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“El empresariado taurino es un sector muy cercano a Rinconete y Cortadillo”

Carlos Zúñiga, gerente de seis plazas, critica el sistema y analiza la economía de la fiesta

toros
Panorámica de la plaza de toros de Gijón.

Carlos Zúñiga (Valladolid, 1977) es la cabeza visible de Circuitos Taurinos, la empresa que gestiona las plazas de toros de Zaragoza, Gijón, Aranjuez, Zamora, Colmenar Viejo y Navaluenga (Ávila). Asegura que es empresario taurino por tradición familiar y vocación, y estos días anda ajetreado porque el martes 13 comienza la feria de Gijón, y el 24, la de Colmenar Viejo, dos citas de prestigio en el calendario taurino.

Está casado desde hace dos años con una mujer que le ofrece "una gran estabilidad emocional”, y separado empresarialmente de su padre, con quien comenzó hace ya 25 años. Apasionado y comprometido con su profesión, llega acalorado a la cita porque anda buscando toros sobreros por el campo para sus próximos festejos.

Se sienta y rompe el hielo inicial con un lamento que le sale del alma:

“A una parte del empresariado taurino parece que le molesta que haya jóvenes emprendedores que intenten salir adelante con personalidad propia. Como si les incomodara que no estés bajo sus garras, convencidos de que con su poder económico pueden avasallar”.

“Algunas grandes empresas intentan desprestigiar a los empresarios jóvenes con infinidad de artimañas”

Y aclara a continuación que no se refiere a ANOET (Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos), que integra a las grandes empresas, “sino a algunos de sus miembros, que intentan desprestigiarte con infinidad de artimañas”.

“Pero la realidad es la que es”, insiste; “y ahí está mi currículum: mi empresa está limpia con la Seguridad Social, Hacienda y los bancos. No tengo créditos, ni un impago, ni debo nada a ningún torero. No tengo deudas, ni debo un euro a nadie. En mi empresa cobra todo el mundo. Cada día de corrida yo pago a las nueve de la noche al contado, por transferencia o cheque”.

—Ciertamente, el empresariado taurino no goza, en general, de una buena reputación…

Carlos Zúñiga, en un burladero de la plaza de Gijón.
Carlos Zúñiga, en un burladero de la plaza de Gijón.

—Así es, y lo notas cuando debes negociar con un Ayuntamiento o empresas ajenas a este mundo. Este es un sector muy cercano a Rinconete y Cortadillo, los pícaros personajes de Cervantes. Debemos modernizarnos y actuar con mayor transparencia. Yo tengo más libertad si pago al contado que a seis meses; se negocia mejor cuando no debes nada. Otros tendrán una opinión diferente, pero esta es mi visión empresarial”.

—Usted no se considera, entonces, integrante del "sistema", el gobierno en la sombra que maneja el espectáculo taurino.

—No. Fui socio fundador de ASOJET (Asociación de Jóvenes Empresarios Taurinos), hace ya algo más de diez años, y nacimos con la ayuda de ANOET, pero el grupo está prácticamente disuelto.

“Las figuras son muy caras, pero siempre se puede negociar”

—Ha habido, entonces, zancadillas de los grandes empresarios.

—A veces, sí. ANOET hace muchas cosas bien y otras no. Por ejemplo, cuando el pliego de la plaza de Zaragoza estaba concedido a mi empresa, lanzó un ataque voraz, y la justicia nos dio la razón.

—En una palabra, que no dejan espacio para nuevas iniciativas…

—No todos. También hay gente buena que ha asimilado la competencia con calidad y facilita la entrada de nuevos valores.

Carlos Zúñiga aprendió el oficio junto a su padre, que fue novillero con picadores, apoderado y empresario por las plazas de Castilla hasta que ambos ganaron el concurso de la plaza de A Coruña, que les permitió acceder a los cosos de segunda categoría. Una diferente concepción del negocio (“en contra de mi opinión, mi padre mantiene que se puede ser empresario y apoderado, y que la empresa debe estar al servicio del torero”) fue la causa de una separación que les ha obligado a seguir caminos diferentes.

—Y, a pesar de todo, se le ve entusiasmado con su profesión…

—Sí, soy feliz. Y también muy preocupado por averiguar qué le puede interesar al aficionado. Creo que toda feria debe descansar en tres puntales fundamentales: figuras, torismo y jóvenes valores.

—¿Son imprescindibles las figuras?

—Creo que sí; quizá, mis plazas tengan un toque más torerista que otras, pero es así.

—¿No son muy caras?

—Siempre lo han sido. A veces, es verdad, se aferran a unas condiciones que superan las posibilidades de la plaza, pero si el empresario es claro y pone las cartas sobre la mesa, las figuras suelen ser consecuentes con la realidad. Y siempre hay que contar con el riesgo empresarial.

—¿Quiere decir que se pueden rebajar los emolumentos si hay media plaza?

—Evidentemente, no van a cobrar la mitad, pero tienen lidia; quiero decir que se puede negociar. Al menos, a mí me pasa.

—No será usted capaz de contar lo que gana una figura en sus plazas. ¿Por qué tanto secreto?

—No lo sé. Es verdad que es un tema tabú, propio de una tradición de muchos años. Me he criado en un ambiente empresarial y nunca he sabido lo que ganaban Antonio Ordóñez, Paco Camino o El Viti.

—Pero, ¿cobran mucho los toreros?

—Cobran lo que generan, y no puedo decir otra cosa. Pero no es menos cierto que ellos no bajaron su caché con motivo de la crisis económica. Insisto en que soy un privilegiado porque he recibido su ayuda cuando la he necesitado, pero las cifras no pueden ser las mismas que antes de la crisis.

—¿Y usted gana dinero?

—Yo vivo, no malvivo. Digamos que esta actividad da para un sueldo. Si un día aciertas, solucionas muchos problemas económicos, y si fallas, te los creas. A día de hoy, me considero un privilegiado porque gozo de equilibrio económico.

—¿Y cree que el suyo es un sector empresarial con capacidad para ilusionar a jóvenes emprendedores?

—Sí. He visto crecer a mi lado a nuevos valores con ideas diferentes a las mías pero igualmente válidas. No es un sector fácil, sin duda. Hay muchos tabúes, y somos muy clasistas a la hora de permitir la entrada a gente nueva, pero, poco a poco, algo mejora.

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