Violencia machista, negacionismo y antisemitismo: Mel Gibson resiste pese a sus escándalos
El actor y director, elegido por Trump como su embajador en Hollywood, estrena nueva película en su enésima resurrección tras las controversias que han ensombrecido su carrera


“Del director ganador de un Oscar por Braveheart, Apocalypto y Hasta el último hombre”. El nombre de Mel Gibson es reconocible para varias generaciones, pero en el tráiler de su última película, Amenaza en el aire, que llega este viernes a los cines españoles, han decidido esconderlo. El póster lo presenta solo como “aclamado director”. Mientras que el del actor Mark Wahlberg aparece en letras gigantes, el suyo se ve chiquitito y abajo. No parece casual, sino una decisión derivada de las numerosas polémicas que ensombrecen la imagen de Gibson desde hace tiempo. Por ejemplo, hace 15 años se filtraron unos mensajes en los que le gritaba a su novia que “ojalá” la violase “una manada de negros”. Aun así, el cineasta ha aprovechado la promoción de la película para sumar nuevas controversias a su legado de escándalos.
En una entrevista en enero en el podcast más escuchado de EE UU, el conducido por Joe Rogan, el actor y director de 69 años, crecido en Australia, pasaba entre balbuceos desordenados de recomendar pseudomedicamentos para curar el cáncer a echar pestes contra el cambio climático (“Cuando un hielo se derrite en mi vaso, el agua no se desprende”). O de asegurar que el sida fue un experimento falso del Gobierno a caracterizar al papa Francisco como un “apóstata” que quiere destruir la Iglesia desde dentro. El momento álgido se produjo cuando negó la evolución biológica: “No puedo defendértelo, pero es lo que me dicen mis sensaciones: yo no he sido un simio”. Dos horas y 20 de charla que se grabaron mientras Gibson perdía su casa de Malibú en los incendios de Los Ángeles y Trump lo designaba como uno de los caballeros andantes del Gobierno, junto a Jon Voight y Sylvester Stallone, encargados de “hacer de Hollywood grande otra vez”. El presidente ha encomendado a sus “embajadores especiales” la misión de recuperar la meca del cine de manos de “países extranjeros”.
Nueve años después de su sexta película detrás de las cámaras, Amenaza en el aire es solo un encargo para financiar sus proyectos más personales y difíciles. “Es divertida y rápida”, describe. Lejos de ser una historia larga y monumental como su cine anterior, artístico pero también popular, es un guion de acción con Wahlberg como verdadero reclamo. Es un thriller con castañazos de altos vuelos y giros inesperados. Wahlberg interpreta a un piloto de avioneta que transporta a una policía federal (Michelle Dockery, la verdadera protagonista) y un preso en su viaje a través de las montañas de Alaska. Las intenciones del piloto no son, sin embargo, tan pacíficas como parecen. En EE UU, con 26 millones de euros recaudados, ha quedado lejos de las marcas de Apocalypto (2006) o Hasta el último hombre (2016), por no hablar de La pasión de Cristo (2004), que arrasó pese al latín y al arameo. Pero esta vez Gibson no buscaba creatividad. Es más, la película comienza con el plano de un motel creado por inteligencia artificial.
Esta película trata en su fundamento, contaba Gibson en el podcast de Joe Rogan, de lo que más le interesa: la lucha entre el bien y el mal. Algo que quiere desarrollar en el proyecto que lleva siete años ideando: La resurrección de Cristo, secuela de La pasión de Cristo después de 20 años, que hará viajar literalmente al infierno al Jesús interpretado por Jim Caviezel (para quien produjo la exitosa cinta católica Sound of Freedom) para verse con Satanás. “Es un tripi de ácido, no es lineal, es muy ambiciosa y no sé si lo puedo lograr…”, confesaba Gibson mientras planteaba la idea de usar IA para traducir los diálogos.
Esa lucha bíblica es, de hecho, clave en su cine. “Nací alcohólico. Nada me podía parar. Soy defectuoso, y apelé a algo más grande. Porque no quería compartir celda en el infierno con Hitler, Stalin y Mao”, contaba el actor, que dijo haber rechazado una oferta de Scorsese para protagonizar La última pasión de Cristo. “Pasé mucho tiempo en mi mente animal. Quieres morder, y hacer cosas que no son socialmente aceptables. Matar a alguien no está aceptado y no quería acabar en prisión. Me miraron el cerebro y concluyeron que tenía el peor caso de estrés postraumático, peor que los veteranos de guerra”, añadió. Y explica su remedio milagroso a Rogan: pastillas de vitamina B, aceite de pescado y encerrarse en cámaras acorazadas.
Así justifica Gibson sus comportamientos violentos, machistas y antisemitas del pasado. En 2006, se filtró su reacción durante una detención policial por conducir ebrio: “Los putos judíos sois culpables de todas las guerras de la humanidad”. El actor, que llegó a negar el Holocausto, excusó sus declaraciones diciendo que se había tomado ocho tequilas dobles. Es más, acabó presentándose como víctima de un policía “sin escrúpulos”. Cuando fue detenido meses más tarde por una agente, volvió a dejar frases como “Voy a joderte, soy el dueño de Malibú” o “¿Qué miras, tetitas dulces?”.

