MUNDIAL 2014

Fútbol del revés

Ante la primera semifinal, Brasil apela al fervor y al estado febril de su hinchada, mientras Alemania se fija en la pelota

Scolari da instrucciones en un entrenamiento.
Scolari da instrucciones en un entrenamiento.Buda Mendes / Getty

Joachim Löw, seleccionador alemán, por ahora siempre templado, hizo ayer los honores al anfitrión: “No se puede desear nada más bonito que jugar contra Brasil”. Al instante, matizó que quizá haya algo aún mejor, como ganar la final. El primer placer lo tendrá este martes ante un adversario que apela más a lo emotivo y al estado febril de su hinchada que al juego del que se ha despegado en estos tiempos. Más sin Neymar, que primero puso a todo el país en duelo y a quien, a medida que se ha ido acercando la semifinal, se le ha querido convertir en el catalizador pasional, en el mártir de una causa que ahora hay que defender como nunca por lo racial. Scolari, el técnico brasileño, ya se ha encargado de acentuar el drama y propagar que, tras el rodillazo del colombiano Zúñiga, su estrella “no sentía las piernas”. El resto de sus muchachos sí que deberán sentirlas, porque el principal argumento de esta Canarinha es ganar por piernas.

El principal argumento de esta Canarinha es ganar por piernas

Si no se hace un regate final, todo apunta a que Scolari relevará a Neymar con Willian, un ligero centrocampista del Chelsea. Su entrada en el equipo titular sería como volante derecho, lo que llevaría a Oscar a una posición más centrada. En Brasil, el centro del campo es de hormigón, a veces ni sirve como atajo hacia el ataque. Es territorio de Fernandinho, Luiz Gustavo y Paulinho. Un poco más adelante, Neymar prendía las velas. La estadística revela que de los cuatro semifinalistas, Brasil es el equipo que menos pases da (1.938 por 3.095 de Alemania). Y nadie tiene más el balón que tres de sus zagueros: Marcelo, Thiago Silva —hoy baja por sanción— y Alves. Lo de la posesión es un asunto menor para Scolari. Desde 1966, cuando comenzó a medirse este aspecto del juego, el Brasil más desposeído fue el de 2002, con él al frente y el quinto título para la mochila. Entonces, sin demoras por la zona de gestación del juego, definían Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho. Hoy, Fred, Hulk y Jo.

Enfrente, Alemania, el otro gran coloso mundialista, un clásico que estaba de mudanza hacia una brasileñización. Rumbo al Brasil que acariciaba la menina, no esta versión nada refinada que la trata con crudeza. Frente al tonelaje brasileño, cabe esperar una respuesta más sosegada de los alemanes, aunque Löw ya dejó entrever contra Francia que Khedira y Klose, con los que el equipo gana talla pero pierde sutileza, aún tienen peso en su pizarra. Alemania necesita un éxito rotundo para despejar sus dudas. Su último gran triunfo remite a la Eurocopa del 96 y al Mundial del 90. Ninguno de los dos los ganó con brillantez. Las mejores alemanias fueron los precedentes. Las de Rahn y Fritz Walter, la Overath y Beckenbauer, la de Hoeness y Grabowski, la fugaz de Schuster… Luego el talento se tiró a la hamaca como líbero, de Beckenbauer a Matthaus, que se abrigaron con centrales de tres cuerpos y se dedicaron a deforestar las áreas. El viraje comenzó en 2006, pero como toda subversión necesita un sostén.

En el fútbol, el marcador es implacable. Por ello, para esta Alemania están en juego una idea y un título; para Brasil, solo el título. La metodología es cosa del pasado más brillante que haya existido. Para Scolari, eso es otra historia.

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