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Olazábal, el caballero del golf

El Premio Príncipe de Asturias reconoce la trayectoria del jugador vasco, coronada con

la Ryder como capitán europeo, y los valores de deportividad y respeto que representa

Los golfistas europeos levantan en hombros a Olazabal en la Ryder.
Los golfistas europeos levantan en hombros a Olazabal en la Ryder. REUTERS

José María Olazábal (Hondarribia, Gipuzkoa, 1966) no esperaba ganar el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes. En su pensamiento estaba que la vencedora sería la nadadora paralímpica Teresa Perales. Por eso ni siquiera se afeitó ayer por la mañana, antes de salir a jugar el proam del Open de Alemania, en Múnich, torneo que disputa desde hoy. La sorpresa llegó para él minutos antes de que Arantxa Sánchez-Vicario pronunciara de manera oficial el nombre del galardonado. Entonces, al borde de las 12.00, ya sabía que había derrotado en los últimos hoyos a Perales por nueve votos a ocho. En el último corte se habían quedado David Cal, Javier Gómez Noya y la regata Oxford-Cambridge.

De nuevo Olazábal en el cielo, de nuevo cogiendo el relevo de su inolvidable Seve Ballesteros, que ya fue príncipe de Asturias en 1989. Un fuerte hilo ha unido a estos dos deportistas a lo largo de sus carreras. El vasco se coronó en octubre como ganador de la Copa Ryder como capitán europeo, un honor que heredó del maestro Seve, que dirigió a la tropa continental en Valderrama 97 y que alteró el adn mental de los europeos, hasta entonces rebajados por un sentimiento de inferioridad ante los estadounidenses. Ryder, Seve y Olazábal, un trío inseparable.

De nuevo Chema toma el relevo de su querido Seve, que recibió el galardón en 1989

Nadie aprendió esa pasión y esos valores mejor que Chema, cuatro triunfos en siete participaciones en la Ryder entre jugador y capitán. Ambos, Seve y Chema, fueron elegidos la mejor pareja en la historia: 11 victorias en 13 partidos. Olazábal recogió el testigo de Seve y llevó a Europa a una increíble remontada en Medinah, Chicago, en la última jornada. Fue el mejor broche a una carrera majestuosa en que además de esas cuatro victorias en la Ryder y una treintena de torneos sobresalen dos Masters de Augusta, en 1994 y 1999. Ese fue el último grande español. La sequía dura hasta ahora sin que nadie haya tomado el relevo de Seve y Olazábal, lo que agiganta la leyenda de estos dos genios.

Criado en el campo de Hondarribia, Olazábal aprendió desde su infancia los valores del trabajo duro, el amor por el golf y la caballerosidad de que presume este deporte. Su relación única con Seve no hizo más que reforzar sus convicciones. Tremendamente respetado y admirado por todo el mundo del golf, por compañeros y rivales, por aficionados tanto en Europa como en Estados Unidos, Olazábal es hoy uno de los mejores embajadores de este deporte. En 2009 entró en el Salón de la Fama con un emotivo discurso de agradecimiento a sus padres, a quienes habló en vasco en la ceremonia, y, claro, a Seve.

Olazábal sigue sintiéndose jugador, hoy el 408 del mundo. Los dolores de espalda no le han impedido que siga levantándose cada día pensando en jugar. Así lo hizo ayer en Múnich (donde el lunes se presenta su amigo Guardiola, que le siguió en Augusta, como entrenador del Bayern). El teléfono le avisó antes de salir al campo que no sería un día más: “Este premio es un gran honor y significa mucho; tiene un enorme valor para mí”.

“Se lo merece. Seve y él han sido muy buenos amigos toda la vida y ahora están de nuevo juntos”, le elogió Miguel Ángel Jiménez. “Es una alegría para el golf en general”, comentó Ignacio Garrido; “Chema demuestra una trayectoria intachable, es un tremendo capitán”. “Esto pondrá de nuevo el golf en el mapa”, abundó José Manuel Lara. Y Sergio García, alumno, recordó “el milagro de Medinah”.

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