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Malpaso quiere caminar recto

El dueño mexicano del grupo editorial promete saldar las deudas con intereses

Caseta de Malpaso en la Feria del Libro de Madrid.
Caseta de Malpaso en la Feria del Libro de Madrid.

El empresario mexicano Bernardo Domínguez Cereceres entró en el mundo de la edición española en 2013 a través de Malpaso para “pasar de millonario a rico”, como decía a su allegados, y como homenaje a un viejo sueño de su abuelo, que le inculcó la pasión lectora y por el mundo cultural. Pero desde 2017, cuando el grupo empezó con sus impagos y deudas, más que gloria ha recogido quejas y desprestigio. El pasado martes, su respuesta por Twitter a la traductora Ana Flecha a la que Malpaso adeuda dinero (“No seas ridícula! Se te deben poco menos de 4 mil euros”) desató una oleada de indignación en el sector y provocó que Domínguez emitiera anteayer un comunicado en el que avanzaba un “plan de garantía de deuda” por la que se comprometía a saldarla, pagando incluso intereses a los damnificados.

Domínguez abordará la deuda tras el inicio de una “reestructuración financiera” iniciada en julio pasado, de dos modos: a los acreedores de cuantías menores de 2.000 euros se les pagará, antes de octubre, “el 100% del adeudo con un 5% de interés por el plazo vencido”. A los que sobrepasen la cifra se les abonará “el 100% más el 5% de intereses anuales por el tiempo transcurrido”, algo “aceptado ya por un 70% de ellos”.

La manera de afrontarlo, según fuentes consultadas, es muy distinta: las cuantías inferiores estarían siendo abonadas “con recursos económicos propios de Domínguez”. Las segundas, donde estarían las partidas más abultadas, de decenas de miles de euros, correspondientes a imprentas y a la distribuidora, saldrían de un “fideicomiso irrevocable de garantía”, gestado el pasado marzo. Así, Domínguez habría entregado al Banco Autofin de México una finca de 131 hectáreas valorada en 12,5 millones de dólares para su venta y con la que debe hacer frente, obligatoriamente, a la deuda del grupo Malpaso, que en el sector se calcula entre 700.000 y un millón de euros.

La finca pertenece a la empresa mexicana Desarrollo Servicios de Construcción (DSC), gigante de la vivienda, el turismo y la obra pública y núcleo del imperio de Domínguez. El fideicomiso fija que la operación de venta del terreno debería hacerse en un plazo de dos años, antes de marzo de 2021. De no realizarse, se podría pedir una prórroga de dos años más, si bien entonces el valor del inmueble puede disminuirse en una quinta parte. Así, los grandes creditores de Malpaso podrían no cobrar hasta 2023.

En paralelo, el grupo editorial habría seguido su proceso de adelgazamiento, que ha dejado la plantilla en apenas una decena de personas entre las sedes de México, Madrid y Barcelona, frente a las 24 de hace un año y a las 40 que llegaron a conformarla. Asimismo, desde mayo los sellos han vuelto a las librerías, si bien a una media de cinco títulos al mes, la mitad de los que se lanzaban. Hasta finales de año hay previstos 29 títulos entre seis de los siete sellos del grupo (siete en Malpaso; 16 en Biblioteca Nueva, dos en Dibbuks, dos en Los Libros del Lince y uno en Salto de Página; de Minerva no consta ninguno). Todos estos libros no incrementarían la deuda del grupo porque sus costes estarían ya abonados. También se han enviado cartas a autores asegurándoles que se quiere “pagar todo lo que se debe y continuar vendiendo sus fantásticos libros”.

Pero el malestar no parece remitir: la Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes lanzó ayer un comunicado de apoyo a Flecha, que ha interpuesto demanda ante un juzgado de primera instancia de Barcelona y que hasta mayo de 2017 había cobrado los trabajos realizados para el grupo Malpaso, informa Tommaso Koch. La presencia del grupo en la Feria del Libro de Madrid también incomoda. Si bien los estatutos prevén que pueden ser excluidos de la misma “libreros, editores y distribuidores que no se encuentren al corriente en cualesquiera obligaciones frente a asociaciones o gremios”, si lo están en la cuota del gremio de editores tienen luz verde para estar, informa Peio H. Riaño. La caseta 314 mide tres metros, lo que supone un alquiler de 3.000 euros.

