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El Lliure minimiza la figura del director para romper con el pasado

El nuevo responsable, Juan Carlos Martel, presenta su proyecto, en el que los creadores no podrán repetir dos años seguidos en la programación y se buscará la paridad en los equipos

 El nuevo director del Lliure, Juan Carlos Martel (izquierda) junto a la nueva adjunta a la dirección artística, Georgina Oliva, y el presidente del Patronato, Ramon  Gomis, ayer en la presentación de su proyecto, rodeados de trabajadores del teatro.
El nuevo director del Lliure, Juan Carlos Martel (izquierda) junto a la nueva adjunta a la dirección artística, Georgina Oliva, y el presidente del Patronato, Ramon Gomis, ayer en la presentación de su proyecto, rodeados de trabajadores del teatro.

La puesta en escena de la primera aparición pública del nuevo director del Lliure, Juan Carlos Martel, no pudo ser más elocuente. Martel se situó en una grada del Espai Lliure, la sala pequeña del teatro, rodeado por buena parte de los trabajadores de la casa, a los que halagó repetidas veces. Marcó así de entrada diferencias con su antecesor Lluís Pasqual (que dimitió en septiembre tras ser acusado de maltrato por una actriz), que tenía mucha contestación en el interior del teatro y hacía sus presentaciones como un one man show.

El nuevo director presentó su proyecto artístico respaldado además por el presidente del Patronato del Lliure, Ramon Gomis, y la nueva adjunta a la dirección artística, Georgina Oliva. “Tenemos el reto muy grande y muy bonito de refundar el Lliure”, manifestó Martel, que matizó que él solo no lo va a hacer, porque “no puedo” y pidió la confianza de la Junta de gobierno, el patronato y “la casa”. El proyecto de Martel, que parece obsesionado con lo social, con actualizar y modernizar el colectivo, con evitar cualquier rasgo de personalismo (se señala programáticamente la “concepción colectiva de la identidad artística” del Lliure) y con apagar los fuegos internos y externos que desató Pasqual, plantea en primer lugar un “decálogo de mínimos” que “el Lliure no debería dejar de cumplir”.

El primer punto de este decálogo es muy significativamente que el Lliure “no girará artísticamente en torno a la figura de la persona que lo dirige”, sino “en función de las necesidades sociales y culturales de la ciudad”. El segundo punto es que “se redistribuirán los recursos para la producción con criterios sostenibles de cualidad, transparencia e inclusión social”. El tercero que se dará apoyo anualmente a como mínimo un creador nuevo. Se pone énfasis también en que un creador o una creadora no podrá repetir dos años seguidos en la programación (Martel aclaró que este punto se refiere a los directores de escena y no a los actores). Cada proyecto tendrá que tener “incidencia y repercusión directa en la comunidad” y “se han de generar sinergias con otras instituciones y fundaciones, tanto culturales como sociales, nacionales e internacionales”.

El Lliure de Martel  tendrá un “comité de programación” con la misión de “supervisar la dirección artística"

El Lliure de Martel (si es que se le puede llamar así visto lo visto) tendrá un “comité de programación” con la misión de “supervisar la dirección artística, con la finalidad de alimentar la incidencia social, de conocimiento y educativa de aquello que se programa”. Este comité estará integrado por otros nueve subcomités: transparencia, paridad e igualdad, dramaturgia, lectura de textos, educación, residencias, proyectos internacionales y nuevas voces, escuela de pensamiento (con Marina Garcès), Lliure en vivo (para implementar las nuevas herramientas digitales y crear un canal Lliure) y Fundación .

El Lliure, según el proyecto de Martel, “no solo ha de ser reflejo de la sociedad sino también un ejemplo a seguir en favor de una identidad colectiva, compartida, abierta, diversa, transversal y transparente”. Entre los objetivos prioritarios de la nueva etapa están el modificar los estatutos de la Fundación que rige el Lliure asegurando, entre otras cosas, el rejuvenecimiento y la paridad al 50 % del patronato.

Martel, que dijo ser bien consciente de la crisis interna y externa del Lliure y su “resaca”, anunció que se va a reunir esta misma semana con el Comité de empresa, la bestia negra de Pasqual, para cerrar “un acuerdo inmediato”. El bienestar de los trabajadores es una prioridad del nuevo director y en ese sentido se buscará más conciliación laboral y para evitar sobrecargas y estrés se va reducir el número de espectáculos en el Lliure y se alargará su exhibición, a fin de que no haya que hacer tantos cambios.

Se van a crear nuevas áreas de mercadotecnia y captación de recursos propios con la finalidad de lograr en los cuatro próximos años (la duración del contrato de Martel) incrementar los recursos propios de los actuales 1,7 millones de euros a 3 millones (el Lliure no puede funcionar con menos de 10 millones de presupuesto, calculó). En lo económico también, se aplicarán “criterios de eficacia, eficiencia y sostenibilidad” para aumentar la financiación y “encarados a la racionalización del gasto”. Martel advirtió que el Lliure “no se venderá”, pero “hay que buscar dinero, no podemos depender eternamente de las administraciones públicas”.

Con respecto a su propia presencia en la programación, Martel subrayó que él también se somete a lo de que no se puede repetir dirección de espectáculo dos años seguidos. Tiene un compromiso previo de una coproducción con el Grec este verano y hará otra dirección a lo largo de su etapa. “No es mi objetivo llegar aquí y empezar a dirigir en la sala Fabià Puigserver (la grande). Esto no va a girar en torno a la figura del director. No estoy aquí para hacerme una carrera nacional o internacional. Estoy para comunicar una serie de inquietudes de la sociedad y de la ciudad”, Reflexionó que la cultura de Barcelona tiene “más colores que los que estamos dando a conocer, muchos colores, religiones y sexos".

