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OPINIÓN

La cultura después de Montoro

La revisión del IVA, la situación del Prado, el estatuto del creador. Un repaso por los retos que tendrá que enfrentar el sucesor de Méndez de Vigo al frente del ministerio

El ministro saliente de Hacienda Cristóbal Montoro en una sesión en el Congreso de los Diputados, el 30 de mayo.
El ministro saliente de Hacienda Cristóbal Montoro en una sesión en el Congreso de los Diputados, el 30 de mayo. GTRESONLINE

¿Cómo será recordada esta etapa en la política cultural? Más que por lo que se logró  hacer, por lo que no se pudo. Y eso tiene un responsable: Cristóbal Montoro. Pese a que el ministerio de Educación, Cultura y Deporte estaba bajo la titularidad de Íñigo Méndez de Vigo (y antes, de José Ignacio Wert), la presión de Hacienda desbarató muchas iniciativas en los últimos seis años. En Cultura se sentían impotentes ante sus negativas. Y la lucha entre los secretarios de Estado en la época Rajoy –más enconada en la época de José María Lassalle y menos en la de Fernando Benzo- ha sido constante.

En el sector se sucedían las denuncias y las críticas por los desprecios sufridos por el mundo del cine, las artes escénicas, la música, los museos y en el campo de las letras. Un ejemplo fue cuando en 2015 dejó sin partida a los premios nacionales, incluido el Cervantes. Por no hablar del IVA más elevado de Europa (21%), los recortes y las rigideces fiscales insostenibles.

Entre los temas pendientes, destacan varios asuntos para quien venga: dos prioridades museísticas, también una inyección moral y económica para el Museo del Prado, una audaz estrategia referente al español en el ámbito global y las políticas de acción en el exterior, el demandado estatuto del creador, rematar el entuerto de las entidades de gestión, así como un futuro que desatasque el sistemático raquitismo de la música, el teatro y la danza en manos del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música (Inaem), con escaso margen de acción.

Pese a que el ministerio estaba bajo la titularidad de Íñigo Méndez de Vigo, la presión de Hacienda cortaba el vuelo y desbarataba muchas iniciativas desde hace seis años"

Benzo, secretario de Estado de Cultura saliente, dice que lo primero que va a trasladar es la urgencia de cerrar un acuerdo para que la colección de Ella Fontanals-Cisneros quede en España. Los 3.200 cuadros de arte latinoamericano tienen destino: el centro Tabacalera de Lavapiés (Madrid). Ahí compartirán sede con el Centro Social Autogestionado, vibrante foco de creación europeo, y con una nueva pata del Reina Sofía. La fecha prevista es 2020 o 2021, pero quedan flecos del acuerdo por cerrar.

Otra incógnita abierta es la colección de Carmen Thyssen. Las negociaciones sobre una prórroga de su cesión se han ido sucediendo cada seis meses desde que expiró la última fecha límite hace un año. La baronesa quiere que le dejen vender algún cuadro y llegar a un acuerdo de patrocinio que le genere ingresos. En este junio debería cerrarse un nuevo marco de cesión para los más de 1.000 cuadros que le pertenecen.

El grito de socorro último ha llegado desde el Prado. Su director, Miguel Falomir, denunció desde EL PAÍS que los recortes y la falta de presupuesto convertían en una fiesta un tanto fúnebre la nueva reforma del museo y la celebración del su centenario. No había presupuesto claro, ni intención de aumentar la dotación estatal en una institución de prestigio mundial, también amputada por recortes.

La tijera y la negativa de Hacienda a aumentar cupos de horas extras y fiscalizar obsesivamente el gasto, ha echado abajo giras de los ballets nacionales, de las compañías de teatro, de la Orquesta Nacional"

El nuevo Gobierno debería deshacer también el entuerto del español. Hace seis meses, Mariano Rajoy anunció, dentro del año Magallanes, que la estrategia lingüística quedaría dentro de la Marca España y bajo el amparo de Presidencia del Gobierno. Fue una decisión desacertada, que puso en armas a varias embajadas latinoamericanas, a la Real Academia Española (RAE) y al Instituto Cervantes. Ambas instituciones se lo desaconsejaron al ministro Méndez de Vigo. Pero como quien oye llover. Siguió adelante el plan en mitad de un conflicto catalán que exigía banderas identitarias lanzadas desde el Gobierno.

El Cervantes y la RAE llevan dos décadas de delicada diplomacia cultural en consenso perpetuo con todas las autoridades del continente. Es lo que llaman política panhispánica. Algo que huye de la imposición de la norma del idioma dictada desde hace siglos por España para cederla a todos aquellos que lo hablan alrededor del mundo, en función de permanentes acuerdos. Los ataques más claros y furibundos a esa nueva estrategia del PP llegaron por parte de la Asociación de Academias (ASALE), que engloba a 24 miembros y que se pusieron radicalmente en contra de una iniciativa tomada, como mínimo, con poco tacto. Por no decir, con absoluto e inconsciente desconocimiento.

La reivindicación del estatuto del artista y del creador ha sido otra de las escamas de la política cultural. De nuevo la negativa de Montoro a flexibilizar la fiscalidad de un sector frágil ha enfrentado al Gobierno con los distintos ámbitos. Crear resulta incompatible con jubilarse, cuando es precisamente en esa época en la que muchos artistas obtienen el tiempo necesario para ampliar su obra. Hace tres meses fueron presentadas 50 propuestas en el ámbito fiscal, laboral, sindical y educativo para las enseñanzas artísticas o los derechos de autor. Los diferentes grupos políticos andan en medio de una búsqueda de consenso que no limite la expansión creativa y agudice ingenios. Hasta ahora, Hacienda se ha mostrado inflexible.

Antonio Moral se acaba de despedir de su cargo como director del Centro Nacional para la Difusión Musical (CNDM). Se trata de la iniciativa de ciclos más importante de España, con cerca de 300 conciertos en todo el país, Europa, América y Oriente Medio. Harto de un presupuesto que le imposibilitaba crecer, advirtió de que en el ámbito de la música y las artes escénicas Montoro mandaba más que el ministro del ramo.

Tenía razón. No solo él lo había sufrido. La tijera y la negativa de Hacienda a aumentar cupos de horas extras y fiscalizar obsesivamente el gasto, ha echado abajo giras de los ballets nacionales, de las compañías de teatro, de la Orquesta Nacional. Expresiones fundamentales de brillantez artística demandadas fuera y abortadas dentro. El fin de esa época permite respirar aire fresco. Ha sido nefasta. No por las iniciativas que buenamente se han podido sacar adelante desde el ministerio y la secretaría de Estado, sino por ese enemigo declarado que desde la lógica helada de las cifras y una manifiesta inquina al arte y la cultura ha asfixiado casi todo en clave de boicot permanente.