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De la cultura republicana a la tensión nacionalista

Valencia conmemora el encuentro que reunió a Machado, Neruda, Paz, Dos Passos, Hemingway y otro centenar de escritores en defensa de la II República

Desde la izquierda, Gloria Mañas, Carmen Alborch, Manuel Vicent y Rosa Regás, ayer, en Valencia.
Desde la izquierda, Gloria Mañas, Carmen Alborch, Manuel Vicent y Rosa Regás, ayer, en Valencia.

En 1937 España acogió el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, continuación del que se había celebrado dos años antes en París. Al encuentro asistió una lista extraordinaria de grandes intelectuales como Antonio Machado, Miguel Hernández, Rafael Alberti, María Zambrano, Pablo Neruda, Octavio Paz, César Vallejo, Alejo Carpentier, André Malraux, John Dos Passos y Ernest Hemingway unidos por su defensa de la causa republicana. La Guerra Civil Española había empezado un año antes y el Gobierno se había trasladado lejos del frente, a Valencia, una ciudad más resguardada que Madrid, aunque también era objetivo de los bombardeos alemanes e italianos. El 4 de julio, el presidente del Gobierno, Juan Negrín, inauguró el congreso, con más de un centenar de asistentes, en el Ayuntamiento de Valencia.

La Generalitat valenciana lleva meses conmemorando el aniversario de aquella formidable reunión, que también tuvo sesiones en Madrid y en Barcelona, con una serie de actividades que han culminado esta semana con otro encuentro en el que escritores, historiadores y periodistas han reflexionado sobre el pasado, con aquella cita como hito, y sobre el incierto futuro que dibuja el arranque de siglo. La escritora y exministra de Cultura Carmen Alborch ha destacado que las dos jornadas de debate y discusión en el antiguo monasterio del Carmen de Valencia, que han tenido por título Por la defensa de la cultura. Diálogos para el siglo XXI, han sido mucho más tranquilas que las que se celebraron en 1987 en la ciudad, cuando se cumplían 50 años del congreso.

Hace tres décadas, al cónclave de Valencia presidido por el poeta mexicano Octavio Paz y desarrollado bajo la larga sombra de la Guerra Fría, asistieron Mario Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante, Jorge Semprún, Manuel Vázquez Montalbán, Fernando Savater, Juan Goytisolo, Juan Cueto, Ricardo Muñoz Suay y otros, hasta sumar 200 intelectuales y artistas. Ya entonces, las tensas discusiones en torno al estalinismo quedaron eclipsadas por el debate de las lenguas minoritarias en España, según publicó este periódico. Una de las mesas redondas, moderada por el escritor Joan Fuster, tuvo que ser suspendida por una amenaza de bomba, que resultó falsa.

La cuestión nacional, con el desafío independentista en Cataluña como eje, ha protagonizado buena parte de la conversación que el periodista Juan Cruz, adjunto a la dirección de EL PAÍS, ha mantenido con los historiadores José Álvarez Junco, autor de Mater Dolorosa y Dioses útiles entre otras obras de referencia sobre la cuestión, e Isabel Burdiel, Premio Nacional de Historia en 2011 por su monumental biografía de Isabel II.

Junco ha ahondado en el hecho de que lo difícil, tras las revoluciones de finales del siglo XVIII, "no fue la autodeterminación, sino la determinación de las naciones". "¿Quiénes formaban el pueblo francés que iba a sustituir al poder de los reyes que procedía de Dios?". Al principio las mujeres fueron excluidas de esa determinación, ha señalado Junco para enlazarlo con un problema similar que detecta como debilidad del discurso del soberanismo: "¿Quién debe decidir el futuro de Cataluña? Los nacionalistas responden que los catalanes. Pero ¿y si los tarraconenses opinaran otra cosa? A eso los nacionalistas dicen que debe decidir Cataluña en su conjunto". ¿Quién traza entonces y sobre qué legitimidad la determinación de la nación?, se ha preguntado.

Isabel Burdiel, José Álvarez Junco y Juan Cruz en el monasterio del Carmen de Valencia.
Isabel Burdiel, José Álvarez Junco y Juan Cruz en el monasterio del Carmen de Valencia.

La figura del intelectual y su significado, dos preguntas que estuvieron presentes en los congresos de 1937 y 1987, han aterrizado de nuevo en las mesas redondas de esta semana. El papel de decirle a la gente qué debía hacer, ejercido en la Edad Media por los confesores, fue asumido plenamente a partir del siglo XIX por los intelectuales, desde la Institución Libre de Enseñanza a Jean Paul Sartre, ha afirmado Junco. "Algunos lamentan que ya no existe ese tipo de intelectuales, pero yo creo que el cambio ha sido para bien. Afortunadamente, los europeos nos hemos hecho mayores de edad y vivimos en una sociedad muy libre. Ejerzámosla". "Ya no hay una razón con mayúsculas, universal, hay muchas razones pequeñas que debemos consensuar, pactar", ha terciado Burdiel. La catedrática ha manifestado su preocupación por el hecho de que vuelva "a hablarse de democracia formal con desprecio, como un régimen blando, por carecer de un relato épico. Parece que llegar a acuerdos y darle la palabra al otro sea gris".

El escritor y periodista Manuel Vicent ha coincidido, en una conversación posterior con la periodista Rosa Solbes, en que el intelectual clásico ha desaparecido y su función la ocupan ahora la ciencia y la tecnología. "Ningún filósofo de hoy se puede comparar con un físico nuclear. Ningún teólogo puede competir con la mística de los satélites. La filosofía y la mística se hacen hoy en los laboratorios. Ya pensamos impulsados por las máquinas, el mayor libro de filosofía es el libro de instrucciones".

Alborch y la escritora Rosa Regás han reflexionado sobre el mucho camino recorrido por las mujeres en las últimas ocho décadas —cuando la segunda, de 84 años, entró en la universidad "se armó un escándalo como si hubiera salido desnuda a la calle a bailar"— y el largo trecho que les queda todavía para alcanzar la igualdad. "Hubo una presencia escasa de mujeres en el congreso de 1937, pero la hubo", ha reivindicado Alborch. "Estuvieron María Zambrano, Maruja Mallo y más, pero las hemos tenido que ir descubriendo. No podemos volver a caer en la invisibilidad".

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