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Paolo Rumiz y el sueño de una Europa orgullosa y diversa: “Un viajero es un anarquista”

El escritor y periodista italiano publica en España ‘Canto por Europa’ (Lapislàtzuli), un largo poema narrativo sobre la migración y la búsqueda de las esencias del viejo continente

El escritor italiano Paolo Rumiz retratado, el 22 de enero de 2024, en el restaurante Cadaqués de Madrid.
El escritor italiano Paolo Rumiz retratado, el 22 de enero de 2024, en el restaurante Cadaqués de Madrid.Jaime Villanueva
Sergio C. Fanjul

Una vez Paolo Rumiz (Trieste, 76 años) vio el cadáver de una migrante africana, embarazada, llegar en una bolsa blanca. “Me di cuenta de que tenía que encontrar su nombre, su cara, su historia”, dice. Otra vez, en Sicilia, vio desembarcar a un grupo de refugiadas sirias. La policía les ofreció colocarse sobre una alfombra azul, con sus salvavidas amarillos. Allí, sentadas en círculo, formaban la bandera de Europa. Una de ellas empezó a cantar canciones de nostalgia de la patria perdida y de esperanza en la nueva tierra. “Me di cuenta de que aquella mujer siria era la Europa que buscaba”, cuenta, “una Europa hecha de mujeres migrantes”.

En el libro Canto por Europa (Lapislàtzuli, hermosamente traducido por Alida Ares), Rumiz narra en verso, en un largo poema narrativo en secciones, la peripecia de una refugiada siria, llamada Europa, que es recogida en Líbano por una especie de Argonautas contemporáneos a bordo del barco Moya, que es un personaje más de esta historia marinera. Inician un largo viaje por el Mediterráneo, lleno de aventuras, en el que tratan de comprender qué es este continente, al que acaban bautizando con el nombre de la refugiada.

La idea del texto (“un libro escrito de noche, cuando se ven las visiones”) le surgió con motivo del Brexit, cuando lamentó que los británicos le dieran la espalda a lo mediterráneo, pero explotó sobre todo cuando se intensificó la llegada de migrantes a las costas europeas. El largo poema en endecasílabos (un verso, por cierto, de origen italiano) es alucinado y huele a salitre en el viento. Suena a texto clásico, homérico, pero transcurre entre varios tiempos y geografías, entre la realidad y el sueño, y está traspasado de mitología. Por ejemplo, el mito del rapto de Europa, la princesa fenicia que es secuestrada y violada por Júpiter (Zeus) transfigurado en un toro blanco. Entre muchos otros.

- ¿Por qué tanto mito?

- No debemos pensar que el mito es cosa de los antiguos. El mito tiene que ser renovado continuamente, si no, pierde su esencia. El mito es siempre capaz de resistir a los cambios históricos. Así enseña su potencia.

- ¿Y por qué ha escrito esta historia en verso?

- Porque el mito requiere del verso.

Cuando presenció la llegada de las migrantes en Sicilia, Rumiz no vio ahí un evento de actualidad, material para el periodismo, sino algo eterno, una constante histórica de las costas del continente. “Es una tragedia del tiempo moderno que no sepamos poner el contexto: vamos con lupa sin darnos cuenta de la historia. En eso el mito te ayuda”.

El escritor italiano Paolo Rumiz retratado, el 22 de enero de 2024, en el restaurante Cadaqués de Madrid.
El escritor italiano Paolo Rumiz retratado, el 22 de enero de 2024, en el restaurante Cadaqués de Madrid. Jaime Villanueva

Recientemente, la Unión Europa ha endurecido su política migratoria, pero Rumiz piensa que no hay muros que puedan detener las migraciones. La única respuesta sería una mezcla de humanidad y disciplina. “La disciplina sin humanidad es el fin del hombre, pero la humanidad sin disciplina es la anarquía”, dice. Lamenta que Europa necesite “esclavos contentos de ser aceptados, contentos de servir”. Y tiene clara la solución: “Debemos pagar menos a Turquía, Libia y Marruecos para que controlen los flujos migratorios y construir más centros formativos en los países de partida. Estamos en manos de las dictaduras del Magreb y de Erdogan”.

