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El milagro de Oca

Plata en Barcelona 92 y oro en Atlanta 96, el madrileño ha marcado un antes y un después del waterpolo femenino, que hoy su juega el título contra Estados Unidos

Oca celebra un gol en la semifinal Ampliar foto
Oca celebra un gol en la semifinal REUTERS

Miki Oca fue medalla de plata en Barcelona 92 y de oro en Atlanta 96 como delantero de aquella inolvidable selección de waterpolo. En la piscina era fino, frió, cerebral y se le recuerda bastante más tranquilo que al resto de los “madrileños”, es decir, que Toto, Chava, Jesús o El Moro, el grupo de waterpolistas que completó la base de aquel equipo, formados básicamente en clubes catalanes. De momento, tienen garantizada una medalla de plata. Para él, serán los terceros Juegos Olímpicos y la tercera vez que suba a un podio. Esta vez, como todo en su vida, también se lo ha ganado a pulso.

Oca se dedicó a ser modelo cuando se quitó el gorro y se fue de la piscina, fue adicto a la cocaína y la dejó tan pronto como entendió que era un camino equivocado, acudió a un reality televisivo —quedó segundo en una edición de La Selva de los famosos— y volvió al waterpolo con el Ondarreta por la pileta de Alcorcón, primero en categorías y desde el 2006, con el primer equipo. Hasta que en 2010, recibió una llamada de Rafa Aguilar para sustituir a Joan Jene. No lo dudó. “Me hacía mucha ilusión”, recuerda ahora.

Dicen sus chicas que si hay un culpable de que estas esta noche peleen con Estados Unidos en la final de los Juegos Olímpicos, es suya, que él las cambió, a algunas de posición, como a Anna Espar y a todas, en su mentalidad. “Nos hizo creer en nosotras, nos enseñó el camino y nos ha hecho lo que somos”, dicen en el vestuario. Oca lo niega. “Me sorprenden desde el primer día. Saben lo que quieren, tienen hambre, determinación, ganas y toda la ilusión del mundo” dice él. “Ellas son lo que se han ganado. Trabajan desde la humildad y con ganas de hacer bien las cosas” dice el madrileño.Este equipo histórico del waterpolo español lleva su sello. Suya fue la decisión de dar la alternativa en el primer equipo a las Espar, Mati, Miranda y Tarragó, que venían de ganar el campeonato júnior. “Tenían talento, no fue difícil apostar por ellas”. “Lo difícil es lo que ha conseguido”, dicen en la federación. El mérito de Oca va mas allá de jugar lo Juegos y habla de la competitividad de un equipo tremendamente trabajado.

“Después de esto, volveremos a jugar en piscinas vacías”,  lamenta el técnico

No cree que entrenar a chicas sea más difícil que trabajar con chicos: “Todo lo contrario, son disciplinadas y llenas de fuerza de voluntad” y aclara que busca en ellas, por encima de todo, “determinación, que quieran crecer, que tengan la voluntad de ir, que persigan el objetivo. Hay que querer. A partir de ahí, el resto ya es trabajo”. A partir de ahí, las medallas. Dice que las chicas del waterpolo español tienen garra y fuerza. No sabe si llamarlo desparpajo, atrevimiento o que. Y se arranca: “Es fuego, sí, puro fuego”. Admite que el ambiente de las “guerreras” —“el sobrenombre lo escogieron ellas y les va al pelo”— le recuerda mucho al equipo del 92. “Veo un parecido muy grande con ese grupo. Nosotros también compartíamos esas ganas, esa ilusión, el querer. En esencia, es lo mismo, el espíritu es el mismo, el de creer y saber qué quieres”.

Más allá de manejar con sapiencia el aspecto psicológico, Miki marcó el camino y ahora, las guerreras, van a por todas. “Va dos pasos por delante que el resto de seleccionadores del waterpolo femenino. Le copian hasta los sistemas defensivos”, reconoce Aguilar, responsable técnico de la federación. “Miki siempre fue muy listo”, le reconoce el waterpolo español, que le debe una gorda. La que han liado las chicas del waterpolo femenino español es para toda la vida. O no. “Después de esto, volveremos a jugar en piscinas vacías”, admite el seleccionador, consciente de que en cualquier caso, la experiencia de las últimas dos semanas les acompañará toda la vida. A ellas y a él, el hombre que enseño a ganar a las chicas del waterpolo.

 

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