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“Correr el Maratón de Nueva York es hacer un viaje por el mundo”

Mary Wittenberg, directora de la mítica carrera, que este viernes recibe el Premio Príncipe de Asturias, destaca la universalidad de una prueba que han disputado un millón de personas

Mary Wittenberg, a la derecha, recibe a la keniana Priscah Jeptoo, primera mujer clasificada en la edición de 2013. Ampliar foto
Mary Wittenberg, a la derecha, recibe a la keniana Priscah Jeptoo, primera mujer clasificada en la edición de 2013. REUTERS

Mary Wittenberg (Nueva York, 52 años) comenzó a correr al cumplir los 22. Desde entonces ha cruzado la meta en cinco maratones, aunque prefiere las carreras de 5.000 y 10.000 metros. “En verdad, me da igual la distancia. Creo en correr por la vida, en correr como algo vital”, cuenta por teléfono desde Oviedo, donde este viernes recibe el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes como directora del Maratón de Nueva York.

Fue una sorpresa el pasado junio, cuando el jurado de los galardones premió el carácter internacional de esta histórica prueba, ganadora en las votaciones finales ante la nadadora Mireia Belmonte, la selección española femenina de waterpolo y la selección masculina de hockey sobre patines. Fue también una sorpresa para los propios miembros de New York Road Runners, la empresa que organiza el maratón, y cuya presidenta y directora ejecutiva es Wittenberg. “Habíamos oído hablar del premio, claro, pero no sabíamos que estábamos nominados. Estábamos reunidos todo el personal y de repente empezamos a recibir mensajes y correos de felicitaciones”.

El español Bernardo Hernández, miembro del jurado de los Premios de Investigación Científica, y que fue director mundial de márketing de Google, fue quien propuso al Maratón de Nueva York como candidato. Y la prueba fue escalando posiciones hasta imponerse entre 22 candidaturas de 13 nacionalidades diferentes, desde deportistas individuales a equipos y competiciones. “Simbolizamos todo lo bueno del espíritu humano”, explica Wittenberg, “la unión de los corredores de todo el mundo, de todas las personas que se entrenan y trabajan muchísimo para poder cumplir su sueño y correr por las calles de Nueva York”.

Simbolizamos todo lo buenos del espíritu humano, la unión de todos los corredores

¿Y qué le diferencia de otros maratones? “Su carácter mundial. Es el maratón que más corredores internacionales tiene. Correr el maratón de Nueva York es como hacer un viaje por el mundo, viajar de una parte a otra a través de las zapatillas de sus corredores. Cada corredor tiene su historia en Nueva York. Hemos alcanzado el millón de personas que han acabado el maratón. Eso significa un millón de historias. Una de mis preferidas es la de Edison Peña, uno de los mineros chilenos atrapados. Al salir de la mina, dijo que quería correr el maratón. Le respondieron que era imposible. Seis semanas después, lo consiguió. Nueva York es una historia de superación. Muchos piensan que no podrán acabar la carrera, pero lo hacen y es un gran logro personal. Hay personas que después de eso son capaces de lograr otros retos en sus vidas”.

Aunque es uno de los cinco grandes maratones del mundo, junto a Boston, Chicago, Londres y Berlín, el de Nueva York no es ni el más antiguo ni el que registra mejores marcas. Pero sí el más universal. “Quienes corren lo hacen para ganar, pero no para ser los más rápidos. No es una cuestión de batir récords, sino de correr por Nueva York”. Sobre si es posible bajar el listón de las dos horas en la carrera de los 42 kilómetros y 195 metros (el récord mundial es 2h 2m 57s, del keniano Dennis Kimetto), Wittenberg asiente: “Sí, en 10 años se romperá esa frontera”.

En 1970, 127 corredores pagaron un dólar por participar en una carrera alrededor de Central Park. Esa semilla ha germinado hasta la actualidad en una cita que el primer domingo de noviembre “eleva el orgullo de la ciudad” y con tal nivel de afluencia que exige un sistema de marcas mínimas y sorteos para participar. “Lo que nos impulsa es el impacto positivo del maratón. Los corredores recaudan 25 millones de dólares para programas benéficos. El impacto económico en la ciudad es de 340 millones de dólares, y la imagen de la ciudad llega a todo el mundo. Los neoyorquinos se muestran como ciudadanos amables y entusiastas”.

Wittenberg sonríe al recordar historias como la de Edison Peña. Pero recuerda también las tristes, como la cita después de los atentados del 11-S de 2001, y la suspensión de la prueba en 2012 tras el paso del huracán Sandy. “Ese fue el peor momento”, admite. El próximo 2 de noviembre acudirá con el premio que este viernes recibe en Asturias, un momento especial porque es el primero que entregará Felipe VI como rey. Un galardón especial para una prueba única.

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