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El primer título, la primera piedra

La llegada de lanzadores como Cecilio, Uría y Novoa, de Pagoaga en la portería y la experiencia de hombres como López Balcells llevaron a España a ganar el Mundial B de 1979 en Barcelona

De izquierda a derecha, Domingo Bárcenas, Calabuig (6), De la Puente, Cecilio Alonso (4), López Balcells, Uría (18) y Goyo celebran el título de 1979 ante Suiza.
De izquierda a derecha, Domingo Bárcenas, Calabuig (6), De la Puente, Cecilio Alonso (4), López Balcells, Uría (18) y Goyo celebran el título de 1979 ante Suiza. EFE

A la generación de jugadores que abanderó Papitu Perramón le siguió otra generación con mucha más envergadura y mejor preparada físicamente. Era lo que correspondía a un país que había crecido a todos los niveles y cuyo desarrollo económico permitía mejorar no solo los hábitos alimentarios sino también comenzar a generar unas infraestructuras más idóneas para la práctica del deporte. Aquel progreso imparable se hizo patente en el Mundial B de balonmano de 1979, que España pidió organizar para intentar asegurarse la clasificación para los JJOO de Moscú en 1980. Había ilusión al comenzar el campeonato, pero pocos podían imaginar que la selección lograría colgarse el oro en el Palau Blaugrana de Barcelona.

“Aquello fue un salto de calidad importante”, explica Emilio Alonso, entonces segundo entrenador de Domingo Bárcenas. “Fue la culminación de un equipo que empezaba a cubrir, con la entrada de nuevos jugadores, algunas de sus carencias históricas. Los grandes lanzadores del momento, Morera y Villamarín, encontraron el relevo en figuras con más altura y envergadura como Cecilio Alonso, Uría, Novoa, Albizu, y en el extremo la llegada de Eugeni Serrano concedió una velocidad poco usual. Se ganó lanzamiento exterior y ello obligó a que las defensas contrarias se abrieran y dejaran huecos para hombres experimentados como Quico López Balcells, Fernando de Andrés o Vicenç Calabuig. Y ahí estaba el genial Goyo para aprovecharlo”.

Tácticamente, España se presentó en el Mundial como un equipo muy distinto al que había acudido a los JJOO de Múnich en 1972 (España se había quedado fuera en Montreal 1976). “Lo que nosotros aportamos fue el tiro exterior”, explica Cecilio Alonso. “Había sido el máximo goleador de la Liga tres veces seguidas y atravesaba mi mejor momento. Pero comenzaba a sentir molestias en el hombro y por eso acabé jugando solo en ataque para reservarme. Cuando llegué a la selección me llamaban el niño. Tenía 18 años. Pero en el Mundial jugué a un gran nivel. Nos ganamos el respeto de todas las defensas. Y abrimos la puerta de élite a nuestro deporte”.

Recuerdo que nos concentramos en Castelldefels, pero no había la rigidez de ahora. De vez en cuando te podías permitir alguna escapadita"

López Balcells

Bárcenas y Emilio Alonso estaban introduciendo ya métodos de trabajo basados en experiencias acumuladas en países muy consolidados como Rumanía o incluso la URSS. “Eran nuestros modelos”, incide Alonso. Pero en las concentraciones no había la seriedad actual. “Recuerdo que nos concentramos en Castelldefels, pero no había la rigidez de ahora. De vez en cuando te podías permitir alguna escapadita”, indica López Balcells, entonces líder indiscutible del equipo. “Nos entrenábamos mañana y tarde”, agrega Cecilio Alonso. “Y te juntabas mucho con tu compañero de habitación. Todos teníamos nuestras cosas. Recuerdo que Santos Labaca se levantaba a las seis de la mañana para afeitarse y ponía la radio porque necesitaba ruido. Daba igual que hablara en español o en alemán. A Albizu le amargué la vida, porque me pasaba todo el día llamando a mi novia desde la habitación. Y De Andrés empezaba a hacer abdominales a las ocho de la mañana”.

La convivencia era buena en el vestuario. “Nos juntábamos más los jóvenes por un lado y los veteranos por otro”, comenta Cecilio. “Tenía muy buena amistad con Patxi Pagoaga y con Albizu, pero todos formábamos un grupo homogéneo y nos ayudábamos”. Esa fue la base que generó aquel éxito. España se clasificó para las semifinales sin grandes problemas y accedió a la final contra Suiza, sabiendo lo que les esperaba. “Bárcenas me hizo caso cuando le aconsejé que evitáramos a Suiza en los grupos, porque era una gran selección”, dice Emilio Alonso. “Y la prueba fue que nos lo encontramos en la final. Nos fueron ganando con diferencias de dos a cuatro goles. Pero en los minutos finales, con el Blaugrana a tope, surgieron las figuras de Cecilio y de López Balcells y acabamos siendo campeones”.

Fue una explosión de júbilo. El primer título de España y la clasificación para los JJOO de Moscú de 1980. “El balonmano español había puesto la primera piedra. Y en Moscú lo confirmamos”, concluye el pivote de aquella selección.

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