La frontera que produce la locura

Paolo Rumiz es escritor y periodista, buena parte de su obra permanece sin traducir en España, y lleva toda una vida obsesionado por la idea de Europa. Dice que es porque nació en Trieste, ciudad de ajetreada historia entre Italia, Centroeuropa y Eslovenia, donde el Mediterráneo toca su costa más septentrional. “Es un lugar de frontera, un poco italiano, un alemán, un poco eslavo, todo eso está en mi identidad. La frontera puede producir la locura, pero también la apertura mental”, afirma en el restaurante Cadaqués, muy mediterráneo, y muy apropiado, en Madrid. Habla con pasión de todo lo relacionado con el continente; tiene los ojos tan claros como las ideas.

“No puede haber una realidad política sin un mito fundacional”, prosigue Rumiz. Cree que el problema de esta Europa de lobistas y funcionarios bruselenses es que le falta ese mito. El orgullo. Un sueño: un european dream. Que los valores se han perdido y se ha olvidado su raigambre mediterránea para volcarse en el Atlántico, es decir, en la OTAN y en la esfera del poder estadounidense. No basta la moneda, no basta la política, hay que ir más allá en la integración, incluso hasta la creación de un ejército europeo. “Aunque yo soy pacifista”, aclara.

- De otro modo estamos abocados al fin: estamos en las manos de la energía de Putin y las armas de Estados Unidos, para combatir batallas que no son nuestras. La OTAN no ha exportado la democracia sino el caos. Un caso que luego ha provocado las migraciones que arriban al Mediterráneo… Es muy fácil para Europa olvidar el Mediterráneo: ya no es considerado una riqueza sino un problema.

La lección balcánica

Los Balcanes, cuya guerra cubrió como periodista (además de la guerra de Afganistán o el colapso del Telón de Acero) y a la que dedicó el libro-reportaje Maschere per un massacro (Feltrinelli, 2012), ha sido uno de sus puntos de atención. De esa experiencia sacó muchas de las enseñanzas que configuran su visión de lo europeo. Amigo de la federación como razón de ser de Europa y enemigo de los nacionalismos, ve en la independencia de Kosovo, en 2008, un posible fin de la idea europea, en el sentido de que alentó a los diversos nacionalismos en el viejo continente y sirvió de justificación a Putin: “Si Estados Unidos había permitido eso en Kosovo, él podía hacerlo en el Donbás. De hecho, la secesión del Donbás utiliza las mismas palabras que la de Kosovo”, señala el escritor.

El regreso del fascismo es otro de los males que ve el triestino, al que le conmueven las manifestaciones masivas antifascistas que se han producido en Berlín y otras ciudades alemanas. “Pero no nos confiemos: eso son las ciudades, y el populismo de extrema derecha crece en el campo. Las manifestaciones me alegran el corazón, pero ellos siempre vienen de noche”, dice.

En su extensa obra, Rumiz ha practicado especialmente el viaje, como se demuestra en su libro sobre la Vía Apia, Apia (Feltrinelli, 2017), o en Trans Europa Express (Feltrinelli, 2015), un viaje en el que parte de Finlandia para llegar a Ucrania. O en È Oriente (Feltrinelli, 2005), una serie de periplos en el entorno de los Alpes y el Danubio. En ciertas escenas del largo poema aparece el turismo masivo, que el autor asemeja a una guerra que destroza los lugares y sus esencias. “Cuando solo tratamos de complacer a los turistas perdemos la identidad. Por ejemplo, en Venecia los turistas quieren escuchar canciones napolitanas y los gondoleros las cantan”.

- Usted ha viajado mucho. ¿Cuál es la diferencia entre un turista y un viajero?

- El turista es ansioso, no busca sorpresas, sino alguien que le lleve, como los cruceristas. Es una fuerte metáfora política: no importa la persona ni la democracia. El viajero, en cambio, es un anarquista. Su conocimiento del mundo no tiene que ver con el número de kilómetros, sino con escuchar la voz del camino.

- Se puede viajar sin ir muy lejos.

- Si un hombre está sentado en la puerta de su casa escuchando el relato de los que pasan, ese hombre es un viajero, porque viajar es escuchar. Los grandes geógrafos venecianos construyeron el mundo escuchando lo que contaban los capitanes de los barcos que llegaban al puerto.

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Sobre la firma

Sergio C. Fanjul
Sergio C. Fanjul (Oviedo, 1980) es licenciado en Astrofísica y Máster en Periodismo. Tiene varios libros publicados y premios como el Paco Rabal de Periodismo Cultural o el Pablo García Baena de Poesía. Es profesor de escritura, guionista de TV, radiofonista en Poesía o Barbarie y performer poético. Desde 2009 firma columnas y artículos en El País.
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