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Caio Abreu, héroe gay póstumo en el Brasil de Bolsonaro

Varias reediciones y una nueva generación de lectores recuperan la obra del inclasificable autor

El escritor Caio Fernando Abreu.
El escritor Caio Fernando Abreu.

Era delgado, llevaba gafas de metal sobre unos ojos inquisidores hundidos en la cara. Solía ser lo que no se debía en cada momento. Crítico con la dictadura militar (1964-1985) y abiertamente gay en el Brasil de los setenta y ochenta; enfermo de sida en los noventa. Ese es el mito de Caio Fernando Abreu, el escritor brasileño de cuyo nacimiento se han cumplido 70 años. Murió en 1996, a los 47, dejando tras de sí seis libros de relatos, cuatro novelas y tres obras de teatro. Al menos la primera parte del mito. Una segunda parte nos traería al Brasil del líder ultraderechista Jair Bolsonaro, que acaba de ganar la primera vuelta de las elecciones presidenciales. En ese clima de homofobia, racismo y machismo, la obra de Abreu, que en su día fue underground, se consagra en el canon literario nacional, reeditada por las grandes editoriales, como en su día ocurrió con Clarice Lispector o João Guimarães Rosa. Detrás de este milagro, hay otra generación de lectores con nuevas sensibilidades que han encontrado en este hombre un inesperado icono de la vida en 2018 y, además, uno de los grandes escritores brasileños del siglo XX.

“Son días de repensar la relación de la literatura con la dictadura, un trauma que está presente en todos los libros de Caio, si bien no siempre explícitamente. Y también podemos apreciar mejor los matices queer, los toques de locaza irónica con los que escribía”, opina Schneider Carpeggiani, editor de la revista cultural Pernambuco y de la editorial Cesárea.

Nacido en la ciudad de Santiago (Rio Grande do Sul), también conocida como tierra de los poetas, Caio Abreu escribió prácticamente a lo largo de toda su vida. Escribió sobre abuelas, putas, gais, niños, pueblos, travestis, playas, ciudades y ricos. Era gracioso, hedonista y melancólico. Tenía sensibilidad para el costumbrismo cerrado pero también para el camp y el pop, y podía mezclar los tres a la vez. En tiempos del punk fue tierno; en mundos militares fue queer.

Finalmente, enfermó en tiempos de euforia. En 1994, durante un viaje a Francia, descubrió que tenía VIH. Eso también lo contó. Y hoy el arranque de su Carta desde más allá del muro es una de sus frases más célebres: “Me ha ocurrido una cosa, tan extraña que aún no he aprendido la forma de hablar de ella”. Volvió a casa de sus padres y murió en febrero de 1996. No era ni de lejos un desconocido, pero buena parte de la crítica no sabía muy bien qué hacer con él.

Pero, vista desde 2018, su obra ha sido capaz de llegar a mucha más gente. Su tono irónico resulta ahora menos alienante y su estilo de ficción biográficaahora es mucho más común en las redes sociales. Su falta de tapujos para hablar sobre el sida le ha convertido también en un activista póstumo. “Y cuando lees sus crónicas, te parece que te está hablando de ahora, que el mundo que está describiendo es el de 2018”, defiende Nunes Mello, uno de los escritores actuales más influenciados por él.

“Caio es muy visceral, habla de la angustia, el miedo y a lo largo de los años esa característica le ha dejado marcado entre los lectores jóvenes”, añade la editora Alice Sant’Anna, responsable de revisar todos los relatos de Abreu para el compendio de más de 750 páginas con el que la Companhia das Letras celebra ahora su 70º aniversario. “El contexto ha cambiado pero su forma de hablar desde la contracultura no. Sigue siendo actual. Y merece un lugar entre nuestros escritores más grandes”.

Donde aún no ha merecido un lugar a su altura es en librerías de otros idiomas. En español, no obstante, la editorial argentina Adriana Hidalgo publicó en 2009 una de las novelas: ¿Dónde andará Dulce Veiga?.

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