Música

Muere a los 70 años Genesis P-Orridge, figura musical transgresora y pionera del rock industrial

Al frente de grupos como Throbbing Gristle y Psychic TV puso las bases de géneros experimentales y defendió hasta el final la provocación como vehículo artístico

Genesis P-Orridge en Nueva York, en 2007.
Genesis P-Orridge en Nueva York, en 2007.Neville Elder / Redferns

Nació varias veces. Primero como Neil Andrew Megson (Manchester, 1950). Se rebautizó Genesis P-Orridge, en 1965. Mutó una vez más en 1993 al convertir su matrimonio con la enfermera y artista Jacqueline Breyer en un experimento pandrógino que diluyó la individualidad de ambos en un híbrido: Breyer P-Orridge. Ninguno de estos fue un personaje: todos fueron una misma persona que consideraba la vida como un experimento subversivo apasionante. Una vida que se apagó, a causa de la leucemia, el 14 de marzo. Genesis P-Orridge tenía 70 años.

Su andadura artística arrancó con el colectivo COUM Transmissions (1969-1976), cuyas performances artísticas y musicales materializaron sus primeros intereses: Tristan Tzara, el beatnik, los asesinatos rituales, el porno y la magia. En Prostitution, una de las muestras más polémicas en la historia del arte británico, P-Orridge y su sempiterna socia de la época, Cosey Fanni Tutti, exhibían en la galería ICA de Londres una colección de objetos sangrientos que incluía vendajes costrosos, tampones usados o botellas de sangre. Irónicamente, todo estaba a la venta. “Quieren demoler nuestra civilización”, clamó la prensa ante una violencia intelectual desconocida hasta la época.

Aquello devino en la que se considera la banda seminal del sonido industrial, algo natural para artistas con inquietudes sonoras que habían nacido en una ciudad de fábricas en mitad del siglo XX. Throbbing Gristle (1976- 1981), Cartílago Palpitante en español, aquilataba las punzantes ideas de P-Orridge en discos como D.o.A: The Third and Final Report of TG, 20 Jazz Funk Greats o Heathen Earth. El cut up o edición aleatoria de William Burroughs y Brion Gyson —nuevos amigos de la banda mancuniana— suponen aquí la gran innovación. Joy Division era otra referencia; de hecho P-Orridge quiso acabar con su grupo y montar otro con su cantante Ian Curtis. El suicidio de este no permitió la materialización de la insólita formación.

Psychic TV (1982) fue la tercera y última gran aventura. El/la artista del shock daba una vuelta de tuerca a su electrónica brutal, psicodélica y experimental. La influencia del Marqués de Sade, la curiosidad por Charles Manson y una colaboración con el polémico gurú del LSD Timothy Leary marcan este capítulo. El grupo visitó España numerosas ocasiones, desde los 80 —su actuación de 1984 es una de las más recordadas del programa La Edad de Oro— hasta 2016.

Hubiera seguido haciéndolo, pero las constantes convalecencias de Genesis fueron el principal problema. De hecho, se les esperaba en 2017: la galería madrileña Modus Operandi presentaba la esmerada exposición Discipline. The Art of Psychic TV, recién llegada del Rubbin Museum de Nueva York y con materiales creados y seleccionados por Genesis. No pudo estar.

En los últimos años Genesis Breyer P-Orridge visibilizaba su actividad en Instagram: @pandrogyne mostraba su fragilidad entre catéteres y respiradores y sus momentos favoritos junto a Lady Jaye (1969-2007). Ella fue co-protagonista de su obra más hermosa y compleja cuando uno y otra se emplearon en modelar su cuerpo —numerosas visitas al quirófano mediaron en ello— fijándose el uno en el del otro. Un documental de Marie Losier muestra el proceso: La balada de Genesis y Lady Jaye (2011).

Se calcula en más de 200 obras su legado, que aparte de grabaciones incluye libros, filmaciones y obra plástica, parte de la cual es propiedad de la Tate Modern londinense. En los últimos años malvivía económicamente, pero recibía la ayuda de sus fans en todo el mundo. No en vano su magnetismo llegó a generar un culto en torno a su obra e ideas: Thee Temple Ov Psychic Youth (TOPY), traducido como “El Templo de la Juventud Psíquica” y consagrado al aspecto más ligado a lo mágico y psicodélico.

La leucemia acaba con su vida el mismo día en que nuestra parte del planeta acepta la reclusión por el coronavirus. La importancia de su peripecia vital es mayúscula para un mundo que por fin asume la naturalización de la transexualidad y de otras sexualidades no normativas. Todos ellos, todas ellas, hoy lloran más la pérdida de un ser humano irrepetible.



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