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COLUMNA i

Chenoa, la blancura y la estanquera de Amarcord

¿Merece la pena ver una televisión sin sustos?

La estanquera de 'Amarcord'.
La estanquera de 'Amarcord'.

Comentaba Chenoa el otro día en la SER lo feliz que le hacía ser jurado de Tu cara me suena. Entre los motivos de orgullo destacó que puedes dejar la tele encendida mientras tus hijos ven el programa y marcharte sin miedo a que aparezca en pantalla nada que los niños no puedan ver. Un elogio de la blancura muy celebrado, supongo, en las reuniones de las AMPAS.

Tu cara me suena es, por tanto, lo contrario de Joker, con ese rumor de que miles de papás han llevado a sus niños y han tenido que sacarlos de la sala tapándoles los ojos en la segunda escena, con el trauma ya formado en esos cerebritos tiernos. Mira que la propia Warner emitió un comunicado en el que advertía de que la película de Joker era una película, que ya son ganas de advertir. Pues ni por esas. A esos hijos de padres mal informados no les rescata ni la temporada entera de Tu cara me suena con ración doble de chascarrillos de Chenoa.

Para mis sesiones de terapia guardo un recuerdo catódico que aún me alimenta pesadillas. Mis padres creían que lo de los rombos era propaganda nacionalcatólica y que nada que saliera por la tele podía afectarme en modo alguno. Que solo es la tele, idiota, me decían, con el mismo espíritu didáctico que los comunicados de la Warner. Por eso, una noche me encontré viendo la escena de la estanquera de Amarcord que grita: “¡He dicho que chupes, no que soples!”. Esa teta gigante me ha perseguido desde entonces, causándome asfixia, arritmia y sudoración.

Cuando Chenoa alaba la blancura de su programa, en realidad, está diciendo: vean la tele tranquilos, que ningún personaje de Fellini se saca un pecho. Pero, desde mi trauma, me pregunto: ¿merece la pena ver una tele sin estanqueras ni sustos?

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