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ESPEJO DE VÍCTIMA CRÍTICA i

Diálogos sobre víctimas y manadas

'Espejo de víctima' es un sugestivo díptico de Ignacio del Moral que no da al espectador respiro ni tiempo de tomar partido

Eva Rufo y Jesús Noguero, en 'Espejo de víctima'.
Eva Rufo y Jesús Noguero, en 'Espejo de víctima'.

Un sugestivo díptico sobre el barullo de los victimistas, el silencio de las víctimas y la facilidad con la que alguien puede pasar del lado correcto al oscuro, sin que la voz de su conciencia se alce. En ‘La lástima’, primera pieza de Espejo de víctima, un político es entrevistado por una periodista del suplemento semanal Yo, Mujer, mientras se celebra la votación que lo pondrá al frente de su partido.

El director Eduardo Vasco coreografía minuciosamente el tanteo que ambos personajes llevan a cabo, los intentos de acercamiento de uno, la distancia marcada por el otro, sus bajadas de guardia, las señales de cortejo que emiten inconscientemente, mientras ellos, interpretados por Jesús Noguero y Eva Rufo, se estudian, se interrogan, se interrumpen, se acometen, hacen presa y se zafan.

A través del diálogo magnético entre quien en un futuro próximo será jovial candidato a la presidencia del Gobierno y la incisiva reportera, Ignacio del Moral muestra puntos de vista y sentimientos encontrados respecto a algo sucedido tiempo atrás que marcó a fuego la vida de ambas criaturas. Él lo olvidó hace mucho; para ella, es como si hubiera sucedido ayer.

Teatro de ideas bien vehiculadas, dialéctico, que cambia la perspectiva del relato con agilidad cinematográfica, sin darle al espectador respiro ni tiempo de tomar partido. En ‘La lástima’, el discurso del autor se convierte en acción interior, ambos coprotagonistas tienen sus buenos minutos de posesión de la razón y el empuje dramático es ascendente e imparable. Nada de cuanto se dice tiene desperdicio.

Noguero le presta a su candidato locuacidad, buena percha, linda faz, el dinamismo de los jóvenes líderes de los partidos españoles de ámbito nacional con representación parlamentaria y una fe infinita en sí mismo, sin la cual sería improbable aspirar con posibilidades de éxito a lo que él aspira. Está como para dar el salto de la ficción a lo real. Rufo colorea vigorosamente los diferentes estados del alma por los que va pasando su ambiciosa y un tanto infatuada periodista. Y Del Moral les da a ambos personajes, con sutil mano izquierda, unas vueltas de tuerca dramática vertiginosas.

‘La odiosa’, segunda pieza del díptico, puede servir para ilustrar la idea de que en vez de víctimas de una agresión debiéramos hablar de supervivientes, porque nombrar en positivo a los afectados les pone en la senda de la superación del trauma. Del Moral plantea aquí un caso extremo, que, aunque plausible, el espectador contempla con distancia mayor, quizá porque el texto resulta algo discursivo. Mientras el visitante fríe a preguntas a su anfitriona y la pone perdida de observaciones, esta lleva el peso del relato.

Lanzados en cada réplica con arrojo kamikaze, Rufo y Noguero mantienen en alto la segunda cara de este Jano bifronte. Al público dominical le gustaron la función y la cercanía con los actores que propicia la Sala de la Princesa del teatro María Guerrero.

Espejo de víctima. Texto: Ignacio del Moral. Dirección: Eduardo Vasco Sala de la Princesa. Teatro María Guerrero. Madrid. Hasta el 21 de abril.