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150 puntales de la arqueología

Una muestra reúne en Madrid una serie de piezas excepcionales de todas las épocas que celebran siglo y medio de descubrimientos en los yacimientos españoles

Estatua de Trajano (siglo II), hallada en Itálica, en las salas de la muestra 'El poder del pasado'. Ampliar foto
Estatua de Trajano (siglo II), hallada en Itálica, en las salas de la muestra 'El poder del pasado'.

“Una piedra, otra piedra, otra piedra, otra, otra, otra... ¡Ahí va, un muro!” Esta broma típica entre arqueólogos dice mucho de lo lento que puede ser el trabajo en una excavación y de que los descubrimientos espectaculares no son frecuentes, hay que tener en cuenta que pequeños restos pueden estar llenos de significado. Pero la exposición que se inaugura este martes en el Museo Arqueológico Nacional (Madrid), El poder del pasado, celebra, como dice su subtítulo, 150 años de arqueología en España y para ello ha reunido piezas excepcionales procedentes de unos setenta museos de todo el país.

Una muestra que se puede recorrer como una selección de 150 joyas o como un paseo por el desarrollo de la arqueología. Desde el solitario anticuario que iba con un equipo poco profesional y decía “picad aquí o picad allí”, a las sofisticadas tecnologías de prospección y de excavación actuales. La evolución del “mucho campo, poco estudio”, al “mucho estudio, poco campo”. Es decir, antes primaba la acumulación de objetos y actualmente el tiempo de trabajo en los yacimientos es muy inferior al que los profesionales pasan estudiando y documentando lo encontrado.

Esta doble lectura la ha tenido en cuenta Juan Pablo Rodríguez Frade, el arquitecto que ha diseñado la muestra y en manos de quien estuvo la renovación del museo para su reapertura en 2014, que ha querido dar entidad a las piezas en sí mismas, pero sin que eso las desconecte del discurso. Un hilo conductor que se ha dividido en tres momentos: los pioneros (desde mediados del siglo XIX a 1912, cuando surge la primera ley de excavaciones); la de consolidación (1912-1960, en estos años ya está consolidada esta materia tanto en museos como en universidades) y, por último, la configuración de la arqueología contemporánea.

El comisario, Gonzalo Ruiz Zapatero, tiene claro que la exposición está hecha desde un punto de vista sesgado, el suyo. Cualquier otro profesional hubiera elegido otra manera y otras piezas y aunque hubieran podido elegir el doble siempre faltarían. Carmen Marcos, subdirectora del museo, explicó que se quedaron con 150 por el simbolismo del número en este año en que se cumple siglo y medio desde que Isabel II firmara el real decreto de fundación del Arqueológico, el 20 de marzo de 1867, una ley que va más allá de esta institución, ya que fue el germen de la creación de la red de museos públicos y de la formación del cuerpo de museos que los “atienden”.

Ruiz Zapatero quiere que el visitante tenga una experiencia del pasado. En el catálogo escribe que lo pretérito “refleja el presente” y eso tan manido, pero cierto, de que para construir el futuro hay que conocer lo que ha ocurrido en épocas anteriores. Ayer sostuvo que las piezas son conectores de experiencias, a través de ellas —ya sean fósiles, obras de arte, leyes, objetos de la vida cotidiana o tesoros de personajes importantes— se entiende la historia, las civilizaciones construidas gracias a la diversidad y la mezcla de factores.

Qué mejor vivencia de la Hispania romana que encontrarse al entrar en la exposición con una imponente y colosal estatua de Trajano en actitud heroica. Esta pieza fue descubierta en 1788 en Itálica, lugar natal del emperador, y es el hallazgo más antiguo de los que se exponen. Evidentemente, no es la pieza más antigua, esa puede ser el pie Prometeo, encontrado en Atapuerca y que data de 500.000 años antes de Cristo, unos restos insólitos ya que reconstruyen casi al completo el pie de un homo heidelbergensis y ofrece datos sobre la anatomía y la forma de caminar de esta especie.

Ídolo de Tara, pieza emblemática del arte aborigen canario. ampliar foto
Ídolo de Tara, pieza emblemática del arte aborigen canario.

De este calibre son las piezas que se pueden ver en El poder del pasado. “Trozos de historia que nos pertenecen a todos”, dice de manera coloquial el comisario. Una oportunidad única por la calidad de las obras y porque difícilmente se podrá volver a juntar ese conjunto. Excepcional es que se vean dos piezas de oro del tesoro del Carambolo, un collar y un pectoral tartésicos del Museo Arqueológico de Sevilla, donde no se expone por motivos de seguridad. Tales son los rigurosísimos requerimientos que se han solicitado para estas piezas que se ha firmado un contrato de préstamo diferente del resto de las obras, debido a la cantidad de especificaciones.

Significativa es la escultura que cierra el recorrido: una figura mutilada del siglo XII, hallada el pasado año en la torre Sur de la fachada del Obradoiro de la catedral de Santiago de Compostela, usada hasta su descubrimiento como material de relleno de la edificación. Es la primera vez que se expone y es un elemento clave que muestra que la arqueología no es un asunto del pasado, si no que tiene futuro y que aún hay muchos hallazgos que esperan ver la luz.

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