Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Luto en el Barça

Cuanto más se ha alejado Messi del área más se ha distanciado el equipo del liderato

Messi durante el partido ante el Valencia CF Ampliar foto
Messi durante el partido ante el Valencia CF AP

La derrota ante el Valencia resulta aparentemente tan inexplicable como la dimisión de Rosell. Ambas son igual de inesperadas si se tiene en cuenta la demostración de fuerza del presidente antes de su salida y la exuberancia de los jugadores hasta que concedieron el empate para después ceder por 2-3. El equipo y el club van ahora de la mano en el Barça. No se sabe qué ha ocurrido y por tanto se desconocen las consecuencias de la doble derrota en el Camp Nou. Hay en cualquier caso un cierto temor a lo que pueda pasar, sobre todo porque se han producido por concesiones del propio barcelonismo más que por méritos de los rivales y se ignora si tienen remedio.

Hay un debate abierto sobre la continuidad de la directiva de Bartomeu. El consejo aspira a agotar su mandato y a presentar su candidatura a las elecciones de 2016. La mayoría de la oposición sostiene que sería mejor convocar los comicios para junio. Unos y otros no son ajenos al referéndum del 5 o 6 de abril sobre la remodelación del estadio. La poca asistencia a los partidos obliga a preguntarse por la relación de la afición con el equipo. No parece que solo sea cuestión de los horarios y la televisión sino que habría que medir el grado de desafecto o desinterés. “A veces parece que jugamos en campo contrario”, se queja Alves.

Cuanto más se ha alejado Messi del área más se ha distanciado el equipo del liderato

La directiva está tan legitimada para permanecer en el palco como justificado es que las distintas alternativas duden de la capacidad de la junta después de la espantada de Rosell. Ahora mismo es imposible dar con una solución mientras no se tenga un diagnóstico sobre lo sucedido. No se puede actuar como si no hubiera pasado nada. Ya pasó con el traspaso de poderes de Guardiola a Vilanova. A veces conviene guardar luto y actuar después con mayor perspectiva. No es fácil diagnosticar hoy el alcance de la caída del sábado después de un partido tan sorprendente.

Hay un debate abierto sobre la continuidad de la directiva de Bartomeu. El consejo aspira a agotar su mandato y a presentar su candidatura a las elecciones de 2016.

Aunque no emociona ni contagia pasión, el equipo es muy capaz de jugar bien. Así se apreció en la media hora inicial ante el Valencia. A favor de marcador, el Barça se confió en exceso y perdonó la vida a un contrario que le dio la vuelta al marcador sin remisión para el Barça. Los azulgrana no encontraron ningún recurso, convencional o singular, tampoco individual o colectivo, para revertir la situación y por contra afloraron al mismo tiempo los síntomas preocupantes de siempre cuando pierden un partido, personalizados en el entrenador, en Xavi y en Messi.

Xavi, el jugador que define el estilo, es sistemáticamente sustituido en la derrota, circunstancia que remite al viejo debate sobre el desgaste de los volantes y la necesidad de cambios estructurales. Messi marca las diferencias con sus goles porque tiene la calidad, el egoísmo y el instinto de los mejores definidores. No deja de ser curioso que cuanto más se ha alejado el 10 del área más se ha distanciado el Barça del liderato. El equipo generó con éxito un ecosistema para sobrevivir en ausencia del argentino y al regreso de Messi ha cedido cinco puntos en tres partidos. Y al sentido común de Martino con las rotaciones y buena gestión del plantel le ha faltado sorpresa en los cambios de futbolistas, y tácticos para variar el rumbo de los partidos. Falto de continuidad, el Barcelona no se corrige cuando debe defender las transiciones y la estrategia; cerrar las bandas y tapar los centros; disputar los balones divididos; descansar con la pelota; dominar las áreas.
Aunque no es una tragedia a estas alturas de temporada, tampoco se puede considerar un accidente, porque se repite la sintomatología cada vez que se escapa una victoria: no se funde una bombilla o deja de funcionar un interruptor sino que se va la luz. Hubo un momento en que por méritos del propio Barça ganar al Valencia pareció tan sencillo como fichar a Neymar sin discusiones por la buena mano de Rosell. Y al final no se dio ninguna de las dos cosas por culpa también del Barcelona. Habrá que saber los motivos para recuperar la confianza en el equipo, en el club, en el Barça.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información