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La ucronía del amor

El drama habla de un clásico de las relaciones amorosas: las posibles envidias, y lo logra, quizá sin brillo pero siempre con delicadeza y cierto gancho romántico y cómico

'Amor a segunda vista'
François Civil y Joséphine Japy, en la película.

Las ucronías románticas, películas de amor sobre realidades alternativas ficticias en las cuales los hechos se acaban desarrollando de un modo distinto a como en principio habían sido pergeñados por el propio autor, vivieron un momento de curioso clímax en el año 1998, cuando coincidieron en la cartelera una producción española y una británica hablando exactamente de lo mismo: ¿qué hubiera pasado si en lugar de hacer esto hubiera hecho lo otro en mi vida amorosa? Lluvia en los zapatos, película de María Ripoll escrita por Rafa Russo, y Dos vidas en un instante, de Peter Howitt, reflexionaban sobre el modo de recuperar el amor perdido, o conseguir el nunca logrado, después de haberla cagado en el primer caso o de haber dejado pasar una oportunidad imposible de rescatar en el segundo.

AMOR A SEGUNDA VISTA

Dirección: Hugo Gélin.

Intérpretes: François Civil, Joséphine Japy, Benjamin Lavernhe, Edith Scob.

Género: romance. Francia, 2019.

Duración: 118 minutos.

Y aunque posteriormente llegaran ¡Olvídate de mí! y La vie d’une autre, y todas ellas puedan aparecer en una reseña internacional que aborde el estreno de la también francesa Amor a segunda vista, la que seguramente nunca saldrá en esos textos a pesar de ser la pionera es la española La vida en un hilo (1945), del genio Edgar Neville.

Obras que tienen tanto que ver con el peso de la culpa como con el de la eterna insatisfacción amorosa. Y en esas dos vertientes entra también la simpática Amor a segunda vista, tercer trabajo como director de Hugo Gélin, hasta ahora conocido en España por Mañana empieza todo, el baboso remake francés de la lamentable película mexicana No se aceptan devoluciones.

Sin embargo, Gélin, también coguionista, se muestra aquí mucho más aplicado, con habilidad para narrar a través de montajes musicales con imágenes atractivas, y amparándose en otro clásico de las relaciones amorosas: las posibles envidias, o al menos insatisfacciones, que pueden habitar en el interior de uno de los componentes de una pareja que se dedica a actividades artísticas (en esta, un novelista y una pianista), pero en la que solo uno de los dos ha conseguido triunfar.

Y lo logra, quizá sin brillo pero siempre con delicadeza y cierto gancho romántico y cómico, gracias a tres intérpretes estupendos: François Civil, del que ya habíamos disfrutado en Nuestra vida en la Borgoña y Clara y Claire; la encantadora Joséphine Japy, y el formidable Benjamin Lavernhe, de la Comédie-Française, la compañía nacional de teatro, que con su cara del montón borda a ese amigo gris, fiel y agudo, secundario (im)prescindible en este tipo de comedias románticas.

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