El escándalo más sonado llegó cuatro años después. Su pareja entonces, Oksana Grigorieva, lo denunció por violencia machista tras haberle roto varios dientes en un forcejeo en el que el actor portaba un arma, mientras ella sujetaba a la bebé de ambos (una de sus nueve hijos). La demanda fue acompañada de audios como este: “Si te violase una manada de negros, te lo merecerías. Voy a ir allí y prenderé fuego a la casa, pero primero me la vas a chupar”. La defensa de Gibson aseguró que era una frase “sacada de contexto” y el actor se lo tomó como una “traición”, pero en el juicio prefirió no refutar los cargos ni contestar para evitar la cárcel con un acuerdo. Le obligaron a pagar 750.000 dólares.

El mundo del cine lo perdonó con entrevistas sentidas. Su amiga Jodie Foster, que le ayudó a salir del bache, le concedió el papel protagonista de la comedia negra El castor (2011), sobre un personaje que lidia con sus oscuros fantasmas. Era una historia de redención de las que gustan a Hollywood. Ese fue el momento en el que Gibson quiso romper con su pasado dirigiendo The Maccabees, sobre Judas, con la que buscaba alejarse de su imagen de antisemita. Pero el proyecto acabó volviéndose un bumerán, después de que su guionista asegurase que el director odiaba a los judíos y publicase otra grabación de sus ataques de ira: “Tú ganas dinero, yo no. Yo trabajo para pagar a una sucia zorra comepollas”, gritaba. Hoy, Gibson financia la organización Survivor Mitzvah Project, que ayuda a ancianos supervivientes del Holocausto.
Pero Gibson es una persona difícil de ser cancelada. En 2016, la bélica Hasta el último hombre ganó dos Oscar (montaje y sonido) y volvió a colocarlo en la candidatura de mejor director. Aunque cayó de proyectos como Resacón en Las Vegas 2, Hollywood se avergonzaba de trabajar con Woody Allen, pero no con Gibson. En los nueve años siguientes produjo, protagonizó y escribió una película de acción con la que fue a pegar tiros a la frontera mexicana (Vacaciones en el infierno), participó en las secuelas de Machete o Los mercenarios, una serie del universo John Wick, se unió a la franquicia cómica Dos padres por desigual y capitaneó la obra de culto Al otro lado de la ley. Y sueña con Arma Letal 5. Sin olvidar la decena de películas de acción baratas que llenan sus arcas y las de otros antiguos héroes venidos a menos.

Gibson sabe que puede decir cualquier cosa y que nada le hará desaparecer. En la entrevista de Rogan, el presentador trata de reconducirlo sobre sus creencias literales de la Biblia y le explica que se han encontrado muchas pruebas científicas de la evolución humana desde simios hasta el Homo sapiens. “Serían monos y habrán mezclado los huesos”, responde sin más argumentación Gibson. “¿Cuándo crees que fueron creados los humanos?”, le pregunta entonces. “Probablemente hace 8.000 años”. “Pero han encontrado construcciones datadas de 11.000″. Y el actor se rinde: “Lo cuestiono… no sé, no lo puedo explicar y no me importa”. Tras este momento incómodo, pasan a hablar más tranquilos sobre su fascinación por la sábana santa de Cristo, y a soltar la frase favorita de los invitados del podcast: “Todo es censura”. Si bien todo apunta a que él puede decir y hacer todo lo que quiera.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Sobre la firma
