Los músicos españoles se rebelan y piden otra SGAE

Kiko Veneno, Leiva, Fito, Quique González, Vetusta Morla, Iván Ferreiro, Coque Malla, Izal, Tote King, Vega… Decenas de artistas denuncian en EL PAÍS la corrupción de ‘la rueda’ que dinamita el sector

De izquierda a derecha: Fernando Pardo (de Sex Museum y Corizonas), Zahara, Leiva, Carlangas (de Novedades Carminha) y Adrián Costa, en la Plaza del Dos de Mayo, en Madrid. EL PAÍS

Los músicos españoles gritan basta a los actuales gestores de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). La gota que ha colmado el vaso ha sido la operación policial contra el presunto fraude de la rueda, una trama por la que varios miembros de la sociedad -algunos de ellos pertenecientes a la junta directiva- aliados con las cadenas de televisión ingresan millones de euros por los derechos de autor de canciones con falsos arreglos emitidos en programas nocturnos. Decenas de artistas consultados por este periódico rompen su silencio y piden una refundación de la SGAE, con la intervención, si fuera necesaria, del Ministerio de Cultura, que tutela la sociedad. De lo contrario, se plantean crear otra entidad que les ampare.

Es todo un desafío de los músicos, que constituyen el 82,3% de los 120.842 socios de la SGAE y generan al menos un 70% de sus ingresos. “Está totalmente corrompida por la rueda. Hay problemas muy grandes de legitimidad, representación y credibilidad. O la SGAE se refunda, o habrá que crear una nueva”, señala Kiko Veneno. “Somos marcianos para ellos. No pintamos nada allí”, añade Fito Cabrales, de Fito & Los Fitipaldis.

La rueda ha incendiado la música española. La palabra que más repiten todos para referirse a la junta directiva, presidida por José Miguel Fernández Sastrón, es la de “mafia”. Pero hay más calificaciones en el intenso fuego de rabia de los compositores, que han sido apartados de las parrillas televisivas al no participar en el método de la trama: ceder los derechos de canciones nunca antes editadas o tocar otras de dominio público alteradas irregularmente con el único fin de recaudar cifras millonarias para los cabecillas. De hecho, esta música, que no tiene público real ni forma parte de la banda sonora social, genera mucho más dinero que la de los autores que llenan salas de conciertos y festivales y cuyas recaudaciones han descendido “una barbaridad”, según Iván Ferreiro. “Hay que dejar muy claro a la sociedad que las primeras víctimas somos nosotros. Esta corrupción nos perjudica directamente”, dice Carlos Tarque de M-Clan.

Según el auto del juez Ismael Moreno, la trama generó un fraude de más de 100 millones de euros entre 2006 y 2011. Esto en un contexto en el que los ingresos de la sociedad no han parado de bajar desde 2012, situando la recaudación en 239 millones en 2016. La situación afecta aún más a los autores de la clase media y baja del negocio, que pelean cada mes por vivir de sus canciones. “Es indignante este mamoneo”, afirma el rapero Tote King. “Es terrible”, indica Coque Malla. “Es un corralito. La SGAE ha perdido su espíritu”, sostiene Mikel Izal. “Nuestra situación es denigrante”, arguye Jairo Zavala, conocido como Depedro.

Con canciones inaudibles en residuales programas de tarot emitidos de madrugada o la existencia de autores irreales entre familiares y testaferros, la perversión del sistema es total. Como señala Leiva, no es una cuestión simplemente económica, es un “daño moral”. “Es una trampa muy fea que falta al respeto a la canción, que es algo sagrado. Es cutre. Un tipo, que no se dedica a la música, registrando miles de temas en un año y recaudando más que Mick Jagger. Es asqueroso”, comenta. Quique González recuerda que esto no pasa en ningún otro país: “Los guiris deben alucinar. Canciones basura para los minutos de la basura haciendo millonarios. Me dan ganas de vomitar”. Para Lichis, al que le ofrecieron entrar en la rueda y se negó, es “música de desecho”. En palabras de Alberto Jiménez de Miss Caffeina: “No hacen canciones. Hacen tomates, pero tomates que no existen ni están en el imaginario de la gente”. “Este entramado aniquila la cultura”, afirma Zahara. Un veterano como El Drogas, fundador de Barricada, dice que “está muy quemado”. “Me siento muy culpable de haber animado a los grupos que empezaban a participar en la SGAE”, añade.

