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De ídolo juvenil en One Direction a artista adulto sofisticado

Harry Styles, que dejó de ser un 'boy band', se ha sacado de la manga un álbum en solitario de sensibilidad refinada

Harry Styles
Harry Styles actúa en mayo en el programa de televisión 'The Late Late Show with James Corden'. Getty Images

El día después de la separación, temporal o definitiva, de una boy band es uno de los capítulos más fascinantes del pop contemporáneo. Con cada desbandada se abre un nuevo abanico de posibilidades artísticas, y desde fuera tratamos de seguirlo de cerca para confirmar o rebatir nuestras teorías sobre la valía, el talento y los méritos del grupo. Y seguramente lo mejor de todo esto es cuando alguien nos desmiente con argumentos de peso: el más reciente, que arrancó con el anuncio del parón de One Direction, tiene como protagonista a uno de sus miembros más carismáticos e idolatrados por sus fans, el vocalista Harry Styles.

Styles acaba de publicar su debut en solitario, de título homónimo. Es un disco más que correcto, en algunas fases incluso atractivo y llamativo, que tiene como gran objetivo presentar al cantante como un autor con todas las de la ley. Como un artista, y no como el muñeco al servicio de una gran corporación. El álbum se posiciona con claridad en una línea de evolución y crecimiento en relación a su etapa en One Direction, con una mirada más adulta y personal, pero quizás lo más interesante de este movimiento de desmarque no esté localizado en el sonido y las composiciones, sino en la poderosa declaración de intenciones del protagonista: Styles no está obsesionado con borrar su pasado, de hecho habla de él con orgullo y satisfacción, sino en reivindicarse como una voz con entidad, intención y mundo propio. Como si One Direction nunca hubiera sido un accidente, sino una manera de preparar, anticipar y posicionar su irrupción.

Aunque One Direction nunca ha sido una boy band especialmente prefabricada y sujeta al contexto en lo que a criterio musical se refiere, lo cierto es que Harry Styles suena algo más retro y atemporal si lo equiparamos a los discos del grupo. Bajo la influencia de los cantautores de los 70, del rock ligero de los 80 y del pop sofisticado, el cantante se ha sacado de la manga un álbum apañado, de estética y sensibilidad refinadas, pero absolutamente fuera de órbita. Suena como una versión actualizada de Elton John, Queen y Harry Nilsson, todo mezclado y sazonado con algunos detalles más actuales, desde resonancias britpop hasta pinceladas de R&B pop. Y la jugada, pese a la falta de algún hit redondo y la presencia de algunas letras algo ingenuas, no le sale del todo mal: como ya sucediera con Justin Timberlake tras la ruptura de NSYNC, por citar un ejemplo reciente, Harry Styles consigue atraer para su causa tanto a fans de One Direction como a público ajeno a la carrera del grupo con argumentos más que interesantes.

A la espera que este debut se convierta en la primera piedra de una trayectoria importante y sorprendente -tiempo habrá-, Harry Styles ya ha conseguido lo más difícil: ejercer su derecho a la reinvención con una nota más que aceptable.