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La liberación de Andy

El día que ganó el oro olímpico en esta misma pista vivió un definitivo punto de inflexión

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Murray, con el trofeo de campeón AFP

El día que Andy Murray conquistó el oro olímpico en los Juegos de Londres 2012 vivió un punto de inflexión en su carrera que le sirvió para liberarse de esa presión que sentía, de esa fama de maldito que tenía por haber perdido varias finales grandes seguidas. Inmediatamente después, ganó el Abierto de Estados Unidos 2012. Ahí nació su triunfo de ayer en Wimbledon. En los Juegos, donde el tenis se disputó en las mismas instalaciones, vivió una presión parecida: mismo estadio, mismo país… y la medalla de oro le liberó. Contando la final de Wimbledon 2012, ha disputado la final de los últimos cuatro grandes que ha competido. Eso refleja una evolución mental en la que probablemente Ivan Lendl, su entrenador y campeón de ocho torneos del Grand Slam, le haya ayudado mucho, sobre todo en convencimiento. Lo que le haya enseñado Lendl no diferirá mucho de lo que le dijeran Brad Gilbert y otros entrenadores anteriores, pero importa que le dé el mensaje una persona que sabe lo que es ganar un grande. Eso te hace tener la mente más abierta, y mejoras.

Murray, tras la victoria ampliar foto
Murray, tras la victoria AFP

El partido de la final me sorprendió un poco. Murray fue muy sólido, falló poco, y metió a Djokovic en su tela de araña. El escocés aplicó en el encuentro decisivo lo que hace habitualmente: bolas cortaditas, para que le ataques; y muy buenos cambios de ritmo, porque te está pasando bolas y de repente te mete un latigazo que te deja clavado. Murray es de los pocos que tiene el don de hacer jugar mal al rival. Es un arma que hoy casi no tiene nadie y es muy importante. Frente a eso, Dkjokovic no vio hueco, se sintió obligado a variar su esquema de juego, intentó atacar y acercarse a la red con más frecuencia de lo que suele, y no le fue bien. En pocos momentos jugó un muy buen tenis.

Ya en las semifinales, contra Juan Martín Del Potro, el serbio tuvo varias fases en las que falló más de lo habitual, sobre todo con el revés, que es su mejor arma. Jugar de fondo en hierba no es muy cómodo, porque ningún bote es uniforme. Si pierdes un poco el timing, la coordinación de tus golpes, es difícil cogerlo luego. Murray le obligó a dos, tres y cuatro bolas más de las que le habría obligado cualquier otro jugador, y él terminó fallando. En cualquier caso, no creo que este resultado le pese para el futuro. El tenis te da oportunidad de revancha casi semanalmente, de forma muy rápida, y hablamos de un tenista que ha ganado seis torneos del Grand Slam. Ahora tiene un mes para preparar la gira estadounidense de cemento. Ya sabe lo que es esto: ha caído y se ha levantado muchas veces en su carrera.

Para derrotar a Djokovic, Murray, que le hizo mucho daño con su saque cortado abierto, tuvo que afrontar un último juego de una dureza indescriptible. Se le vinieron encima 77 años de historia, los que habían pasado desde el último triunfo de un hombre británico (Fred Perry), y la ilusión de un país entero. Así y todo, aguantó bien de cabeza. Siempre pienso lo mismo. No hay ningún torneo del mundo en el que alguien tenga que soportar la presión que soportó en su día Tim Henman y que ahora ha tenido que aguantar él. Ayer, con su triunfo en Wimbledon, puede que eso haya cambiado.

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