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Antonio de la Torre rompe su maldición

El actor más nominado de la historia vuelve a ganar el Goya 12 años después

Antonio de la Torre, con el Goya a mejor actor protagonista por 'El reino'.

Al principio, Antonio de la Torre se equivocó. O, quizás, los Goya le engañaron. “Pensé que te nominaban y automáticamente te daban el premio, que funcionaba así”, se reía el intérprete hace días. En efecto, en 2007 aquello se cumplió: primera candidatura, por Azuloscurocasinegro, y cabezón al mejor actor de reparto. Veni, vidi, vici. Mejor, imposible.

A partir de entonces, sin embargo, los Goya le enseñaron la lección opuesta. Admirado, cada año. Nominado, casi siempre. Ganador, nunca. De la Torre se ha convertido en el intérprete con más candidaturas de la historia (13), en cuatro ocasiones ha optado a dos premios en el mismo año –al doblete de nominaciones ya se le llama “hacer un delatorre”- pero se acostumbró a irse de la gala de vacío. Hasta ayer: al fin volvió a subir al escenario, para recoger el segundo Goya de su carrera, al mejor actor protagonista. El reino le devolvió la corona.

Aunque, a sus 51 años, el malagueño ha logrado algo aun más complejo. Transformista, dueño de registros cómicos y dramáticos, ha encarnado a policías y payasos y ha demostrado que puede engordar o aprender a bailar, si el papel se lo pide. Cambia la piel, pero nunca el resultado: el aplauso unánime del cine español y del público. Su rostro ya es de sobra conocido; su talento, también.

El poder de la mirada

Y eso que a él le costó creérselo. De la Torre cuenta que solo con Grupo 7, en 2012, empezó a sentirse más seguro de sus actuaciones: “Aprendí a confiar en el poder de mi mirada, en los silencios”. El tiempo le daba así la razón a su profesora de interpretación, Cristina Rota, y al aviso que le había regalado. “Tú tienes una cosa que está muy bien: la palabra. Pero cuidado, porque se puede volver tu enemiga”, le explicó.

Le dije a mi mujer: ‘Cariño, te prometo que me estoy quitando de esto del cine español’

Otra profecía puso en marcha su despegue. Su amigo el cineasta Daniel Sánchez Arévalo le dijo en 2006: “Te voy a dar un papel a la altura de tu talento”. Hasta Azuloscurocasinegro, De la Torre había presentado informativos como periodista, y participado en algunos cortos y largos. Pero su amistad con la cámara se volvió idilio. Hoy, es un intérprete capaz de aguantar filmes donde aparece “en cada maldito plano”, como Caníbal o El reino, y que también se ha medido con el teatro. Los directores pujan por él, hasta el punto de que se ha vuelto casi omnipresente. “Le dije a mi mujer: ‘Cariño, te prometo que me estoy quitando de esto del cine español’. Tengo que acabar con las bromas de Twitter que dicen que no hay películas sin Antonio de la Torre”, se ríe.

También puede contar decenas de anécdotas de rodajes y roles. Con una sola excepción. “¿Qué puedo decir de Mujica?”, repite una y otra vez sobre el otro papel por el que estaba nominado ayer, en La noche de 12 años. Más fácil resumir otros recuerdos. Como la rabia reprimida que volcó en Balada triste de trompeta: “Me sentí ninguneado por los críticos en Gordos, así que en las secuencias en las que tenía que enfurecerme me acordaba de ellos. Les doy las gracias”. O su reunión con Álvaro Perez, implicado en la trama Gürtel, para preparar el papel del político Manuel López Vidal, que le ha dado el Goya. Dice el filme que “los reyes caen pero los reinos continúan”. Al de Antonio de la Torre le queda un buen rato.

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