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Osasuna noquea al Almería

El conjunto andaluz reaccionó demasiado tarde ante los de Javi Gracia, que salen de los puestos de descenso

Los jugadores de Osasuna celebran el gol de Arribas. Ampliar foto
Los jugadores de Osasuna celebran el gol de Arribas. EFE

Reaccionó muy tarde el Almería, demasiado. Solo en los últimos 20 minutos dio la sensación de ser consciente de lo que se jugaba. Era un duelo directo por la permanencia ante Osasuna y los navarros, con más muescas en su revólver, le asestaron un golpe directo, que frustra en buena medida las posibilidades de salvación del equipo andaluz, que visitará el Santiago Bernabéu la próxima jornada. Osasuna fue mucho mejor durante una hora de partido, efectivo en ataque y en defensa, con Riera como estilete. El triunfo, balsámico, lo saca de la zona de descenso y supone vencer en una batalla importante. No obstante, la guerra por no descender deparará todavía muchos episodios.

El veterano Soriano anotó el gol del Almería y gozó de un remate de cabeza que pudo ser el empate. El triunfo siempre estuvo lejos de los andaluces, que encararon un partido decisivo con ansiedad, atenazados, con escasa soltura. Javi Gracia, el técnico que llevó al Almería a Primera la pasada temporada, encabezó una victoria que deja muy tocado a su exequipo. Osasuna, más acostumbrado a tanto vaivén, tiene los deberes hechos por el momento.

ALMERÍA, 1-OSASUNA, 2

Almería: Esteban; Rafita, Trujillo, Marcelo Silva (Azeez, m. 69), Mané; Verza, Corona (Barbosa, m. 69); Aleix Vidal, Soriano, Suso; y Óscar Díaz (Rodri, m. 60). No utilizados: Julián; Tébar, Nelson y Zongo.

Osasuna: Andrés; Marc Bertrán, Arribas, Flaño, Damià; Silva, Loé; Cejudo (Oier, m. 72), De las Cuevas (Lobato, m. 59), Roberto Torres; y Oriol Riera (Acuña, m. 83). No utilizados: Asier Riesgo; Joan Oriol, Puñal y Onwu.

Goles: 0-1. M. 19. Oriol Riera. 0-2. M. 32. Arribas. 1-2. M. 73. Soriano.

Árbitro: Mateu Lahoz. Expulsó a Rafita por doble amarilla (m. 93). Amonestó a Suso y Marc Bertrán.

Juegos del Mediterráneo. Unos 15.000 espectadores.

Dio la impresión de ser demasiado fácil para Osasuna. La trascendencia del encuentro, una final en las catacumbas de la clasificación, encogió al Almería, que se jugaba la vida y en pocas ocasiones dio la sensación de tenderle una trampa a su rival. Resultó extraña la falta de tensión del conjunto andaluz, acostumbrado a disputar finales cada jornada. Tierno en defensa, le costó carburar en el centro del campo, debido, especialmente, al mal día de Verza, que regresaba al equipo. Osasuna, tímido en los albores, se fue dando cuenta de que podía tener mucho más protagonismo en el encuentro.

Poco a poco, se hizo con el dominio del balón, enlazando jugadas con cierto criterio en busca del área andaluza. En el Almería, solo Suso intentaba algo, aunque demasiado ofuscado en hacer la guerra por su cuenta. Osasuna, además, cuenta con un factor importante que no tiene el Almería. Un delantero que hace goles, con instinto, que anotó su tanto número 11 en la Liga como lo hacen los buenos atacantes. Apareció de la nada en el área para remachar a puerta. Esteban ni la vio. Los jugadores del Almería pidieron fuera de juego, pero Mané habilitó a Riera en un toque poco ortodoxo de Cejudo. Un gol donde crujió la defensa andaluza, que echó de menos al sancionado Torsiglieri.

El tanto tranquilizó a los navarros, que acabaron gustándose en la primera mitad. Osasuna tocó con criterio, enlazó jugadas y anotó un segundo gol después de un balón parado muy mal defendido por Marcelo Silva. Arribas anotó de cabeza sin saltar. El equipo de Javi Gracia, que regresaba a la ciudad en la que logró el ascenso la temporada pasada, anotaba dos goles fuera de casa. Una auténtica proeza teniendo en cuenta su trayectoria a lo largo de la temporada.

El Almería, espeso y sin alma, no tenía más remedio que reaccionar si quería sacar algún fruto de un partido que tenía perdido. Dio un paso adelante y sometió a Osasuna, aunque el dominio fue más territorial que afectivo. Suso lo intentó y Andrés respondió con algunos apuros. El gaditano fue el único jugador capaz de alterar los ánimos de Osasuna.

Francisco se la jugó con los cambios y la apuesta dio vida al Almería. Justo después de que Lobato tuviera el 0-3, Mané se inventó un pase a lo Iniesta que Azeez remató como pudo. El rechace de Arribas le llegó a Soriano, que hizo el 1-2. El propio Soriano tuvo el empate en su cabeza. El Almería solo fue pujante en ese tramo final. Tuvo el empate cerca, pero acabó encajado una derrota dolorosa por haber concedido tanto cuando no debió.

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