GENTE CON LUZ

Concha Buika: “No hay nada más joven, más ‘sexy’ y con más ganas de vivir que una mujer de 50 años”

La cantante mallorquina, que vive en Miami, regresa de gira a España

Concha Buika, cantante y escritora. Fotografía de BERNARDO PÉREZ. Vídeo de PAULA CASADO

Llega, reventando las costuras de un vestido mostaza con uno de esos estampados que te trasladan a la sabana africana, aunque estemos en plena meseta castellana en el día más tórrido del año, y establece una complicidad inmediata a base de acabar cada frase con un “mami”, “nena” o “hermana”. Años llevaba una sin saber de ella más que muy de vez en cuando —a pesar de que, en 2019, el mismísimo Carlos Santana la eligió para cantar su discazo Africa Speaks—, después de haber sido hace tres lustros artista de portada tras portada. Pero aquí está ella, de vuelta a casa tras su supuesto eclipse, dispuesta a cantarlo y contarlo todo en este verano pre-pospandémico. Empecemos por donde la dejamos.

Cuánto tiempo. ¿Dónde se había metido?

En Miami, donde vivo hace muchísimo, girando sin parar. Ha habido años en los que no he estado ni mes y medio en casa.

¿Por qué no me he enterado?

No sé. Cuando visito a mi madre me dice: “Ay, hija, si tú fuiste famosísima y ahora...”, y yo le digo: “Pero, mamá, si vengo de hacer una gira de 200 bolos”. España es mucho de la tele y lo que no sale en la tele no existe.

¿Le duele no ser profeta en casa?

Ni me preocupa ni me importa. Me parece estupendo, no pasa nada. No tengo necesidad de aprobación, no soy víctima de eso. Me apruebo yo, que ya es mucho. Una vez aprendes eso, el resto te la suda.

¿Cuánto tardó en darse ese aprobado?

Muchísimos años, por todas las vocecillas internas y externas que te dicen que tú no vales, o que vales menos, porque no estudiaste, o porque no hiciste esto o lo otro. Pero, en realidad, el altavoz de tus opresores eres tú y el puñal de quien te critica lo afilas tú. Cuando ves que, mejor que buscar culpables, es enfrentarse al espejo, empiezas a vivir tranquila.

¿Cuándo se vio de veras en ese espejo?

Hace tres años me arruiné por segunda vez y me entró una inseguridad muy grande. Me sentía vieja, gorda, que ya no podía ofrecer nada a la música. Hasta que mi hijo, viéndome así, me dijo que su máxima aspiración es estar tranquilo. Y dije, coño, este es un genio. Olvídate de lo demás, que es muy bonito y está muy bien, pero realmente, para nosotras, que llevamos toda esa fatiguita histórica detrás, la felicidad es la tranquilidad de afrontar la vida como quieras.

¿Por qué se fue de España?

Tuve un ataque de jartura. Eres hija de inmigrantes, no eres de un sitio ni de otro. En el barrio hay como siete lupas puestas sobre ti. Eres la vergüenza de la familia si cometes un error y el orgullo de todos los guineanos si lo haces bien. Es un peso muy grande. Y para mí es complicado, porque soy un poco solona y locatis, y me gusta estar a mi bola.

Escribe sobre mujeres difíciles. ¿Por qué tiene fama de serlo usted misma?

Porque no soy sumisa, porque digo que no si no me apetece, porque no me siento obligada a nada y no necesito la aprobación de ningún hombre para hacer nada. A las mujeres que sabemos regirnos por nosotras mismas nos ponen el sambenito de difíciles, pero no creo serlo.

¿Es ya libre a estas alturas?

Nadie lo es del todo. La clave está en escoger a tus verdugos, no ellos a ti. Estamos condenados a la esclavitud, somos dependientes del aire para respirar, de la comida, de que alguien nos toque para sentirnos vivos. Pero a partir de que empiezas a elegir de qué quieres depender, la cosa empieza a ser más liviana. Libertad es poder elegir tus cadenas.

Hace 15 años confesó estar casada con un hombre y una mujer a la vez. ¿Fue valiente o suicida?

Sincera. Tríos y hasta cuartetos los ha habido siempre, y más en España, que somos muy folladores y juerguistas. Yo solo lo dije. Siempre estoy enamorada. Ahora de un chaval, mi Santi, trombonista, más guapo y más bueno... Tiene 10 años menos y cuando se enteró mi madre dijo que qué vergüenza.

