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El álbum de fotos que desenterró un secreto, un piso en Berlín y una huída

'El último regalo de Paulina Hoffmann', de Carmen Romero, es el periplo de dos mujeres que caminan paralelas separadas por medio siglo

La escritora Carmen Romero, en el Hotel de las Letras.
La escritora Carmen Romero, en el Hotel de las Letras.

Esta historia va de secretos, de páginas crujientes de un álbum familiar, de arrestos y decisiones que nadie nunca quisiera tomar. Va de mujeres. De dos pero de todas en algún momento. Y va de guerras interiores, exteriores, geográficas, políticas y familiares, emocionales. Las páginas de El último regalo de Paulina Hoffmann (Planeta, 2018) cuentan cómo Paulina huye con su madre del Berlín nazi cuando ya la Segunda Guerra Mundial está llegando a su fin, ese momento en el que los rusos ocuparon la ciudad. Salieron entre escombros y sangre y se instalaron en Madrid. Allí morirá la madre de Paulina, ella crecerá, se enamorará y tendrá hijos; se quedará sin su única hija y se hará cargo de su única nieta, Alicia, a la que dejará una herencia que disparará la historia: una llave.

Así comienza una narración que salta de un tiempo a otro, de una vida a otra, como una aguja que engarza, sin prisa, el pasado y el presente. El de Paulina y el de Alicia. En medio hijas, hermanas, primas, tías, sobrinas: otras cuantas decenas de mujeres que dibujan el contexto de una realidad que nace en 1938 y viaja hasta 2016: en un Madrid sin trincheras pero con muchas vendas resecas, en una Málaga distinta y en un Berlín que miró de frente a la Segunda Guerra Mundial hace tiempo para poder seguir hacia delante.

Es una novela de ficción, sí. Pero con heridas reales, inspirada en la abuela de la autora, Carmen Romero (Madrid, 1981), cuya muerte hace cuatro años desencadenó el comienzo de este libro. La realidad es que su abuela era alemana y llegó a España con su abuelo y su madre en 1945; que tuvieron un negocio de exportación de vinos a Alemania; que revisando sus cosas cuando falleció, encontró un álbum de fotos que la autora recordaba haber visto cuando era niña; que de repente vio la vida de su abuela como si estuviese viendo una película; que le costó mucho conseguir más información de la que le daban sus propios recuerdos y esa documentación histórica que suele haber más a mano. Y la realidad también fue que, aunque para Romero escribir era algo que siempre había estado ahí, el miedo al ridículo era alto. O eso confiesa. La culpa la tiene su trabajo de los últimos años, es editora en Ediciones B: "Todo el día trabajando con libros, corrigiendo a otros... Pues sí, te lo planteas. Pero la autoexigencia es alta. Da cierto vértigo y cierto miedo. Respeto".

Acabó decidiendo que sí, que iba a coger todos aquellos retales que acumulaba en su cabeza y los iba a poner en orden. Romero se encoge de hombros cuando cuenta que escribió con pocas cautelas. Al menos el primer borrador, que volcó rápido y con entraña, sin estar muy segura de qué iba a hacer con aquello después. "Lo dejé reposar un mes, y después pensé que de ahí se podría sacar una novela. Tardé más de un año y medio en darle las vueltas que quería". Entonces vino la brega con el trabajo de investigación. Libros de historia y mucha correspondencia, de soldados, de prometidas, de médicos que pasaban los días entre el humo presionando, cosiendo y limpiando costados abiertos de par en par, masas sanguinolentas ya sin forma, rodeados de muerte y desesperanza. 

En ese retrato oscuro está el pasado de la familia de Romero. De su abuela. "Cuando ella se marchó, y a pesar de que yo sabía cuál era su pasado, pude poner en perspectiva lo que de verdad había sido su vida", explica. Una verdad que se parece mucho a otras tantas. "La historia siempre nos ha sido contada desde el punto de vista de los hombres, sin embargo, estas mujeres que lo perdieron todo tuvieron el valor de seguir hacia delante", apunta Romero, que ha sintetizado en las 380 hojas del libro la lucha de toda una generación de mujeres que fueron cimiento y motor de una sociedad que se deshizo entre fuego y polvo. Mujeres que cultivaron patatas entre las ruinas de las bombas, entre los restos humanos de militares y amigos; mujeres que fueron violadas por parte de todos los ejércitos, que se convirtieron en amantes de los militares o se prostituyeron como forma de supervivencia, como escudo y arma para proteger a sus familias y a sí mismas. "Y que luego arrastraron el sentimiento de culpa, como si creyesen que merecían todo lo que les pasó".

Todo ese dolor, a lo largo del relato, es la cinética de las tramas, de todos los hilos de los que va tirando la escritora: del vértigo de Alicia a estar y sentirse sola, de la mala suerte que azota a los personajes, de las despedidas inesperadas, de las elecciones. Al final, este libro transita firme entre dos elementos, los secretos y las decisiones, y, como fondo, todo el arrojo de unas mujeres que quisieron sobrevivir y arañaron lo que se les puso por delante, a pesar de todo. A pesar incluso de sí mismas. Esa es la conexión del libro, y Romero lo sabe: "Solo cuando un sentimiento es verdad, conecta. Y sin emoción, sin sentimientos, la literatura no es nada".

La autora

Carmen Romero Dorr nació en Madrid en 1981. Estudió Periodismo en la Complutense y, cuando terminó, entró a trabajar en Ediciones B, en el ámbito de la Comunicación; desde hace unos años es editora en esa misma firma. Ahora, después de su primer libro, está dudando con la trama del segundo: "No sé si una contemporánea u otra histórica". En cualquier caso, tendrán la maternidad como tema de fondo. "Aunque no como podemos pensar, no de forma habitual".