OPINIÓN
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Tiraba caños como si tuviera 20 años

Era un personaje de un gran temperamento. Pese a su condición de entrenador, se sentía un jugador y se metía a jugar picaditos. Siempre se sintió jugador

Di Stéfano, como entrenador del Valencia, en 1971.
Di Stéfano, como entrenador del Valencia, en 1971.fototeca elena

Lo tuve como entrenador en el Valencia. Tenía referencias suyas sin haberlo visto porque entonces él era muy conocido en Colombia y en España, no tanto en Argentina y la televisión en aquella época no era como ahora. Cuando me lo encontré en Valencia me dio una gran alegría. Lo pasamos muy bien. Era un personaje de un gran temperamento. Pese a su condición de entrenador, se sentía un jugador y se metía a jugar picaditos. Tiraba caños como si tuviera 20 años. Tenía un carácter muy fuerte. Hablaba el lunfardo, al revés y muy rápido, sobre todo cuando se enfadaba, y los muchachos del Valencia me decían:

—¿Qué ha dicho?

— Y yo qué sé, les respondía.

Ni yo entendía casi nada. Ganamos un poquito con él, la Recopa de Europa contra el Arsenal. Fue un partido muy malo. Me vino a buscar y me dijo: "Te tengo que sacrificar. Tienes que jugar de nueve (una posición que yo no jugaba desde hacía 10 años) para que te lleves a tres contrarios y así dos de los nuestros queden libres". No toqué la pelota y fallé el penalti de la tanda, pero él estaba contento: ganamos el título.

Hablaba en lunfardo a los muchachos cuando se enfadaba y no entendían nada

Don Alfredo estudiaba mucho los partidos y cuando se le ponía algo en la cabeza lo llevaba hasta la última consecuencia. Años después lo tuve de técnico en River Plate. Le ganamos la final a Ferro. Allí ya no hablaba en lunfardo porque le entendían. No lo había visto jugar, solo en los vídeos.

En Mestalla lo adoran. Hizo campeón de Liga al Valencia en 1971 y yo llegué al club en el 1976. Después, en 1987 logró el ascenso de Segunda División a Primera. Allí lo ganó todo y tiene a parte de su familia. Es una leyenda para la hinchada de Mestalla.

Recuerdo, hace unos años, en un homenaje a los goleadores históricos de la Liga en Bilbao. Nos fuimos luego a cenar y Alfredo habló durante horas. Me levanté de la mesa sobre la una de la madrugada y le pregunté si se venía a dormir.

"Yo me levantó a cualquier hora", respondió y él se quedó allí. A las siete de la mañana me levanté y él seguía sentado en el mismo sitio, charlando. Tenía una memoria impresionante: se acordaba de una jugada en un partido contra la Juve de hacía muchísimos años. Cuando venía a Madrid solía quedar con él para tomar café. Era una enciclopedia del fútbol. Adiós, maestro.

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