Crisis del coronavirus

Muere por coronavirus el dibujante Juan Giménez a los 76 años

El artista argentino, dedicado al cómic fantástico y autor de ‘La casta de los Metabarones’ junto a Jodorowksy, residía en España y se cree que viajó a su país ya contagiado

Juan Giménez, en una imagen reciente.
Juan Giménez, en una imagen reciente.

Quiso Juan Giménez, histórico dibujante de lo fantástico y, sobre todo, postapocalíptico, transmitir “alma y vida propia a todas sus ensoñaciones metálicas”, como apuntó la crítica. Luego una pandemia como las que habían arrasado los mundos que imaginó al pincel, se lo llevó. El autor de la parte gráfica de clásicos de la talla de La casta de los Metabarones, cuyo guion firmaba el siempre visionario Alejandro Jodorowsky, murió este jueves en su Mendoza natal (Argentina), víctima del coronavirus. Tenía 76 años, y hacía apenas unos días que había regresado a su país, procedente de Sitges, la ciudad costera catalana en la que vivía desde hacía años.

Nacido en noviembre de 1943, Giménez aseguraba, como hacen a menudo los dibujantes, que él jamás había dejado de dibujar. Que siendo niño ya copiaba los cómics que le gustaban, todos siempre relacionados con lo pulp, algo que acabó marcando un estilo que elevaba el concepto del género a un elevadísimo nivel artístico que contó, desde el principio, con discípulos que trataron de imitar lo inimitable. Con tan solo 16 años, ya publicaba en revistas de aventuras de su país como Frontera, Misterix y Hora Cero, pero quizá no viéndole una salida económica clara, a principios de los años sesenta lo dejó para dedicarse a la publicidad. No tardaría en regresar.

En los setenta ya entregaba historias cortas a la revista Skorpio, clave en el auge de lo pulp en esa década en Argentina, historias que se recopilarían en el álbum. El extraño juicio a Roy Ely. Pero donde verdaderamente se curtió fue en la redacción de la mítica revista gráfica Fierro, para la que no solo dibujaba sino también escribía, en los años ochenta. Para entonces, ya había empezado a publicar sus propios volúmenes siempre firmados por guionistas que entonces, como él, empezaban pero que acabarían teniendo un nombre en la historia de los historietistas de su país. El más destacado de los primeros fue La Estrella Negra (1985).

La Estrella Negra, cuyo guion lo firmaba uno de los guionistas con los que más trabajó, el también argentino (y fallecido en 1999) Ricardo Barreiro, es un clásico de lo postapocalíptico galáctico, que había sido concebido por sus autores casi una década antes – cuando su buen hacer en la historieta serial bélica As de Pique que publicaba la revista Skorpio les dio la idea para un volumen que intentarían vender en España –, pero, pese al auge de lo fantástico – por el estreno de Star Wars – les costó encontrar editorial. Ya no sería así en el caso de los siguientes. La Estrella Negra marcó un antes y un después en la forma en que incluso se concebía el futuro, una siempre catástrofico, como debía serlo todo futuro que criticase al presente, en la historieta hispanoamericana.

Su arte fue siempre internacional, y valorado especialmente en Francia, donde desde el principio fue bienvenido – colaboró en algunas entregas de la francesa Métal Hurlant –, y donde recibió numerosos premios, entre ellos el prestigioso Bulle d’Or, en 1994. Cuatro años antes, en 1990, había recibido el Yellow Kid norteamericano a Mejor Dibujante Extranjero, considerado algo así como el Óscar del cómic. Entre sus obras más conocidas figuran Cuestión de tiempo (1982), Basura (1988), El cuarto poder (1989), Ciudad (1991) y, en especial, La casta de los Metabarones (1992), un clásico entre los clásicos de lo bizarro fantástico. La serie fue publicada originalmente por Humanoïdes Associés – los responsables de Métal Hurlant – y tuvo un éxito enorme en Estados Unidos.

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