Ana Flecha: "Si lo sé, no hubiera entregado esa segunda traducción"

Tommaso Koch

Ana Flecha dudó. Y, luego, escogió mal. Lo dice a posteriori, después de meses de quejas, impagos, la apertura de un proceso monitorio y un reciente encontronazo en Twitter que ha devuelto su caso a la actualidad. Por eso, si volviera a aquel julio de 2017, cambiaría su decisión. Entonces, la autora ya había traducido dos obras para el sello Los libros del lince —adquirido por Malpaso en 2016 y rebautizado Lince ediciones— y recibido los pagos correspondientes. A la tercera, sin embargo, algo se torció: la entregó, envió la factura en mayo de 2017, insistió en junio pero siguió sin ver el dinero. Lo que la llevó en julio hasta una encrucijada: debía consignar una cuarta traducción, a un sello que todavía no le había pagado la anterior. Varios amigos le recomendaron que no lo hiciera. Ella, en cambio, decidió fiarse. Además, le parecía poco honrado no respetar un contrato. Pero resultó que tenían razón ellos: desde entonces Flecha no ha recibido un solo euro por ninguno de los dos trabajos, ni tampoco por un informe que también realizó para Lince ediciones. “Si hubiera llegado a pensar que no me pagarían, no habría entregado esa segunda traducción”, confiesa ahora, por teléfono.

En los meses siguientes, la traductora reclamó su dinero, tanto por correo como llamando a la editorial. Le respondían que le pagarían, pero que se armara de paciencia. Cansada de esperar, en enero de 2018 envió un burofax a la editorial y en abril del mismo año acudió a visitar su sede en Barcelona. Dice que la contable le aseguró que “tenían voluntad” de saldar la deuda pero que, si quería, iniciara una denuncia. Al fin y al cabo, varios autores y traductores ya lo estaban haciendo. Así que Flecha puso en marcha un proceso monitorio, ante un juzgado de primera instancia de Barcelona. A la vez, la traductora, en agosto de 2018, se sumó al coro de creadores que lamentaban en las redes sociales los impagos del universo editorial de Malpaso. “No tengo ningún problema con los trabajadores del grupo, sino con la junta directiva. No he dicho nada que no sea objetivo y demostrable”, agrega.

Esta semana, Flecha vio que Malpaso estaría en la Feria del Libro de Madrid, que sigue publicando, y aprovechó para volver a recordar en Twitter su deuda pendiente. Primero, le contestaron desde Lince ediciones: “Nosotros no te deseamos mal y tampoco descalificamos tu trabajo". Después intervino el presidente del grupo, Bernardo Domínguez. “Lince es una empresa independiente que te contrató un servicio que aún te debe. Ni más ni menos. Tú calumnias a Malpaso”, le escribió. Traductora y directivo intercambiaron varios mensajes, y en uno de ellos el mexicano terminó estallando: “No seas ridícula! Se te deben poco menos de 4 mil euros”. Sus palabras desataron una oleada de indignación, a la que se sumaron escritores, traductores, librerías, asociaciones profesionales y hasta editoriales como Blackie Books, bajo el lema #Malpasopagaya. Y Flecha cuenta que ha recibido decenas de mensajes de solidaridad y apoyo.

Lo que todavía no ha llegado, sin embargo, es el pago. Y eso que, según la traductora, la editorial sí declaró en 2018 la retención del IRPF por sus trabajos, a la vez que ella debió liquidar el IVA de un cobro que todavía no había realizado. Flecha asegura que desde el juzgado se le ha comunicado el embargo de las cuentas de la editorial, para hacer frente a sus impagos.

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