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Mundial de motoclicismo 2013

El que se achante, pierde el Mundial

Tras una última carrera dramática, Viñales, Salom y Rins luchan por la corona de Moto3

Maverick Viñales, Luis Salom, y Álex Rins Ampliar foto
Maverick Viñales, Luis Salom, y Álex Rins EFE

Les piden posar para unas fotos. “Que junten sus manos, haciendo una piña”, sugiere una voz de la organización. Y compiten también ahí: puestos en pie frente a una amalgama de fotógrafos y periodistas. Ninguno quiere que su mano quede debajo de las otras dos. Àlex Rins, 17 años, el benjamín, cede el primero; Luis Salom, 22 años, el mayor, el más experimentado, mira desafiante a Maverick Viñales, 18, el eterno aspirante, que se niega al emparedado y termina, con cara victoriosa, poniendo su mano arriba del todo. Hay carcajadas. Llegados a la última cita del año cinco puntos separan a estos tres pilotos magníficos. De los tres, el que se alce con la victoria el domingo habrá ganado también el título de Moto3, el primero de su carrera. Y el enfrenamiento promete.

Sobre todo después de la última carrera, llena de sorpresas, con caídas de Salom y Rins, lo que devolvió la esperanza a Viñales, segundo tras un irreverente Àlex Márquez. Sobre todo tras un campeonato en el que han monopolizado el podio y brindado finales de carrera de vértigo. Ya lo dijo Salom, que se arrancó, sin que nadie le preguntara: “Gracias a Maverick y a Àlex por hacer de este un Mundial tan chulo. Me he divertido mucho. Recordaré esta temporada durante el resto de mi vida”. Él, el líder, suma siete victorias; seis tiene Rins, el tercer clasificado; pues Viñales, con dos triunfos y a solo dos puntos, es el único que no ha fallado en ninguna carrera y cuenta un quinto puesto como peor resultado. “Gracias a mi caída en Japón, hay más espectáculo. Había que darle emoción al tema”, reía Rins, que pudo haber sentenciado hace dos semanas después de que Salom cayera primero: “Me desilusioné, pero queda una carrera y habrá que divertirse”, admite. Mientras él, el pequeño del grupo, se confiesa ya algo inquieto, sus rivales templan los nervios. Sobre todo Viñales, que creyó estar fuera de la pelea y ha sacado tajada de su regularidad: “Esto es un sueño. No se lucha por un Mundial cada día. Habrá que aprovechar la oportunidad”. Y, declara, irá a por todas: “Jugándote un Mundial no te achantas”.

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