Es una indignación sin apenas precedentes. Habría que remontarse a 1977 cuando sucedió otra rueda, la de los tupamaros, en la que músicos militares alteraban las hojas de declaración de los repertorios que tocaban orquestas de baile y verbena registrando canciones que no existían en ningún lado, tal y como recuerda Johnny Cifuentes, líder de Burning, socio de la entidad desde principios de los setenta: “Estoy muy cabreado. Volvemos a tener la misma cara de gilipollas con los mafiosos”. La rueda de los tupamaros llevó ese año a la destitución de la sección musical de la SGAE, la convocatoria urgente de elecciones y la aprobación de nuevos estatutos. Ahora los músicos españoles han decidido salir de su letargo –muchos comentaban con impotencia esta trama en privado- y mostrar públicamente su rechazo frontal al Gobierno de la entidad. De los más de 25 artistas consultados por este diario, todos señalan con el dedo a los actuales gestores.

Iván Ferreiro. EL PAÍS

Los músicos siempre han sido un gremio muy desorganizado y entonan el mea culpa, pero ahora están decididos a cambiar el escenario. Sin embargo, saben que tienen casi imposible cualquier maniobra por culpa del voto ponderado, que permite que cuanto más dinero recaude un autor, más votos acumula. “Una cosa totalmente absurda que fomenta el entramado”, dice Abraham Boba de León Benavente. Los socios músicos implicados en la rueda condicionan las decisiones y los gobiernos de la entidad gracias a sus recaudaciones millonarias y su tráfico de influencias. En palabras del rapero Rayden, están “desprotegidos”. Vega hace una comparación: “La SGAE es como un banco que ha defraudado a sus clientes pero con el agravante que son sus compañeros”. “Con el voto ponderado, la cúpula está blindada y hace a su antojo”, explica Nacho Vegas, que pide “una reforma integral o una nueva sociedad”. “La SGAE debería romperse y hacerse de nuevo”, señala Guille Galván de Vetusta Morla. Su compañero Juanma Latorre añade: “Si la SGAE no tiene capacidad de sacar a los autores de la rueda ni capacidad de regeneración interna, habrá que atacarla desde fuera”. Muchos apuntan al Ministerio de Cultura como órgano de socorro, tal y como también señala Fernando Pardo, de Corizonas y Sex Museum, socio en la entidad desde los ochenta: “El Ministerio de Cultura debería intervenir absolutamente. No se puede permitir más esta corrupción”. Algo que también apoya Sabino Méndez, autor y exportavoz de la Junta de la SGAE entre 2011 y 2012. “Probablemente, un arbitraje externo acompañado de las medidas correspondientes de reglamentación legislativa pudiera ser la solución, pero se necesita voluntad política”.

Tradicionalmente las disputas de poder en la SGAE son como un capítulo de Juego de Tronos, pero bajo el desesperante mantra burocrático de la institución. Ya en 2013 Antón Reixa fue cesado como presidente al intentar hacer frente a la rueda. Fuentes internas de la sociedad afirman que actualmente una batalla campal se libra en el interior del Palacio de Longoria, sede principal de la SGAE, con los cabecillas de esta trama pensando en deshacerse del presidente Sastrón, auspiciado por ellos y al que ahora ya no ven como un aliado. Pero nadie en la Junta ni el Consejo de Dirección esperaba el levantamiento del mayor de los ejércitos: los músicos, cuyo Colegio, el de Pequeño Derecho, es el que más peso tiene en la sociedad con 16 representantes frente a los seis del Gran Derecho (los dramaturgos), los nueve de Audiovisual y los ocho de los Editores Musicales.

Kiko Veneno. EL PAÍS

“Nos tenemos que unir. Creo que un sindicato que incluya a músicos y autores, y por qué no, a técnicos y todo tipo de trabajadores del espectáculo musical, sería muy necesario”, sostiene Veneno. En la misma línea opina Carlangas de Novedades Carminha: “Me gustaría poder elegir. Solo hay una opción y está dirigida por golfos que nos dan migas. Sería muy sano contar con otra entidad”. Como explica Adrián Costa de The Criers y Los Reyes del K.O. tras vivir en Estados Unidos y Alemania: “En el resto de países hay más de una sociedad de gestión y están reguladas por el mercado que somos los músicos. Si pasase un escándalo así, se irían a la competencia”. Si los músicos se fueran en masa de la SGAE, sería virtualmente el final de la sociedad. “A diferencia de ellos, nosotros no tenemos nada que esconder”, apunta Ferreiro. “Si nada se puede hacer, habrá que poner un pepino dentro, y tras reventarla, empezar de cero”, concluye El Drogas.

La rebelión de los músicos no ha hecho más que comenzar.

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