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Drogba mantiene a Ancelotti

El gol del costamarfileño permite al Chelsea empatar ante un decepcionante Tottenham

Al final del choque, Drogba levantó las palmas de las manos al cielo pidiendo perdón a sus aficionados desplazados a White Hart Lane . Acababa de fallar un penalti, ya en el descuento, despejado por el portero brasileño del Tottenham, Aurelio Gomes, redimido en esa postrera parada de una pésima actuación, al fallar en el empate anterior de Drogba y al atropellar a Ramires en la jugada del penalti. El empate, en todo caso, hizo justicia con un Tottenham asustadizo, pese a adelantarse en el marcador, y un Chelsea sin creatividad, habiendo de recurrir a su arma de siempre, Drogba, a pesar de que el delantero costamarfileño está lejos de su mejor estado de forma.

Pero sigue siendo imprescindible. Necesario para evitar el probable despido del entrenador italiano del Chelsea, Carlo Ancelotti, en caso de una nueva derrota de los blues. Es lo que hay. Los grandes del fútbol inglés están en horas bajas: renqueante el Manchester, que hoy recibe al imprevisible Arsenal, y descartado el Liverpool, sólo un nuevo rico, el Manchester City, amenaza el reinado de los clásicos.

Durante años, el Chelsea fue un equipo muy dependiente del portentoso físico de sus jugadores. Y ahora que a algunos de ellos les ha abandonado la fuerza (la malaria ha dejado mermado a Drogba y las múltiples lesiones han minimizado a Essien, los dos motores), el cuadro de Ancelotti queda a la intemperie. Cualquier rival con unos gramos de pólvora lo hace añicos. Los tiene el Tottenham, desde luego, como dejó escrito Pavlyuchenko en ese control con la derecha y el remate veloz y ligeramente combado con la izquierda, desde la frontal, que sobrepasó la estirada de Cech (m. 15). Bien es cierto que, en el arranque de la jugada, Defoe, autor del pase a Pavlyuchenko, estaba en fuera de juego.

A continuación, el equipo de Harry Redknapp se limitó a esperar la oportunidad para lanzar a cualquiera de sus dos balas por los extremos: Lennon por la derecha y Gareth Bale por la izquierda, asistidos por el elegante Modric, especialmente activo en tareas defensivas en el centro del campo. En esa parcela, se apreciaron las intenciones de los entrenadores. Ancelotti optó por el músculo de Mikel y Essien, aderezados por la rapidez del brasileño Ramires; Redknapp prefirió la delicadeza de Modric, acompañado tan solo por el hondureño Palacios. La inferioridad numérica en esa zona de los dueños de White Hart Lane apenas se notó.

Ancelotti soltó lastre en el descanso al retirar a Mikel por Drogba, aumentó su posesión del balón hasta un 70%, aunque siguió creando el mismo peligro que en la primera parte: ninguno. Redknapp, por su parte, le quitó las telarañas a Crouch para que ocupara el lugar de Defoe. Claro que el Chelsea recuperó viejas sensaciones cuando Drogba les devolvió la vida en una acción afortunada: un balonazo largo y dividido, un control del costamarfileño con el antebrazo, el central Dawson desorientado y el zurdazo por el centro de Drogba le dobló las manos a Gomes, en un fallo monumental del meta brasileño (m. 70). Pese a su discreta campaña, este es el octavo gol de Drogba, señal de que se resiste a caer en el olvido.

Al partido le quedaba otro guiño al pasado glorioso del Chelsea cuando entró en el campo Lampard, ausente por lesión desde el pasado 28 de agosto. Y el tenue intento de Redknapp por ganar con la entrada de Robbie Keane, estirándose levemente el conjunto blanquinegro. Aunque entró de nuevo en acción Gomes, llegó tarde, arrasó a Ramires y Drogba se dispuso a recoger una de esas victorias sin mucho mérito del Chelsea de los últimos años. Los rezos de Gomes, sin embargo, le ayudaron a concentrarse y a adivinar dónde le iba a lanzar el balón el africano. Propició de paso un empate muy mediocre que dejó satisfechos a ambos entrenadores, tal había sido el calado de su pobre protesta.

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