Ai Weiwei: “Occidente está perdiendo sus valores”

El artista chino, perseguido por el Gobierno de su país, habla sobre ‘Coronation’, el documental grabado hace un año durante el confinamiento de Wuhan que no se atrevieron a programar los grandes festivales y plataformas

El arista Ai Weiwei, el 3 de marzo en Montemor-O-Novo (Portugal).
El arista Ai Weiwei, el 3 de marzo en Montemor-O-Novo (Portugal).PEDRO NUNES (REUTERS)

El mundo tendrá que luchar para proteger la libertad de expresión y la democracia después de la pandemia si quiere construir un “verdadero sistema inmunológico” para la sociedad. La voz de alarma la alza Ai Weiwei (Pekín, 63 años), artista chino perseguido por su Gobierno. Alerta de que China “le ha ganado” la batalla estratégica a Occidente en una entrevista por videoconferencia un año después de que se declarase la pandemia. Y acusa al mundo de haber sucumbido a los intereses financieros, abandonando valores y principios.

En 2020, su película Coronation abrió una ventana a la hermética crisis sanitaria en Wuhan. Pero enseguida descubrió que las trabas para contar lo que pasó en el primer epicentro de la pandemia no solo las ponía el Partido Comunista Chino. Grandes festivales de cine en Europa y Norteamérica, así como Netflix o Amazon, se negaron a proyectar el filme. El 13 de marzo, finalmente, su obra se pudo ver en el Festival de Cine sobre Derechos Humanos de Ginebra, tras entrar en el programa del Festival de Barcelona de la misma temática (entonces se pasó también en Filmin). Pero el artista no se hace ilusiones. Para él, el mundo jamás sabrá qué sucedió realmente en Wuhan a finales de 2019. Y también avisa: la ola democrática de los últimos 40 años está llegando a su fin, y la censura será profunda en el mundo pospandemia. A su juicio, políticos como Jair Bolsonaro ignoran el debate entre “la vida y la muerte”.

Pregunta. Usted no es bienvenido en China. ¿Cómo lo hizo para rodar en Wuhan?

Respuesta. Grabé la primera pandemia en 2003, cuando apareció el SARS. Con lo cual, cuando eclosionó la actual, no era la primera vez que trabajaba con el tema. He hecho otras películas de investigación en China, lo que me trajo problemas. Sé cómo rodar y qué grabar. Contamos con la ayuda de colegas y artistas confinados en Wuhan. Sabíamos que sería dramático. Pero nunca pensé que sería una explosión mundial y que aún hoy estaríamos en la misma situación, con personas muriendo por miles. Y sin saber cuándo se va a acabar todo esto. Me puse en contacto con la gente que conozco y en la que confío. Les daba una serie de directrices cada día; después, me enviaban las imágenes. Fue increíblemente difícil debido a la situación del confinamiento porque la gente no podía desplazarse. Pero contábamos con personas en seis hospitales y también en espacios temporales creados para tratar a los pacientes.

Cuando uno no tiene voz, no cuenta. O no es más que un número. Las emociones y los valores ya no son relevantes

P. ¿Qué quería mostrar?

R. Intentamos mostrar diferentes aspectos. No solo lo de los hospitales. También de la vida cotidiana, de la gente abandonada y olvidada. Pienso que la mayoría de las personas carece de voz en este mundo. Y cuando uno no tiene voz, no cuenta. O no es más que un número. Las emociones y los valores ya no son relevantes. Presentamos personas que vivieron esa situación, y una de ellas se suicidó al final.

P. Las plataformas globales no difundieron la película. ¿Qué revela eso sobre la influencia de China?

R. Me enorgullezco mucho de lo que hicimos. Esta es, probablemente, la película más importante sobre la pandemia y sobre China. Quería mostrar cómo actúa China en el escenario político mundial. Y cómo el mundo entiende a China. Paradójicamente, la primera lección que aprendí no fue de China, sino de Occidente. A todos los principales festivales de cine del mundo a los que les intentamos presentar el filme, de Toronto a Nueva York, así como a distribuidores como Netflix y Amazon, les encantó el resultado. No se podían creer que hubiéramos conseguido hacer eso. Algo tan poderoso y emocional, pero al final, la respuesta que obtuvimos fue: “No podemos aceptarla”.