¿Es inmune a los celos?

Los sentí alguna vez, y no quiero volverlos a sentir en la vida.

¿Eso cómo se hace?

Pues queriendo más al amor que a la persona. Enamorándote más de lo que vives con ella que de la persona en sí, que es un ser tan errático como tú. Es cuestión de no huir de la soledad hacia el amor. Tengo la suerte de que mi pareja entiende que mi primer amor es la música y mi público, y después de él, todo lo demás.

¿Tanto ama a la música?

Por supuesto. Somos soldados, nena. Nuestra locura la escogimos, no es una enfermedad. Cuando la humanidad es tu jefa, ¿qué cojones puede opinar tu marido?

¿Qué es para usted el público?

Tu vida, tu nevera, la seguridad de tu hijo, un oficio, un destino, un por qué. ¿Te parece poco?

¿Solo cosas materiales?

No te equivoques. Me hace gracia cuando la gente dice que no le gusta hablar de dinero, sino de las cosas del corazón. Vale. Cuando no puedes pagar la luz y tu hijo estudia con una vela, ¿dónde te resientes? En el corazón. O sea, que hablar de dinero es hablar de cosas del corazón. Las cosas materiales se consiguen con el sudor de la cabeza y el corazón. ¿No es así? Pues ahí estamos.

De dónde saca ese dominio de la palabra sin haber estudiado.

Porque he crecido con gitanos y eso te da mucha agilidad mental. Es broma. O no tanto. Mi papá era escritor. Y yo estaba fascinada con la lectura de niña. Era el único mundo con el que yo podía sentir que la vida no dolía tanto, porque yo era pequeña y mi entorno era duro. Muy duro. Me cabreaba, me daba rabia. Yo no crecí en un barrio en el que pudieras soñar con ser princesa.

¿Con qué soñaba, entonces?

Con escaparme lejos. Me asomaba al balcón y decía, nunca saldré de aquí. Era como una cárcel.

¿Cuál fue su lima para huir?

Mi voz y mi falta de miedo a no tener la protección de nadie.

¿La voz es su cara o su cruz?

Mi voz es mi cielo y mi infierno. Porque no es fácil. A veces no sale bien. La idea de lo que quiero cantar es una, luego el cuerpo es otro, y lo que sale otra. Pero es tan bonito cuando ves a la peña emocionada. Igual si hubiera salido como yo quería no gustaría. La música es un misterio y un milagro.

¿Se emociona a sí misma?

Mucho. Entro en trance, tanto en el estudio como en el escenario. A veces, paso una semana sin ducharme, casi sin comer, conectada conmigo y cuando escucho el resultado me siento fuerte. Energéticamente es muy potente. Es muy, muy crazy, por eso no necesito drogas ni nada, nena, salvo mi porrillo de vez en cuando.

Se declara “nómada” en todo. ¿También en el sexo?

Claro. Es que este es un viaje de un solo sentido, hermana. No volveremos nunca. Así que hay que gozar el camino. Yo no quiero perderme ninguna fiesta.

Sin embargo, tiene leyenda de alma herida y atormentada.

Sí, y es curioso. Porque yo no sufría. Desde niña me he sentido muy bien en mi persona. Los que tenían problemas conmigo eran los otros. Eso es como a una amiga, que la acosaba un jefe y se sentía culpable ella. A mí nunca me han acosado, porque he sido siempre la jefa y yo no he acosado a nadie. Pero, igual que a nadie se le ocurre decir que mi amiga provocaba al jefe, no voy a sentir culpa por gustar o no a los otros. Lo cual no quiere decir que no tenga mis cicatrices.

O sea, que está como nunca.

Nada, mamita, soy un Sputnik. Estoy around the fifties, rondando los cincuenta, así que ahora, rock and roll. Hasta ahora han sido ensayos, ahora empieza la fiesta.

Pues para algunos somos invisibles.

Eso es la ceguera de la envidia. No hay cosa más joven, más sexy, con más ganas de vivir y de hacer cosas y más segura de sí misma que una tía de 50. Tienes a los chiquillos grandes, estás liberada de todo, no necesitas a nadie. El mundo es tuyo.

Si hace tres años se veía vieja y gorda, ¿dónde está el cambio?

En la cabeza y el corazón. Ahí está todo, mami.

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