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Montpellier abre un festival de danza lleno de preguntas y aciertos

El homenaje a Hans van Manen resultó una noche de ballets imprescindibles del repertorio del siglo XX

Una escena del ballet 'Frank Bridge Variations', del HET National Ballet de Holanda, en el festival de Montpellier.
Una escena del ballet 'Frank Bridge Variations', del HET National Ballet de Holanda, en el festival de Montpellier.

La 37ª edición del festival internacional de danza de Montpellier fue abierta anoche, entre otras creaciones importantes de Angelin Preljocaj, por los españoles Antonio Canales y Rafael Campallo en el Teatro de l’Agora, ese extraordinario foro creado dentro de la bautizada y muy eficiente Ciudad Internacional de la Danza, un sueño hecho realidad por el tesón de su director artístico, Jean-Paul Montanari, con la complicidad de un gestor visionario: Georges Frêche. No existe nada parecido en todo el sur de Europa en cuanto a instalaciones y proyección internacional en los terrenos experimentales de la danza, ya sea dentro del canon contemporáneo o la más rompedora y performativa. Canales y Campallo presentan durante tres días Historias flamencas de Sevilla.

El festival se desarrolla con esa voluntad prismática e incluyente que ha sido una de las características del trabajo de Montanari. El Ballet de la Ópera de Lyon mostró también en el Ágora un fascinante trabajo del israelí asentado en Francia Emanuel Gat (1969), un hombre que descubrió tarde la danza, a los 23 años, pero que enseguida despuntó por su arrojo y creatividad (su primer solo fue sobre Bach en 1994). Polémico, a veces deja la escena devastada, inconforme siempre, atrevido con las formas, rupturista que no ha cesado de buscar, esta vez la pieza Ten Works se debe a iniciativa del director artístico del ballet lionés, el griego Yorgos Loukos, que dio carta blanca al israelí para idear una velada a noche completa. Así se reunió a 10 bailarines de Lyon con 10 artistas colaboradores habituales de Gat. El resultado es fascinante y rítmico, lleno de humor, ironía y detalles sutiles de esa poesía tan especial y a veces áspera que lo caracteriza. Son diez coreografías entre solos, dúos y grupos que interrelacionan zonas llenas de sugerencia y libertad expositiva, sorteando la convención de las técnicas, desde el baile en zapatillas de punta hasta la teatralidad muy distanciada; en la plantilla de la Ópera de Lyon destaca el español Raúl Serrano Núñez.

Como broche de altura en la Ópera Berlioz (una de esas escasas muestras de que se puede hacer un magnífico teatro de nueva planta para el arte del teatro lírico y el ballet con excelente acústica y mejor disposición técnica) el HET National Ballet de Holanda presentó un programa monográfico y de homenaje a Hans van Manen (Amstelveen, 1934), sin dudas el coreógrafo vivo y en activo más importante del orbe, con una obra monumental, sólida y todavía hoy influyente en los terrenos del ballet contemporáneo global.

Las piezas Adagio Hammerklavier (1973, Beethoven), Two Gold Variations (1999, Jacob ter Veldhuis), Sarcasmen (1981, Prokofiev) y Frank Bridge Variations (2005, Britten) fueron los capítulos de una velada llena de rigor y buena danza. La plantilla del HET es una delicia de coordinación, ejecutoria esmerada, respeto por los estilos y un elegante sentido del virtuosismo contenido, nunca con exageraciones circenses, sino muy al contrario, cediendo a los mayores y más elevados intereses de la danza como un arte mayor. Las coreografías de Van Manen exigen de este punto de vista y el resultado fue un concierto de gran ballet moderno. En la plantilla, dos españoles que muy gallardamente se han imbricado en esa mecánica: Laura Rosillo y Daniel Montero Real. No puede dejar de mencionarse a tres primeros solistas de mucho empaque y presencia: de un lado Igone de Jongh, por derecho propio estrella de la compañía; ella estuvo acompañada en Sarcasmen por Marijn Rademaker, buen partenaire y poseedor de un histrión muy característico.

El brasileño Daniel Camargo (Soracaba, 1991) brilla como la nueva estrella masculina del conjunto, es elegante a la vez que decidido sobre el escenario, posee un físico de proporción augusta y lo modela con encanto sobre el escenario. Hans van Manen recibió esa misma noche en el sobrio claustro de la Ciudad de la Danza la orden de caballero de las Artes y las Letras de Francia. En la flamante sala Bagouet se sucedieron algunos espectáculos de cámara llenos de interés de energía creativa, como Flood, de Daniel Linehan, una exploración alrededor de la animalística y las onomatopeyas, contando con la interpretación, entre otros, del catalán Víctor Pérez Armeno y el sueco Erik Eriksson, los más entregados a la idea y al gesto.

Las actuaciones del festival de Montpellier terminan hoy, día 7, con la última función de la israelí Sharon Eyal (Jerusalén, 1971) y el artista multimedia Gai Behar con la obra Love Chapter 2, y la reconstrucción de Bascule (2005), obra coreográfica de David Wampach (Alès, 1975).