Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
OPINIÓN i

Jordi Évole sale de casa

Esto nuevo del presentador ofrece una visión cinematográfica de lo que ocurre porque este país ahora no está para ser grabado con cinexín

Jordi Évole, en una imagen promocional de 'Lo de Évole'. En vídeo, avance de la serie.

Lo de Évole empieza con el señor Évole, padre de Jordi Évole, poniendo cara de póker cuando su hijo le anuncia el nombre de su nuevo programa. Comen los tres, madre, padre e hijo, en una pequeña salita. Évole se encuentra luego en la calle con Gemma Nierga, que cuenta que cinco minutos antes de su debut en La Ventana la tuvieron que sacar de un baño de la SER en el que estaba llorando de miedo. "¿Y cómo se va a llamar tu programa?", le pregunta ella. "Lo de Évole", contesta. Se produce entonces un silencio muy divertido porque no se sabe si Nierga, en lugar de responder, se va a estampar contra un escaparate. Évole da la explicación: "Es que al día siguiente la gente en la calle habla de 'lo de Évole". Y tiene razón el periodista catalán, pero al despojar a la gente de eso que era suyo, a saber lo que dirán ahora al día siguiente.

La primera entrega de este nuevo formato periodístico de Producciones del Barrio funciona a la manera de un prólogo. Se nos anuncia qué es esto ("quiero reconstruir Cuerda de presos", dice Évole, en referencia al programa de entrevistas en la cárcel de Jesús Quintero a principios de los 90), qué se va a hacer para conseguirlo (pasan el exministro Belloch y el contestador automático del ministro Marlaska por el metraje; Belloch permitió las entrevistas en 1993, Marlaska no está por la labor) y todo ello bajo la sombra de Quintero, huidizo, por el que Évole va preguntando a todo el mundo hasta llegar a Javier Salgado, el hombre que le escribía las preguntas a Quintero, pero no los silencios. Aquellos silencios antológicos en mitad de una entrevista de Jesús Quintero muchas veces se debían, según Salgado, a que Quintero no tenía ni idea de qué decir. "Se quedaba en blanco".

Hay también para el recuerdo pequeñas píldoras de varias de las entrevistas que Quintero hizo antes de Cuerda de presos. Por ejemplo en 1988 a Rafi Escobedo, culpable de los asesinatos de los marqueses de Urquijo, que le dice a Quintero con un cigarro en los dedos: "Yo estoy destruido, no me queda nada, no tengo nada qué hacer aquí". Se ahorcó días después, tenía 31 años. Y un hombre que ya salía en el documental Mi querida España de Mercedes Moncada (en Filmin); un preso encerrado por matar a su mujer al que Quintero pregunta si es machista, y el hombre responde con toda la ingenuidad: "Qué es eso". Cuando Quintero se lo explica, asiente: "Ah, sí, sí, claro que sí". Háganse un favor después de ver Lo de Évole: pongánse Mi querida España, la historia de este país a través de 30 años de entrevistas de Quintero.

Évole llega al mismo tiempo a casa del maestro de San Juan del Puerto y a la cárcel de Lledoners. En Andalucía le recibe Jesús Quintero con un abrazo y lo mete dentro de su casa. Dice Quintero la mejor frase del programa: "No traerás preguntitas". Mientras, Junqueras bromea con Évole. "Esta entrevista es dura porque cuando acabe yo me voy de aquí y tú te quedas", dice el periodista. "Lo podemos hacer al revés", responde Junqueras. Sólo hay un mínimo fragmento de la entrevista que se emitirá dentro de una semana, pero es suficiente; la interrumpe el presidente de la Generalitat, Quim Torra, para anunciar elecciones. Évole le pone la noticia a un Junqueras pasmado.

En Salvados, antes con Évole y ahora con Gonzo, funciona una ley no escrita: la suerte la tiene el que la busca. Lo de Évole empieza con la actualidad de la casa y la vida de Évole y acaba con la actualidad de España en una cárcel catalana con una noticia bomba. Es Jordi Évole saliendo de su casa, Salvados, para pedir por favor que lo metan en la cárcel. Todo ello conseguido a partir de lo que dice el padre de Évole en la primera escena sobre lo que hacía diferente a Quintero: la atmósfera. Cada uno viaja con la suya. Se delatan en no más de tres planos; ya sabe uno lo que viene cuando empieza. Y esto nuevo de Évole tiene no sólo la huella del presentador sino de la producción espectacular de siempre, una visión cinematográfica de lo que ocurre porque además este país ahora no está para ser grabado con cinexín.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >