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Diego Costa gana cada batalla

El delantero decide el duelo con su intensidad y su gol, el octavo en siete partidos de Liga

Diego López y Diego Costa se encaran durante el partido. Ampliar foto
Diego López y Diego Costa se encaran durante el partido. AFP

La trascendencia de Diego Costa en los partidos y las batallas que generan ha crecido de la mano de su importancia en el juego. No hay futbolista en la Liga que acapare tantos sucesos, tengan que ver o no con el juego. Ya había protagonizado los días previos al derbi con los trámites iniciados por la Federación para que Del Bosque pueda convocarle si lo cree conveniente. Y casi todo lo que sucedió en el Bernabéu tuvo que ver con él. Marcó un gol, se desmarcó, porfió con Diego López, con Arbeloa, con Pepe, con Ramos, con Mateu Lahoz y con todo el que quisiera entrar a su juego.

Costa se maneja como nadie en los partidos de roce. Ha crecido en ellos y hasta los practica en la casa de su abuela en Lagarto, donde se ha construido de campo de fútbol para jugar pachangas con amigos “tan calientes” como él. Aunque ayer rozó el límite de la expulsión por sus protestas, tanto que Simeone le tuvo que abroncar para que se controlase, compañeros y empleados del club señalan que ahora ha aprendido a jugar mejor con la psicología de los contrarios. Ahora sale ganador de la mayoría de sus refriegas. Consigue más sacar de sus casillas a los contrarios que viceversa. Y detrás de todo eso está lo que genera arriba. Su actividad ya le quitó protagonismo a Falcao la temporada pasada y ahora lo ha hecho con Villa. Darle la responsabilidad en los lanzamientos de penalti fue el último gesto de Simeone para proclamarle su referente indiscutible. Desde entonces, su explosión goleadora se ha reflejado en todos los partidos que ha disputado. Lleva ya ocho goles en siete partidos de Liga y le discute jornada a jornada el pichichi a Leo Messi.

El punta le discute el pichichi a Leo Messi

El acabado del plan ofensivo de Simeone fue tan nítido como difuso el del Madrid. Los desmarques al espacio de Diego Costa debían culminar todo el despliegue tras recuperación que había trabajado durante la semana. Todo muy sencillo en apariencia para un equipo capaz de interpretar los movimientos de su goleador con los ojos cerrados. Le entiende especialmente Koke, que le ha proporcionado 11 de los últimos 17 goles al delantero hispanobrasileño. Robó una pelota Filipe Luis y Koke, con un golpe delicado y preciso con el exterior, le puso ante Diego López. Aseguró Costa el remate con el interior para superar al meta madridista y corrió extasiado hacia el córner.

Costa ganó todas las batallas, por arriba y por abajo. Dominó el cuerpo a cuerpo con toda la defensa del Madrid, que lo sufrió al completo y en todo su repertorio. No solo fueron los desmarques al espacio, también se permitió un par de lujos como un control orientado que despejó el camino para una contra de manual. Tuvo la sentencia en un pase corrido de Villa que le dejó ante Diego López. Esta vez el rematye tuvo más potencia que colocación. No se vino abajo, animado por el propio Simeone, y siguió con esa labor de zapa y dinamitera que ni Ancelotti ni sus jugadores supieron cortar. Como no, cuando su entrenador decidió cambiarle, estaba justo al otro lado del campo. Se fue caminando despacio, con ese andar con las piernas un tanto arqueadas y el pecho hinchado. Consciente de que el partido había sido suyo de principio a fin.

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