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Jirones de la memoria

Nepomuceno traza 19 relatos que beben del vendaval militarista de los 70 en Latinoamérica, vivido o escuchado

Empleados de la Moneda abandonan el palacio presidencial tras el golpe militar de Augusto Pinochet en 1973. Ampliar foto
Empleados de la Moneda abandonan el palacio presidencial tras el golpe militar de Augusto Pinochet en 1973. AP

Los setenta del siglo pasado fueron una década ominosa en América Latina. Un vendaval militarista arrasó las democracias y endureció si cabe las dictaduras heredadas. Eric Nepomuceno era por aquel entonces un periodista brasileño que de Centroamérica al Cono Sur transitó por senderos de extrema violencia donde a menudo ni siquiera la vida era un derecho humano. De esa materia están hechos bastantes de los relatos que el autor ha agrupado bajo el título Bangladesh, tal vez.

Jirones de la memoria

Sostiene Nepomuceno, seguramente con razón, que todo cuanto escribe nace en su memoria, que tal vez los hechos que relata no sean del todo ciertos pero que en ningún caso son falsos. Uno puede identificar desde la distancia ese río Mapocho que arrastra cadáveres y somieres por medio de la ciudad tras una noche de tiros en los tejados, con Pinochet ya instalado en La Moneda; o esa patrulla de soldados que después de arrastrarse noche y día en el barro, siempre bajo la lluvia, descarga su furia contra una india a la que violan en tropel, de pura rabia por una guerra cuya razón ignoran y en la que no está claro quiénes son de los suyos; o la ejecución de tres rebeldes que nunca dicen nada, “pobres y callados”, que llevan a tres niños a los que se mata también de un tiro en la nuca para no dejar testigos.

Ciudades sitiadas en cuyas esquinas se dispara sin saber a ciencia cierta contra quién, sabedores de que llevan malas cartas para ganar, pero decididos a no ser derrotados. “Tendrán que destruirnos uno por uno, porque nosotros no perdemos. Casi doblegados, pero todavía somos muchos los que estamos vivos, y eso basta”. El tiempo les robará la esperanza. Uno a uno van cayendo los puntos de apoyo que tenían y llega un día en el que hay que rescatar el antiguo nombre y el peinado de toda la vida y quitarse las gafas de camuflaje y dormir, al fin, sin la pistola en la mesilla de noche. Con la alegría sencilla de seguir vivo.

La muerte prefiere la noche, porque cuenta con el favor del estado de sitio, que convierte en sospechoso a todo aquel que deambula después de la caída del sol, y los milicos matan con mayor impunidad si cabe, o con menos testigos. Los disparos cruzan las azoteas y a veces la habitación de hotel sirve de refugio para seguir los tiroteos desde la ventana, asistir como espectador a una guerra en la que uno está en el bando de los perdedores.

En medio de este paisaje de guerras auténticas aunque a menudo no declaradas se cuelan en la memoria del autor historias a veces surrealistas, tal vez apadrinadas por Rulfo, como esa peregrinación a Jerusalén, un año de camino a pie sin salir del salón de la casa, que culmina con la ruptura definitiva de los dos amigos peregrinos porque uno de ellos decidió quedarse en la ciudad santa. Es siempre la memoria, vivida o escuchada, la que acarrea los materiales sobre los que Nepomuceno recrea estos 19 relatos descarnados, a menudo también tiernos, que comparten el aroma común de un tiempo ya lejano, que no por dramático deja de ser añorado. Hay amores que asoman en la distancia, en medio de sucesos violentos, siempre con mujeres delgadas y de pechos breves, que el autor intenta atraer a un presente imposible y que le lleva a preguntarse cuándo se hizo pedazos todo aquello.

Han pasado cuarenta años desde aquella década ominosa. Un espejo oxidado guarda memoria de las gentes que vio pasar y vivir y morir. No hay épica, ni discursos morales, solo la constatación de una enorme fatiga tras los innumerables fracasos cosehados. El libro toma su título de las playas de Bangladesh, en el delta del Ganges y el Brahmaputra, convertidas en el cementerio de barcos más grande del mundo, que Sebastiao Salgado retrató en un reportaje memorable. Viejos navíos cansados de recorrer mundos buscan este litoral para suicidarse. Enfilan la proa hacia tierra, hacen sonar su sirena y se lanzan a toda máquina hasta encallar definitivamente tierra adentro.

Bangladesh, tal vez. Eric Nepomuceno. Ambulantes, 2017 257 páginas. 14 euros