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Íñigo Errejón: “Yo sí habría aceptado la oferta de Pedro Sánchez”

El líder de Más Madrid lamenta el pulso entre partidos: "La política viril es estéril"

En vídeo, el líder de Más Madrid, Íñigo Errejón.

Íñigo Errejón, madrileño, de 35 años, y líder de Más Madrid, está convencido de que por escrito “dices cosas del otro que no salen cuando lo tienes delante o al teléfono”. Su abuelo era cartero. Él y Pablo Iglesias, cofundadores de Podemos, rompieron por carta. Lleva cinco años en primera línea y en su primer verano después de ese divorcio revela una lección aprendida: “Cada vez creo más en el componente emocional, de piel, de la política”. 

Pregunta. “La hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales. Afirmación-apertura”. ¿Qué le pasaba? ¿Dónde le dolía?

Respuesta. (Ríe). Estaba en Atenas en una conferencia de Syriza y será que en Atenas le da a uno por ponerse intenso.

P. ¿Lo ha vuelto a repetir?

R. Me reafirmo: la hegemonía es un ejercicio entre afirmar las ideas y tener capacidad para llegar a un entendimiento con otros que no piensan como tú exactamente, pero a los que puedes proponer un horizonte compartido. Claro, todo eso no cabía en un tuit. Por escrito se me ha escapado alguna vez más, pero oral no me lo puedo permitir porque el que me oiga se morirá de risa.

P. ¿Qué lección aprendida en sus 10 años de boy scout recomendaría a Podemos, y viceversa?

R. En la primera, que la cooperación llega más lejos que la competencia, y que a veces los caminos son largos y hace falta perseverancia y paciencia. De Podemos a los scouts, que hacer una sociedad mejor a veces implica pelear, no vale con darse la mano y desearla.

En vídeo, Íñigo Errejón, sobre la oferta de Pedro Sánchez a Unidas Podemos en la investidura fallida.

P. Hay un meme que dice: “Última oferta del PSOE a Iglesias: una vicepresidencia, tres ministerios y Bale”. A usted, que es del Madrid y fue de Podemos, ¿le parece justa?

R. Si con Bale se solucionara, lo cedía de mil amores (ríe). En la política española hace falta mirada larga. Nadie está pensando dentro de 10 años, sino en el próximo telediario y así es imposible hacer ningún sacrificio porque nada vale la pena si todo es mercancía que se gasta rápidamente. Esa mirada larga es lo contrario de Twitter, de los fuegos artificiales y de este régimen de rueda de prensa permanente en el que vivimos. Tenemos que dejar de contarnos todo el rato lo que está pasando y mirar qué queremos que pase en adelante.

P. ¿Usted habría aceptado la oferta de Sánchez: una vicepresidencia y tres ministerios?

R. Sí.

P. Y Más País ¿cómo le suena?

R. Me suena mejor Más Madrid. Aquí intentamos un Gobierno diferente y Ciudadanos se retrata eligiendo a Vox cuando tenía nuestra mano tendida. Eso ha hecho que mucha gente nos mire, también en el resto de España, y creo que entre dos grupos que no se ponían de acuerdo se ha usado mucho el rumor de que Más Madrid pensaba dar un salto a la política nacional para meterse miedo. Pero las negociaciones que se basan en el miedo no funcionan. Los ministerios no son compartimentos estancos; hay que construir una relación de confianza y, si no se puede, deberían asumir otras fórmulas para compartir una acción de gobierno incluso sin compartir Gobierno. La política basada en la derrota del otro vale un día. Tiene mucho que ver con esa confusión entre la virilidad y la política entendida como un pulso. El martes le doblas el brazo, pero el miércoles el otro intenta hacer lo mismo y eres impotente. Es una política estéril.

P. ¿Se ve en un proyecto a nivel nacional en algún momento?

R. La política da muchas vueltas. Estoy en Más Madrid y tengo tiempo para construir una organización. Me apetece hacerlo bien.

P. ¿Cuál ha sido su momento más alegre en política?

R. Cuando entramos a gobernar el Ayuntamiento de Madrid con Manuela Carmena, cuando tomé posesión de mi escaño...

P. ¿El más triste fue Vistalegre?

R. Ese fue un día feo, pero también el de la repetición de las elecciones generales [2016]. Y para mí fueron difíciles las navidades pasadas en las que asumí que estaba en un sitio donde no me querían, que se había desplazado de aquello por lo que lo fundamos y tomé la decisión de abrir algo más grande con Manuela.

P. ¿A qué atribuye esa división patológica de la izquierda?

R. A la dificultad casi congénita de conciliar los principios con el pragmatismo para aplicarlos. Si solo tienes pragmatismo, te puedes convertir en un cínico, pero si solo tienes convicciones morales, te puedes convertir en un fanático. Tienes que darte cuenta de que nunca serán igual de hermosos que en tu cabeza, sino un poco más contradictorios, a medio camino. Y la izquierda tradicionalmente ha creído que la verdad está constituida y el que se aparta un milímetro es un vendido. Vive en una especie de inquisición permanente. Como si lo que más definiera a la izquierda es que el de al lado no lo es.

P. En su campaña prometían “más gorriones y más niños dando voces”. ¿Cómo pensaban hacerlo?

R. No era tanto una promesa como una forma un tanto poética de decir algo que para algunos es ingenuo, pero para mí es radical: queremos una ciudad más humana. Es un poco ridículo este callejón en el que nos hemos metido por el cual parece que cuando un político habla de lo que de verdad importa: tener tiempo, cuidarnos, respirar mejor... es como si fuera un blando y que lo que tenemos que hacer es salir muy serios con corbata a hablar de pactos de Estado.

P. Complete la frase: No te perdonaré jamás…

R. Acaban de prohibir un concierto de Luis Pastor [y de su hijo Pedro]. No les perdonaré jamás ese ánimo revanchista con el que han llegado al Ayuntamiento de Madrid para deshacer y castigar. Es un triste destino.