Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La paz atragantada de Colombia atraviesa el Hay Festival de Cartagena

Las fotografías de Jesús Abad Colorado y la obra de Doris Salcedo invitan a defender los logros del acuerdo con las FARC

Manifestación en Colombia.
Manifestación en Colombia. HAY FESTIVAL

Ansiosa por pasar la página del conflicto, Colombia no termina de digerir el acuerdo de paz con las FARC. El anhelado fin de la guerra se le ha atragantado en medio de la amenaza de violencias nuevas o recicladas. Desde el arte y la fotografía, Doris Salcedo y Jesús Abad Colorado, protagonistas del Hay Festival de Cartagena de Indias, han dedicado sus carreras a dignificar a las víctimas de todos los actores armados, más de ocho millones entre muertos, desaparecidos y desplazados. En la ciudad amurallada coincidieron en reivindicar, desde sus disciplinas, el valor de ese pacto que cumple ya más de dos años.

Testigo, caminante y fotógrafo, Jesús Abad Colorado (Medellín, 1967) ha documentado sin descanso la extensa geografía de la barbarie en Colombia. Al reputado fotorreportero antioqueño le habían propuesto en infinidad de ocasiones hacer una película sobre su trabajo. Siempre se había rehusado. Pero la documentalista británica Kate Horne lo buscó precisamente cuando se alistaba a cumplir 50 años, y eso lo motivó a aceptar, consciente de que nació en medio de un conflicto armado que se prolongó por más de medio siglo. Para entonces, todavía estaba fresca la tinta del pacto que selló a finales de 2016 el Gobierno de Juan Manuel Santos con la guerrilla más antigua de América.

El Testigo, la película exhibida en el marco del festival, parte de una idea sencilla: acompañar al fotógrafo a revisitar a algunas de las personas que ha retratado en sus inquietantes imágenes. La muchacha que clava una cruz sobre los restos de su padre en San José de Apartadó, la novia que entra a casarse a la iglesia entre los escombros provocados por un carrobomba en Granada, la niña que se asoma por el agujero que dejó un balazo en la ventana de su hogar en la Comuna 13 de Medellín o los sobrevivientes de la masacre de Bojayá, entre tantas otras. Fotos que registraron muertos y desplazamientos, pero también retornos y actos de resistencia.

“Yo he tomado fotografías de niños y niñas de 10 años que se han desplazado a su corta edad tres y cuatro veces”, declaró conmovido ante un auditorio que acababa de aplaudirlo de pie, entre gritos espontáneos de “a la guerra nada”. “Ustedes no pueden pasar por este documental, ustedes no pueden pasar por mis fotografías, las que están aquí o las que están en Bogotá, y salir tranquilos”, señaló. “El Hospital Militar desde hace dos o tres años se había quedado con las camas vacías y esta es la gran noticia para Colombia. Que nuestros muchachos, soldados o policías, no queden mutilados, no pierdan sus ojos. Pero no lo hemos entendido. Por favor, dejemos de darle el micrófono al que siembra odio, sea representante político o sea líder religioso”, cerró su llamado.

El testigo viene acompañado por una exposición de más de 500 fotografías en el Claustro de San Agustín, en el centro histórico de Bogotá, a pocos metros de la Casa de Nariño –el palacio presidencial- y precisamente a un par de cuadras de Fragmentos, la obra de Doris Salcedo (Bogotá, 1958) hecha con el metal de 37 toneladas de armas entregadas por las FARC. Dos recordatorios del horror de la guerra en el corazón del poder político de Colombia, el lugar donde Salcedo, otra destacadísima abanderada de la paz, también ha desplegado algunos de sus trabajos más importantes.

“Lo que yo quiero es permitir que los ausentes se manifiesten ahí, en ese centro de poder que es exclusivo para los vivos”, ha explicado la artista latinoamericana más reconocida y valorada en el mundo durante su conversación en el Teatro Adolfo Mejía de Cartagena. “Yo siento que tenemos la obligación de increpar ese poder”.

Cartagena fue también el escenario de la firma del acuerdo original con las FARC, un pacto rechazado por una mínima diferencia en un plebiscito que Salcedo califica como “el duelo más fuerte que he sentido en toda mi vida”. Santos refrendó en el Congreso un acuerdo renegociado que alimentó la polarización generada desde el comienzo de los diálogos. E Iván Duque, un crítico de la negociación, ganó las elecciones de mediados del año pasado con la promesa de "corregir" aspectos puntuales.

Con Fragmentos, producto de los acuerdos de paz, Salcedo se propuso mostrar que los colombianos no están condenados a nuevos ciclos de violencia, que son capaces de desarmarse como sociedad. En lo que define como un “contramonumento”, 1.300 placas metálicas fueron intervenidas a martillazos por mujeres que sufrieron abusos sexuales en el marco del conflicto, y ahora son el piso de ese espacio de arte y memoria. “En la guerra no hay vencedores, solo hay victimarios, entonces lo que estaba tratando de hacer era mostrar que las armas se podían destruir, y que nosotros podíamos todos pararnos de una manera equilibrada y libre sobre esas armas”, con lo que se invierte la relación de poder que imponían los fusiles. “Están ahí para ser pisadas y como fundamento del acto de memoria que los colombianos tenemos que elaborar”.

La aclamada artista colombiana cerró con un llamado a acercarse a la experiencia de los que sufrieron esas heridas desgarradoras. Tanto tiempo de trabajar con las personas más impactadas por los embates de la guerra le ha dejado un profundo dolor, que no se esfuerza en ocultar, pero también “una satisfacción enorme de devolver dignidad a la sociedad colombiana, a mí misma y a las víctimas”.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información