Análisis
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John le Carré, el Dickens de la Guerra Fría

Toda la obra del maestro de la novela de espionaje gira en torno a un único tema: cómo permanecer moral en un mundo inmoral

John le Carre, en Deia (Mallorca) en agosto de 2019.
John le Carre, en Deia (Mallorca) en agosto de 2019.SAMUEL SÁNCHEZ

El narrador británico William Boyd definió a John le Carré como “el Dickens de la Guerra Fría”. “Los dos novelistas han logrado construir un mundo propio que refleja el nuestro”, escribió. Es una comparación que hace justicia al gran maestro británico de la novela de espías, fallecido el sábado a los 89 años en Cornualles, según anunció el domingo su agente literario. Le Carré es uno de los grandes escritores del siglo XX y, al igual que el autor de David Copperfield, toda su obra está redactada desde un profundo impulso moral. A él no le tocó describir la pobreza y la injusticia de la primera revolución industrial, sino el mundo despiadado de engaños y mentiras de la Guerra Fría, que vivió primero como agente secreto británico y que luego contó como novelista.

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Las 24 novelas de John le Carré tratan, en el fondo, un solo tema: cómo se puede permanecer moral en un mundo inmoral, qué podemos hacer para no dejarnos arrastrar por la miseria que nos rodea. Y él pasó por los mismos dilemas a los que sometió a sus personajes. Su libro de memorias, Volar en círculos, apenas cuenta nada sobre su vida en el espionaje, porque prometió guardar silencio hasta el final de sus días. Sin embargo, una reveladora biografía del profesor de la Universidad de St Andrews Adam Sisman, John le Carré. The biography, relataba que se infiltró en grupos de extrema izquierda para informar sobre la labor de personas que se habían convertido en sus amigos. Todos sus personajes, desde George Smiley hasta Alec Leamas, el protagonista de El espía que surgió del frío, viven obsesionados por los pactos con el diablo que han tenido que firmar para vencer en la Guerra Fría. Y era algo que él mismo se preguntaba.

Un padre estafador

John le Carré, pseudónimo de David Cornwell, aunque aseguraba que nunca supo de dónde había sacado su nombre literario, era un hombre afable, divertido y acogedor que recibía como amigos a los periodistas en su casa de Cornualles y hablaba de los temas más delicados con una pudorosa sinceridad. Explicaba, por ejemplo, cómo le marcó el hecho de que su padre fuese un ladrón y un estafador: eso le llevó a intentar hacer lo correcto toda su vida. Visitó España en 2019, ya enfermo, pero sobre todo muy enfadado por el Brexit. Se quedó en un pequeño hotel de la sierra de la Tramuntana, en Mallorca, y concedió dos entrevistas por su último libro, Un hombre decente (Planeta).

Pero no quería preguntas sobre literatura, solo quería hablar de un tema, el Brexit, que calificaba como “la mayor idiotez perpetrada por el Reino Unido”. Se lamentaba, como podría haberlo hecho George Smiley, de un mundo en el que reinaban personajes que despreciaba, como Boris Johnson o Donald Trump (se cuestionaba en serio si el presidente de EE UU podría ser un agente controlado por los rusos), y se preguntaba si valieron la pena todos los esfuerzos que se hicieron para ganar la Guerra Fría, todas las inmoralidades que se cometieron en nombre de la libertad. Fue un idealista, un hombre decente que nos obligó a enfrentarnos a nuestras propias contradicciones. Como Dickens, sus libros han contribuido a mejorar nuestra sociedad.

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