La derrota más dolorosa

Un golpe de suerte final da la victoria a Francia (22-23) en el partido quizás más igualado de sus duelos con España

Viran Morros y Víctor Tomas, tapado, tras caer ante Francia.
Viran Morros y Víctor Tomas, tapado, tras caer ante Francia.Vadim Ghirda (AP)

La latinidad que nos une, dice Onesta, Claude, antes del partido. La defensa que nos iguala, dice Rivera, Valero. La suerte que, finalmente, nos separa, dicen ambos entrenadores terminado un encuentro de balonmano que deja a los jugadores españoles, sudorosos, orgullosos, tendidos por el parqué, incapaces de asimilar la derrota; a Rivera, el técnico, hundido en la sala de prensa, tan triste que solo atina a decir: “Para mí, los Juegos son solo dolor; por la forma, el momento, el lugar en que se ha producido, esta es la derrota más dolorosa de mi vida”. Al entrenador francés le deja “aliviado, feliz” y comedido: “El partido lo ha decidido un coup de dés [expresión francesa equivalente a nuestro se ha decidido echándolo a suertes]”.

Francia, campeona olímpica, pudo con España, bronce en 2008, que se va de Londres en cuartos, sin posibilidad de luchar por las medallas, y el total histórico de los enfrentamientos directos con los vecinos del norte, cuyo balonmano es el nuestro y viceversa, se inclina hacia el lado galo: 78 partidos oficiales, 35 victorias francesas, 34 españolas, nueve empates. Es más fácil resumirlo todo en números, enumerarlo, que explicarlo, porque el partido fue extraordinario y se decidió (23-22) en el último segundo, sin tiempo más que para llorar.

ESPAÑA, 22; FRANCIA, 23

España: Sterbik; Víctor Tomás (6, 1p), Maqueda (4), Cañellas (3), Morros (1), Raúl Entrerríos (2) y Ugalde (2) -equipo inicial- Hombrados (ps), Gurbindo, Rocas, Aguirrezabalaga, Sarmiento, Aginagalde (4) y Guardiola.

Francia: Omeyer; Abalo (2), Fernández (3, 1p), Karabatic (1), Narcisse (1), Honrubia y Sorhaindo (4) -equipo inicial- Karaboue (ps), Dinart, Barachet (3), Guillaume Gille, Bertrand Gille, Accambray (7) y Guigou (2, 1p)

Marcador cada cinco minutos: 3-0, 4-1, 5-1, 7-3, 9-6 y 12-9 (Descanso) 14-12, 17-15, 17-17, 17-19, 21-22 y 22-23 (Final)

Arbitros: Nikolic y Stojkovic (SRB). Excluyeron por dos minutos Rocas, Viran Morros y Raúl Entrerríos por España; y a Barachet y Bertrand Gille por Francia.

Lo primero, la latinidad compartida, o el Mediterráneo, que, hablando de balonmano, no tiene porqué ser solo sinónimo de creatividad, intuición, genialidad creativa. Fue eso pero, sobre todo, en un partido como este, en el gran pabellón del balonmano olímpico, 8.000 espectadores y mucho bleu, en un partido construido por ambos campos desde la defensa, fue sobre todo, arrojo, agresividad, velocidad, cooperación y narices. La pelea de Aginagalde, y su movilidad, las narices de Víctor Tomás, una anguila veloz, dura y valiente, y su multiplicidad, la tensión más que la imaginación, la fuerza de Maqueda, el coraje. “Y el portero, no olviden al portero”, recuerda Onesta en el castellano que ama, como si fuera Harpo Marx con su bocina recordando al camarero del camarote que no olvide sus huevos duros. “España ha sido su portero todo el primer tiempo”. Habla el entrenador francés de Sterbik, Arpad, que levanta el pie con la pierna recta hasta la altura de su cabeza, que no está baja pues mide dos enormes metros, y, pese a estar cojo y no poder ni correr lo para todo (o casi todo, 14 de 23, el 61%, en el primer tiempo). Y gracias a esa forma de defender, y a ese portero, Francia no mete más que un gol, y de penalti, en el primer cuarto de hora, y España, pese a jugar con un solo lanzador lejano, el terrible Maqueda, llega a ponerse 6-1 y termina el primer tiempo 12-9.

“Pero nunca perdimos la calma, nuestro juego es la paciencia”, dijo luego Onesta. “Los españoles son jóvenes, novatos olímpicos; los nuestros, veteranos, expertos, la calma. Nosotros somos Karabatic, Narcisse, Jerôme. Nosotros sabemos que si remontamos ganamos, pues atemorizamos”. Narcisse, la fantasía; Karabatic, la creatividad; Sorhaindo, la fuerza; y Accambray, habría añadido el técnico francés, que presentó en sociedad a un lateral diestro tirador y caliente que hasta ahora no había jugado, fresco para sustituir a Narcisse y apara agujerear la defensa española; y con su portero Omeyer deprimiendo las fantasías españolas, a 12 minutos del final, Accambray pone a Francia por primera vez por delante (17-18) en medio de un periodo de 12 minutos en el que España no mete un gol y pasa de ganar 17-14 a perder 17-20.

“¡Valero, tío, haz algo!” El grito se oye nítido en la grada, y tras mesarse los cabellos, desesperarse, el técnico habla con Víctor Tomás, el extremo que dice “yo estoy para lo que diga Valero”, y empieza a jugar de lateral, de central también de extremo, a salvar balones en la línea de su portería y a clavarlos en la de Omeyer, enorme, tremendo. España empata. Víctor Tomás marca, Víctor Tomás empata. España empieza el último minuto a 22 y con posesión. España acaba ahí. Tras fallar el ataque, tiempo muerto, medio minuto para Francia que piensa en Accambray y se la juega con Karabatic. Su último disparo, forzado, lo rechaza bien Sterbik, pero la ironía quiso que el balón rebotado cayera en las manos de Accambray. Minuto 29 segundo 59. 22-23. El silencio y el dolor.

Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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