El nuevo director explicó los resultados del esperado estudio de riesgos psicosociales encargado por el teatro a raíz del affaire Pasqual. Sorprendentemente, ha salido muy bien.

Pese a que Martel fue ayudante de dirección de Pasqual y trabajó con él en el Lliure parece clara la voluntad de romper con la etapa del anterior director. Saldrán del Lliure de forma inmediata sus dos sucesoras transitorias, la directora artística en funciones Aurora Rosales (de hecho, paradójicamente, la primera mujer que ha dirigido el Lliure) y la gerente, Clara Rodríguez. Se hará una convocatoria pública para cubrir la plaza de gerencia.

El tema Pasqual, que estaba en el aire, tardó en salir (Martel, quizá para marcar distancias de entrada, no hizo el preceptivo agradecimiento a la dirección anterior ni loó los méritos y éxitos artísticos de las pasadas temporadas, como, noblesse oblige, se suele hacer).

El nuevo director explicó los resultados del esperado estudio de riesgos psicosociales encargado por el teatro a raíz del affaire Pasqual y del que ya se dispone y se colgará próximamente en la web del teatro. Sorprendentemente, ha salido muy bien. De los 66 trabajadores han contestado 63 (95,4 %) y se muestran satisfechos o muy satisfechos con su trabajo un 79,6 %. Solo un 8,17 % manifiesta síntomas de poder desarrollar fatiga emocional. En total son 6 personas las que estarían en riesgo de estrés, lo que desde luego no hace del Lliure Fort Apache. El informe no preguntaba específicamente por Pasqual como elemento de estrés.

A la vista del despropósito que parece ser el que Lluís Pasqual haya salido del Lliure y se haya precipitado tamaña crisis y luego el informe psicosocial diga lo que dice, Ramon Gomis, que anunció que dejará la presidencia del patronato, consideró necesario intervenir. Recordó que el factor “externo” de la crisis fueron las manifestaciones de la actriz Andrea Ros “molesta por actitud del director”. “Ha sido un tema muy debatido y creo que en algún momento se acabará de aclarar”, afirmó Gomis. “No somos nosotros los que podemos clarificarlo”. Reveló que el comité de empresa estaba molesto pero que no se oponía a que Pasqual continuara dos años más mientras se hacía la transición en el Lliure hacia un cambio. “No había ningún detalle grave para tomar medidas y por eso apoyamos a Pasqual, pero entonces él presentó su dimisión”. Martel y Gomis coincidieron en que se trata de un capítulo que hay que cerrar.

Sobre su relación con Pasqual, Martel fue muy parco. Dijo que al ganar el concurso para la dirección, recibió un whatsapp de él que rezaba: “Para lo que quieras”. Subrayó que Pasqual tiene la puerta abierta (“en este teatro no se vetará nunca a nadie) y le deseó “la mejor suerte” en Málaga, donde (se anunció el martes) dirigirá el teatro que ha lanzado Antonio Banderas. Preguntado si se siente hijo de Pasqual, respondió tajante: “Yo soy hijo de mi madre y de mi padre”. Recordó que ha trabajado como ayudante de dirección con muchos otros directores, entre ellos Carme Portaceli, Toni Casares y Àngel Llàcer y que su primer contrato fue como camarero en el Teatre Nacional de Catalunya (TNC). Dijo que él ha sido ayudante de Pasqual como este lo fue de Strehler y el italiano fue a su vez amigo de Brecht, para luego ponerse shakespeariano y afirmar que cree “en la transmisión del fuego y no en la veneración de las cenizas”.

Preguntado acerca de qué cree él que pasó con Pasqual, Martel dijo que él no estaba. “He trabajado con Pasqual y con Andrea Ros”, señaló. Al recabársele cómo era trabajar con Pasqual, respondió: “A momentos”. Y añadió “Como con Andrea”. “No voy a valorar las personalidades de ninguno de los dos”.

Sí lo hizo, interviniendo de nuevo -y también de manera shakesperiana (véase Julio César)-, Gomis, que recordó que es “más que amigo” de Pasqual desde niños. “Es un gran creador y hombre de teatro pero en algunos momentos la emotividad le lleva a tener gestos que antes eran aceptables y ahora no lo son, porque la sociedad ha cambiado”. Es algo, reflexionó, “como lo de Picasso, que hizo cosas que ahora ya no están aceptadas”. Para el presidente del patronato, “el creador, como el cirujano” (Gomis es médico), “se siente cercano a la divinidad y es poco permeable a los cambios sociales que se producen. Nos supo mal que dimitiera. Aquello no tenía la gravedad que pidiera su dimisión. Si la hubiera tenido lo hubiéramos cesado, aunque fuera un amigo o quizá todavía más por eso”. Gomis meditó que quizá él mismo tendría que haber dimitido con Pasqual.

En otro orden de cosas y n realidad sin salir de lo mismo, Martel dijo que están estudiando la situación contractual del espectáculo que tienen programado esta temporada de Jan Fabre, artista acusado de acoso, obviamente para ver si pueden cancelarlo.

Dos horas de comparecencia y aún no se había hablado de política, algo insólito en estas tierras. Martel suspiró al decírselo. “Lo hemos conseguido”. Con lo que está cayendo, lo que ha pasado con Pasqual, que insinuó que su escaso entusiasmo por el procés tuvo que ver con la crisis y con el juicio de los líderes independentistas a la vuelta de la esquina, ¿se plantea el nuevo director implicarse más? “Las dos pancartas siguen ahí fuera colgadas” (rezan solo “Libertad” y “Democracia” y son blancas). “Hacemos teatro y no política aquí. Caben todas las opiniones. Debemos ser muy permeables a lo que piensa la sociedad”.

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