cómo la consecución de su octavo título grande le refuerza en su intento de acabar con las cuentas pendientes de su carrera. No hay un sitio en el que el número uno quiera brillar más que en Roland Garros, el reino de Rafael Nadal. Allí, este verano, el tenista serbio intentará conquistar el único trofeo que le falta para completar el Grand Slam, compuesto por las cuatro Copas más importantes. No es su único reto: en los Juegos de Río 2016, el primer hombre que gana cinco títulos australianos en la Era Abierta (desde 1968) buscará el oro olímpico.

“Mentiría si dijera que no estoy pensando en Roland Garros”, confiesa el número uno. “Afronto los retos que tengo por delante con corazón ligero, relajadamente, porque me ayuda a quitarme la presión que siento”, continúa. “Necesito plantar firmemente los pies en el presente, porque ese es el único momento al que puedo influir con mis acciones”, dice en referencia a las dos finales, tres semifinales y unos cuartos parisienses que ha perdido contra Nadal. “Lo pasado, pasado está. No se puede cambiar. Lo que pasará, está totalmente fuera de mi control. Eso es lo que me funciona en la pista”, subraya. “Todo el mundo pierde la concentración, pasa por crisis físicas o se distrae pensando en lo que habría pasado si, y si, y si… Mentalmente, estás siempre entre el pasado y el futuro, jugando con tu cabeza. Es la mayor batalla: quedarte en el presente”, añade el serbio, que atacará su gran objetivo de 2015 sabiendo que el español afronta la tarea de volver a ser el mismo tras un 2014 plagado de contratiempos.

En el horizonte no se vislumbra una cara nueva que le pueda poner en problemas

“¿Por qué he ganado todos los torneos en tierra menos ese? Primero, no he estado lejos de lograrlo. Segundo, se juega al mejor de cinco sets, en una superficie más lenta y más dura físicamente, lo que lo hace más difícil en términos de ganar a Nadal”, disecciona. “Todos los grandes van a ser impredecibles, excepto Roland Garros, donde Rafa es el favorito número uno. Creo que puedo dar el último paso”.

A los 27 años, Djokovic es hoy un hombre maduro que compite con el control emocional que le faltó en el arranque de su carrera. Ya coronado en la Copa Davis, el serbio espera que esa calma interior descubierta con la madurez le sirva para lograr su otro gran objetivo. Nole tiene los Juegos entre ceja y ceja. Él, que se toma muy a pecho la bandera, no ha disputado todavía la final olímpica. La cita, además, ha dejado dos de las fotografías más oscuras de su vida: a Djokovic fallando un remate franco para caer ante Nadal en las semifinales de los Juegos de 2008, y a Djokovic serrando sus raquetas, frustrado tras inclinarse en la lucha por el bronce en los de 2012.

Tenistas con más grandes

Roger Federer (Sui.), 17

Rafael Nadal, 14

Pete Sampras (EE UU), 14

Roy Emerson (Aust.), 12

Rod Laver (Aust.), 11

Bjorn Borg (Sue.), 11

Bill Tilden (EEUU), 10

Novak Djokovic (Serb.), 8

El número uno, que reivindicó la vigencia de los cuatro mejores (él, Federer, Nadal y Murray se han repartido 37 de los 41 últimos Grand Slam, 75 de los 90 Masters 1.000 desde 2005 y casi 300 millones), sabe que su lugar en la historia dependerá de cómo gestione las rivalidades de siempre y de su capacidad para limitar el impacto de Wawrinka (campeón en Australia 2014) o Cilic (Abierto de EEUU). Djokovic tiene 27 años. Solo Federer acumula más victorias que él contra el top-10 (183, por 130). Así, en el horizonte no se vislumbra todavía una cara nueva que le pueda poner en problemas. Es un Djokovic distinto, al que la paternidad ha ayudado a poner la pelota en perspectiva, contra los rivales de siempre y sus propias cuentas pendientes.

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