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¿Lo escuchan? Es el silencio de todo un festival viendo a Rosalía

Tras sus actuaciones en las dos ediciones del Primavera Sound en Barcelona y Oporto, la catalana se prepara para actuar este sábado en O Son do Camiño

Rosalía, en su actuación durante el Primavera Sound de Barcelona el 1 de junio. En vídeo, Rosalía interpreta 'Catalina' en el Primavera Sound.

Lo difícil en 2019 es ir a un festival y no escuchar a alguien hablando. Es prácticamente un hito vivir algo así, sobre todo si estás rodeada de decenas de miles de personas. Pero a mis 30 años he tenido el placer de sentirlo. Fue en el Primavera Sound de Barcelona, en el concierto que ofreció Rosalía durante la última jornada de esta popular cita musical, en el escenario principal y en prime time. Concretamente, en primera fila y rodeada de un público que reservó su sitio con una hora de antelación.

Mi primera vez en el Parc del Fòrum fue en 2015, cuando Patti Smith nos hizo llorar a todos con Horses. En aquel momento, varias personas reclamaron silencio a los pocos que se atrevieron a perturbar aquel show para la memoria. Pero lo del otro día, lo de Rosalía, lo de El Mal Querer en directo estaba repleto de silencios, de los que hablan y de los que simplemente no dicen nada y lo dicen todo a la vez. Un espectáculo donde la coreografía también conseguía callar a los asistentes.

La verdadera gran hazaña de Rosalía fue congregar a todo tipo de públicos en un mismo espacio y a la misma hora: madres, padres, niños, solteras, veteranos del festival, indies cabreados y amantes del reguetón. Todos juntos bajo el manto de la noche. Durante 60 minutos la de San Esteve de Sesrovires, que mezcló catalán, español e inglés para hablar con los allí presentes, consiguió que en la ciudad solo se escuchasen olés y palmas, y que el flamenco fuese cabeza de cartel absoluto de, posiblemente, el festival más alternativo del circuito nacional.

La situación fue curiosa. A mi izquierda, alguien cumplía veintitantos, a mi derecha, alguien celebraba los nueve acompañada de su madre. Y ambos confesaron ante Rosalía que aquel era "el mejor regalo de cumpleaños" que podían haber recibido. "Sin palabras", repetían. Ella, con purpurina en el rostro, quería presenciar Con altura, la última colaboración de la cantante con otra de las sorpresas del cartel del Primavera, J Balvin, pero el que apareció fue James Blake. Bendita aparición. Lo cierto es que a la joven le daba igual, ya había cumplido su sueño, estar allí, y sabía que aquella iba a ser la primera vez de muchas.

El clásico de Las Grecas, los silencios de A ningún hombre y Catalina, o sus solos en De madrugá provocaron que hasta el menor de sus seguidores en el público se viniese arriba: "Nunca pensé que esto me iba a gustar de esta manera. No quiero que se acabe este concierto", confesó Alberto, cuyo máximo aliciente de la noche antes del show de Rosalía era Primal Scream. Incluso la única persona del recinto que me contó que no iría a su concierto porque ya la había visto antes no se pudo resistir a los encantos de la artista: "Bueno, cinco minutos igual sí que voy".

La verdad es que en cualquier rincón del recinto se habló de Rosalía. Muchos no entendían la dimensión del fenómeno, como una canadiense que admitía no entender el porqué de su éxito, sin embargo, otros dejaban claro su mensaje: "No hubiese venido al festival sin ella en el cartel". Lo cierto es que ella sigue conquistando al público allá donde va, lo hizo este fin de semana en la edición portuguesa del Primavera, y antes en grandes plazas como Coachella o Lollapalooza.

Este sábado visitará Santiago de Compostela con motivo de O Son do Camiño para seguir haciendo historia dentro de los festivales, un formato que se pelea por tenerla. Buena muestra de ello es la inesperada fiesta de bienvenida del Mad Cool, que este año contará con la autora de Malamente como estrella principal. Días después, en julio, Rosalía será cabeza de cartel del Bilbao BBK Live y del Doctor Music Festival. Mucho ruido, a pesar de los silencios que provoca.

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