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Un trampolín hacia Australia

Nadal ultima su preparación para el primer grande en Abu Dabi y Doha

Rafael Nadal en el torneo de Abu Dabi. Ampliar foto
Rafael Nadal en el torneo de Abu Dabi. AP

“Nosotros nos tenemos que parar” Pendiente del reloj, que marca el desgaste de los pulmones, los músculos y las articulaciones de su sobrino, Toni Nadal cierra un entrenamiento invernal en Manacor (Mallorca) con el que Rafael Nadal empieza a preparar lo que se le viene encima: una exhibición en Abu Dabi, el torneo de Doha (desde ayer) y, sobre todo, el Abierto de Australia (desde el 13 de enero). El número uno mundial reparte la pretemporada entre la melancolía que le provoca tener que viajar el 25 de diciembre y alejarse de la familia en las Navidades; las visitas del doctor Cotorro, que revisa sus rodillas; controlar la comida para no ganar kilos perjudiciales para los ligamentos rotulianos; y un plan de entrenamientos pensado para ir de menos a más camino de su gran objetivo de principios de curso, el Abierto de Australia. Tras cerrar un 2013 de ensueño, Nadal se sentó a pensar cómo prepararía 2014 y decidió que la mayor carga de entrenamientos, la parte más seria en cuanto a ritmo de juego, debía llegar en el extranjero, en plena competición, con Melbourne en el horizonte.

“Tengo que entrenarme bien en esas dos semanas y media”, le explicó a este diario sobre los últimos días de 2013 y los primeros de 2014, que le vieron ya enfrentarse contra las mejores raquetas en una exhibición y ahora en el primer torneo de la temporada. “Que eso me ayude a llegar bien preparado a Australia”, siguió. “Si no, desde la primera ronda me puedo ir fuera”, avisó sobre la cita de Melbourne. “Si llego bien preparado, sintiendo que juego bien, tengo menos dudas. Pero uno tiene que pensar que puede pasar, porque desde ese punto de vista uno puede aceptar más fácilmente lo que va pasando en el partido (si se pone difícil). Tengo dudas, pero eso no me quita la ilusión de intentar ganar”, cerró.

En Manacor, una cámara de vídeo preside el entrenamiento de Nadal, al que Toni le corrige los gestos técnicos. El aparato pertenece al junior que se ha desplazado desde el Club Internacional de tenis, en Majadahonda (Madrid) para servirle de sparring. Es invierno, pero el sol de la isla permite que el entrenamiento sobre cemento sea al aire libre. Nadal usa una camiseta térmica de manga larga y calentadores. Pega duro. Insiste en depurar el cierre de las jugadas, busca pelotas que no vuelvan, finalizaciones contundentes. Ese es el camino que le permitió auparse al número uno y ganar dos grandes en 2013 tras estar siete meses lesionado desde junio de 2012. Un tenis que exige gran precisión. Coordinación perfecta. A veces, en el entrenamiento, Nadal falla. “¡Esta no la copies!”, le dice con una sonrisa a su compañero de prácticas.

El mallorquín lo prepara todo con esmero. Sabe que enero es un mes fundamental para él en sus aspiraciones de 2014. Nadal vivió desahogadamente todo 2013 porque su lesión del año anterior le permitió sumar puntos allí donde compitió, porque no defendía nada. Eso introdujo la alegre dinámica del ascenso constante, siempre en positivo. 2014 será lo contrario. Víctima de su excelente 2013, con 10 títulos y cuatro finales, Nadal no tendrá casi oportunidad de sumar.

Además de en Wimbledon (perdió en primera ronda en 2013), su mejor opción está en Australia, un torneo que no disputó el año pasado y que está marcado por circunstancias que le alejan del resto de grandes: los competidores llegan sin rodaje, despistados, lo que favorece a los mejores; Melbourne obliga a un esfuerzo de adaptación constante, porque en un segundo se pasa del calor extremo al frío, la lluvia y el viento (de ahí que le llamen la ciudad de las cuatro estaciones); y las pelotas brincan sobre el cemento. Un recuerdo, además, espolea al español: en Australia perdió (2012) la final más larga de la historia (5h 53m) contra Novak Djokovic.

Así llega el español al inicio de la temporada. Esperando que Abu Dabi y Doha sean algo más que una decisión estratégica que le permita adaptarse progresivamente al cambio horario (en Australia hay 10 horas más que en España) y al alto ritmo de juego que requiere enfrentarse a los mejores sobre cemento. Soñando, sobre todo, con que esos entrenamientos contra tenistas de colmillo retorcido y raqueta resabiada le ayuden a conquistar Australia.

 

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