Una imagen del documental 'Coronation', de Ai Weiwei, sobre el inicio de la pandemia en Wuhan (China).
Una imagen del documental 'Coronation', de Ai Weiwei, sobre el inicio de la pandemia en Wuhan (China).

P. ¿Cómo se lo tomó?

R. Yo entiendo la situación. El mercado del cine, hoy, es chino. En febrero, China superó a Estados Unidos como mayor mercado cinematográfico del mundo. El principal consumidor del planeta en la actualidad es China y para los festivales esto significa estar bajo una autocensura o bajo censura de China. Está claro que solo pueden presentar películas que lleven el Dragon Seal (Sello del Dragón), reconocido por el departamento de propaganda del Partido Comunista Chino. Obtenerlo es prácticamente imposible. Muchos de mis compañeros en China nunca lo van a conseguir. Así que, aunque no critique a China, nadie va a presentar una película mía. No pueden estar asociados a mi nombre. Eso afectaría a sus posibilidades comerciales. Allí, solo el Estado compra. No estamos hablando de un país occidental, donde hay agentes privados. Pero incluso la industria del cine en Occidente se negó a proyectar mi película. No pueden perder aquel mercado. No es algo que esté bien o mal.

Nos enfrentamos a un monstruo más grande de lo que imaginamos. No sabemos dónde está el enemigo

P. ¿Entonces qué es?

R. Occidente está totalmente colapsado con la necesidad de capital y por la búsqueda de beneficios. Han abandonado las libertades y otros argumentos.

P. ¿Cómo cree que afectará la pandemia a la libertad de expresión?

R. La cosa empeorará en todo el mundo. En China estamos bajo un intenso control y supervisión. Acabamos de saber que grandes empresas de tecnología han filtrado datos de usuarios a empresas chinas. Todo está vigilado por el Gobierno. Por lo tanto, las autoridades pueden controlar la información de individuos en Occidente también. Esa es la nueva realidad. China venció en términos estratégicos y, por eso, podemos prever nítidamente que la libertad de expresión se verá gravemente afectada. Occidente está perdiendo sus valores. Asesinan a un columnista de The Washington Post [Jamal Khashoggi] en una embajada y el Gobierno estadounidense dice que no pasa nada. Si Occidente puede aceptar eso, no hay ninguna posibilidad moral de argumentar. Julian Assange sigue en prisión. Hablar de libertad de expresión es una broma. Solo se permite que se diga lo que ellos aceptan. Nunca te dejarán decir algo realmente crucial o cuestionar lo establecido.

No creo que la pandemia esté abriendo la mente de la gente para entender la dimensión del desafío al que nos enfrentaremos

P. ¿Cree que un día sabremos lo que realmente ocurrió en Wuhan?

R. No. El régimen comunista es muy poderoso y fuerte y mantiene el sigilo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo solo una misión superficial. También ellos son responsables; al principio de la crisis dijeron que la enfermedad no era transmisible entre seres humanos. Nos estamos enfrentando a un monstruo más grande de lo que imaginamos. No hay Estado ni ideología, y no sabemos dónde está el enemigo.

La ola de 30 o 40 años de democratización está llegando a su fin

P. ¿Sufrirá la democracia cuando pase la pandemia?

R. La ola de 30 o 40 años de democratización está llegando a su fin. Si te fijas en lo que sucede en Brasil o en EE UU, y en tantos otros países, ves que hay un enorme retroceso en la idea del Estado liberal. Muchos de esos países están en crisis, dejando un espacio enorme a los regímenes autoritarios.

P. ¿Cómo podemos protegernos de todo eso?

R. La sociedad civil tiene que defender la libertad de expresión y una voz independiente. Si no tenemos eso, no tendremos el control sobre el futuro.

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