La fatídica barrera balcánica

El conjunto de Aguilar cae ante los balcánicos (9-11) lastrado por la falta de acierto en el lanzamiento lejano y se queda sin medalla

Javier Vallés y Guillermo Molina, tras perder ante Montenegro
Javier Vallés y Guillermo Molina, tras perder ante MontenegroHannibal (EFE)

Londres no fue diferente a Pekín y a Atenas, y España quedó de nuevo eliminada en el cruce de cuartos de final por Montenegro (9-11), invicta desde que perdió en su debut contra Estados Unidos. Al igual que ya ocurrió en el partido ante Italia, los españoles fueron siempre a remolque en el marcador y se les encogió el brazo durante ocho minutos después de firmar un esperanzador primer cuarto (4-4). No les alcanzó una reacción soberana de última hora (1-3) para alcanzar las semifinales. A una buena defensa, le ha faltado juego de ataque, menos picos de juego y más regularidad para que el equipo de Aguilar pudiera optar a las medallas en los Juegos de 2012.

Tan físico como técnico, Montenegro juega muy fino y muy bien, defiende con agresividad y no perdona en situaciones de superioridad numérica, y menos contra España. A día de hoy es un equipo bien concebido, mejor acabado y rematado por un jugador excepcional: Boris Zlokovic. No necesita a ningún boya más, a diferencia del equipo español, que compite con tres: Balu Sziranyi, Xavier Vallés e Iván Pérez. El tres contra uno se salvó a favor de Zlokovic, autor de cuatro goles, pieza capital de su equipo. Alrededor de su boya, Montenegro maduró muy bien el partido, poco exigida por España, que estuvo presente al inicio y al final, desbordada en el entremedio, falta de continuidad.

Aunque nada más comenzar desperdiciaron una superioridad numérica y acto seguido tomaron un gol de Zlokovic, los españoles se batieron estupendamente en el primer cuarto: 4-4. Las exclusiones se repartieron como los goles y sólo la madera, que repelió dos tiros de Molina, impidió un mejor resultado para el equipo de Rafa Aguilar. El partido se empinó, sin embargo, en el segundo periodo para España, muy desafortunada en ataque y también bien defendida por Montenegro, resolutiva casi siempre que dispuso de un jugador de más en la piscina. No había manera de parar a Zlokovic, muy erguido, infalible cuando apuntaba al buen meta Iñaki Aguilar, y faltaba determinación y rapidez en el lanzamiento español.

No perdonó Montenegro en el momento en que pudo marcar diferencias: 1-3. Alcanzado el descanso (5-7), los números reflejaban la efectividad de los balcánicos frente a los españoles: 5 de 6 en superioridad numérica por 2 de 5. Muy entregado defensivamente, al equipo de Aguilar le faltaba luz y descaro ante la portería de Scepanovic. La diferencia se fue agrandando con el tiempo y llegó a tener una dimensión sorprendente en unos cuartos al final del tercer período (6-10) después de otro 1-3.

A Montenegro solo se la puede ganar jugando muy bien, y España no cuadró precisamente el partido perfecto, sino que actuó muy a rachas, falta a veces de chispa y puede que también de ingenio. Aunque tiene un sentido del juego muy coral y dinámico, a veces penaliza de forma ingenua, puede que por falta de liderazgo, humilde como es. A cambio, le sobra esfuerzo y generosidad, dos argumentos suficientes para batirse con grandeza hasta el final en situaciones especialmente adversas y aspirar incluso a la heroicidad (9-10 a falta de 2m13 segundos). Así, pudo salir al menos con honor de la piscina (3-1 en el último cuarto), batida de nuevo en unos cuartos de final por un equipo mejor, pero orgullosa y nada victimista, simplemente inferior.

Sobre la firma

Redactor jefe de deportes en Barcelona. Licenciado en periodismo, doctor honoris causa por la Universitat de Vic y profesor de Blanquerna. Colaborador de la Cadena Ser y de Catalunya Ràdio. Anteriormente trabajó en El 9 Nou y el diari Avui. Medalla de bronce al mérito deportivo junto con José Sámano en 2013. Premio Vázquez Montalbán.

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