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El buen fútbol sobrepasa a Mou

El Madrid gana al Chelsea con un gran Cristiano y un juego más elaborado que el del pasado curso • Hubo pitos para el técnico luso, al que solo se le vio charlar con Alonso y Coentrão

Cristiano Ronaldo y Casillas, con el trofeo ganado al Chelsea en Miami. Ampliar foto
Cristiano Ronaldo y Casillas, con el trofeo ganado al Chelsea en Miami. AP

Las dos horas largas que abarcaron el previo, el partido y el pospartido gestaron un amistoso en Miami entre Real Madrid y Chelsea con mucha carga emocional contenida. Fue una cita inundada por gestos, rictus y declaraciones delatores de sentimientos que afloraron a través de la mímica de los futbolistas y la acústica que se desprendía de las gradas. Todos enfocados a José Mourinho, protagonista de una noche morbosa de fútbol, plagada de matices que describieron lo que el Madrid fue con el entrenador portugués y lo que pretende ser ahora sin su histriónica figura sentada en el banquillo. Un club más sosegado y un equipo que busca que el contragolpe sea un recurso y no el plan ofensivo principal. Un conjunto más ambicioso a la hora de gestionar sus recursos con la pelota.

El olvido y la indiferencia hacia el que fue su técnico dominó el discurso de sus exfutbolistas ante los micros. Durante el juego, la intensidad, la fluidez de las circulaciones durante algunas fases, las llamativas celebraciones de Cristiano y Marcelo en sus goles, las desbocadas sonrisas de Pepe o el rostro de satisfacción interna que desprendió Casillas tras detener un mano a mano parecieron tener como destinatario a un entrenador con el que poco quieren tener que ver ya. “No me he cruzado con él. Con el resto del cuerpo técnico sí y los he saludado. No tengo rencor, eso es para los perdedores”, aseveró Sergio Ramos.

Sergio Ramos sobre su exentrenador: “No tengo rencor, eso es de perdedores”

El retraso del Chelsea en su llegada al estadio aminoró la posibilidad de un cruce previo de Mourinho con Casillas, Cristiano o Pepe. Tampoco lo hubo al final del encuentro. Mourinho solo fue visto con Coentrão y Xabi Alonso, dos de sus fieles más reconocibles, junto a Arbeloa. “A mí me gusta hablar en el campo. Lo de fuera, ni me afecta ni me hace daño”, contestó con suficiencia Cristiano Ronaldo cuando fue preguntado por esa distinción que Mourinho había hecho antes entre él y el brasileño Ronaldo Nazario. “No es mi película. Dije lo del verdadero Ronaldo porque fue el primero. Si me preguntas quién es el verdadero Müller, si Thomas Muller y Gerd Müller, te digo este último. Para mí es el primero porque es el más antiguo. Es una película que se han montado en Madrid, que es la ciudad del cine”, espetó Mourinho, que se negó a contestar en castellano: “Ahora trabajo para un club inglés”.

Mourinho da instrucciones durante el partido. ampliar foto
Mourinho da instrucciones durante el partido. AP

Mourinho padeció los efectos de la revolución globalizadora que acompaña al mundo de la información. En Miami, a casi 8.000 kilómetros de Madrid, se encontró con la misma reacción airada que padeció en sus últimos días como entrenador del Real Madrid cada vez que su nombre era pronunciado por la megafonía del Santiago Bernabéu. El madridismo instalado en el estado de Florida, conectado a Chamartín mediante las autopistas de la información y los satélites televisivos, también quiso ofrecer su veredicto sobre su paso por la entidad blanca. Una sonora pitada inundó las repletas gradas del Sun Life cuando el speaker citó al entrenador portugués. La reacción de la grada fue inversa cuando escuchó el nombre de Carlo Ancelotti. Dentro y fuera de los terrenos de juego, el cambio de modos y formas eran predecibles por la mansa personalidad del entrenador italiano. El cómo resolvieron sus jugadores la resistencia que pretendió disponer Mourinho también vislumbraron un cambio que tiene que ver directamente con el uso de la pelota.

Mourinho: “Lo de Cristiano no es mi película, Madrid es la capital del cine”

Los futbolistas del Real Madrid se enfrentaron a un planteamiento que no les fue extraño. Mourinho planeó la clase de partido que tantas veces, bajo su dirección, se le atragantó a sus exjugadores cuando se encontraban rivales que le jugaban bajo esas coordenadas. Entregó su propio campo, cerró espacios, regaló la pelota y pretendió que el Chelsea viviera del contragolpe y se empleara con contundencia cuando fuera necesario para frenar a un equipo que durante algunas fases enseñó triangulaciones que durante tres años fueron más excepciones que norma estilística. A la secuencia de faltas, la cuenta oficial del Chelsea en twitter la describía así: “Los jugadores del Chelsea se están frustrando con el teatro de los jugadores del Real Madrid”.

De alguna manera, Mourinho aplicó la receta que le ha convertido en un coleccionista de títulos. La misma que en sus trienio blanco solo le dio para una Liga, una Copa, una Supercopa y tres semifinales de la Liga de Campeones. A la puesta en escena del estilo que mejor domina respondieron sus ex futbolistas con un dominio contundente sobre el partido independientemente de lo que señalara el marcador. Brilló Modric, al que la preponderancia en el inicio del juego reduce los intentos de Khedira por apropiarse de los primeros pases. Y lucieron también sobremanera con el balón Isco, Marcelo y Cristiano Ronaldo. Todo bajo un fútbol más fino que sobrepasó a Mourinho y los suyos, con Mata, Torres y Azpilicueta de suplentes.

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