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Casillas recupera el ángel

Las seis paradas del meta ante los balcánicos le devuelven confianza tras dos duros años

Casillas despeja el remate del macedonio Jahovic, Ampliar foto
Casillas despeja el remate del macedonio Jahovic, EFE

—“¿Por qué no quieres hablar, Iker? Hoy eres el protagonista”, inquirió un periodista a Casillas cuando los internacionales españoles del Real Madrid desembarcaron en un párking de la estación de Atocha de madrugada, después de sellar la victoria frente a Macedonia (5-1) en el Ciutat de València.

—“Siempre soy el protagonista”, le replicó el capitán de La Roja, constantemente bajo la lupa, poco antes de estampar un par de autógrafos y retratarse con unas aficionadas junto a su vehículo. “¡Venga, que es tarde!”, apremió con una sonrisa.

Desde hace casi dos años, ha resultado complicado adivinar una mueca de satisfacción en el rostro del capitán. Señalado, sus andares meditabundos y su hieratismo reflejan un periodo muy complicado para él. La suplencia a la que le relegó José Mourinho supuso una estacada en su carrera. Desde que el portugués le postró en el banquillo, las dudas y las críticas se han cernido sobre su figura. Por esa razón, la hilera de dientes que descubrió en el aparcamiento tiene un valor añadido.

Por más que el adversario fuese menor, el duelo frente a Macedonia tuvo un efecto balsámico en el guardameta, soberbio en una velada en la que el guion demandaba que los veteranos de la selección dieran un paso al frente. Y así lo hizo Casillas, fabuloso de nuevo bajo el marco, tótem de un equipo que precisa el oficio de la vieja guardia y los brotes de la nueva hornada para regenerarse.

Casillas estuvo inmenso. En contra de aquellas voces que aseguran que ha perdido el ángel, en Valencia exhibió un catálogo de recursos técnicos extraordinario. En su encuentro 157 con la selección —es el décimo jugador con más internacionalidades en la historia del fútbol—, el meta de Móstoles hizo seis paradas a los nueve disparos que recibió. Su porcentaje de acierto fue del 85%. Solo Ibraimi, desde el punto de penalti, logró franquear su silueta.

Casillas da instrucciones durante el duelo en Valencia. ampliar foto
Casillas da instrucciones durante el duelo en Valencia. AS

En cuatro de sus intervenciones, Casillas revivió esas viejas sensaciones que retrataban a un portero superdotado. Fue un póquer redentor. En la primera, voló para desviar a mano cambiada un latigazo de Ibraimi; después aguantó hasta el límite a Jahovic para repeler el cuero con el exterior de su botín izquierdo en una acción que evocó aquella majestuosa parada a Robben en Johannesburgo; amplió el recital al detener de cuclillas, con la rodilla derecha, una embestida de Trajkosvski; y coronó la faena con otra palomita hermosa, en la que tocó un balón combado que enfilaba la red con la yema de los dedos. Un repertorio espectacular.

El portero exhibió un catálogo de recursos técnicos extraordinario; acertó en el 85% de sus acciones

La noche en el Ciutat de València, el mismo escenario en el que portó por primera vez el brazalete de La Roja (en un pulso de 2004 frente a Escocia), el marco en el que hasta hace poco brillaba Keylor Navas, competidor suyo ahora en el Madrid, fue liberadora para él tras un verano agitado por su actuación en la final de la Champions y el Mundial. En Brasil hizo siete paradas en dos partidos; solo una más que en Valencia.

Repuesto, atrás quedan la salida en falso ante Godín en Lisboa o el gateo a los pies de Robben en Bahía. Recuperada la titularidad en el Madrid, el portero volvió a ser la muralla de la selección en una cita oportuna para recuperar la autoestima y esbozar de nuevo una sonrisa. Iker vuelve a volar.

VÍDEO: Las mejores paradas de Casillas contra Macedonia.

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